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Keeper Of The Seven Keys Part I

Keeper Of The Seven Keys Part I

Keeper Of The Seven Keys Part I

Martes 28 Junio, 2011
1987. Noise

Volviendo la mirada 15 años atrás en el tiempo, recuerdo que Helloween se había dado a conocer en nuestro país con el “Walls of Jericho”, un album que incluso tocaron en forma íntegra en el espacio “Música a otro Nivel” en la radio Tiempo.

Sin duda, el impacto de “Walls” fue grande y todos los que estábamos en el metal en esa época, tuvimos la oportunidad de descubrir una banda nueva de Alemania, desde donde antes sólo conocíamos a Scorpions y Accept (y a unos primigenios Kreator, Sodom y Destruction).

Quizás debido a su estilo acelerado y speed, Helloween fue etiquetado lisa y llanamente como Thrash Metal, ya que la denominación “Power Metal” o “Melodic Power Metal” ni siquiera se acuñaba todavía. 
En esos tiempos pretéritos, las noticias escaseaban, no existía la internet, ni siquiera revistas especializadas en nuestro país, sólo los fanzines con calidad de fotocopia, por lo tanto, era muy difícil saber los movimientos de las bandas. Por lo general uno se encontraba con las novedades cuando iba a “LA” disquería de metal que había en Santiago (“Rockshop”) y descubría con excitación que había llegado el nuevo album de alguna banda. Por ello, muchos se sorprendieron al ver que en el “Keeper 1” debutaba un nuevo cantante: Michael Kiske. Si bien es cierto Kai Hansen no cantaba mal y poseía una voz alta y aguda, era un “guitarrista que cantaba”, por lo que la incorporación de Kiske se constituyó en un real aporte y en un acierto destacado. Su voz pletórica, su amplio registro, su caudal generoso, de inmediato hicieron que Kiske se ganara el cariño y respeto de todos los fans, no sólo de Helloween, sino del metal. Claro, no todos los días aparecía un cantante que se pudiera parar de igual a igual al lado de un Dickinson por ejemplo. Además no cantaba con ese extraño acento alemán que por esos días tenían Klaus Meine de Scorpions y Udo Dirksneider de Accept.

El ritmo marcial de la intro “Initiation”, fluídamente daba paso a la potencia acelerada de “I´m Alive” un tema de esos para cantar con el puño apretado y desatar el headbanging. Sin duda, un clásico instantáneo que deslumbraba además, por sus punteos de guitarras “gemelas” de exquisita técnica de la dupla Michael Weikath/Kai Hansen, siempre apoyado por el bajo poderoso y rimbombante de Markus Grosskopf y la batería inagotable y llena de talento de Ingo Schwichtenberg, un batero pletórico, que lamentablemente hace unos años, sumido en una profunda depresión, acabó trágicamente con su vida suicidándose.

La cosa no podía continuar de mejor forma que con la maravillosa “A Little Time” un tema de autoría de Kiske, donde el novato cantante demostraba todo su talento como compositor.

Ya con la llegada de “Twilight of the God” de ritmos cambiantes y con la voz subiendo y bajando, quedaba claro con sólo escuchar 3 temas, que Helloween había logrado superar el listón que había quedado con “Walls” y era una banda mejor en todos los sentidos. Sin duda en esto tuvo mucho que ver la incorporación de Kiske, que le dio una nueva dimensión al sonido del grupo con su extraordinaria voz; pero Weikath y Hansen mejoraron como compositores (como lo demuestran la riqueza de los arreglos de la poderosa balada “A Tale That Wasn´t Right” por ejemplo), y toda la banda mejoró como ejecutantes, como queda de manifiesto en el himno “Future World”, quizás un tema más accesible, más “radial” pero impecablemente matizado y arreglado con sutilizas técnicas como la utilización de un Emulator.

Si a esta altura el album ya podía vaticinarse como un clásico seguro dentro de la discografía del grupo, aún faltaba esa obra magnánima de 13 minutos de duración que lleva por título “Halloween”, un temazo por donde se le mire, con una base demoledora, la voz de Kiske a tope de facultades y unas guitarras avasallantes que te dejan sin aire de sólo imaginar como simples mortales podían germinar con febril brillantez solos tan técnicos pero llenos de feeling a la vez. Sin duda, la guinda de la torta y que dejaba en evidencia además la prolija y cuidada producción de Tommy Newton y Tommy Hansen tras las perillas, dos desconocidos, que unos años más tarde se convertirían en verdaderos “gurús” del estilo y muchas bandas pasarían bajo su tutela buscando ese “sonido” a lo Helloween. ¿Qué más se puede decir de album impecable, que rezuma potencia y calidad en todos sus surcos demostrándonos a una banda que se acercaba paulatinamente al peak de su capacidad y de su talento?

Tal vez la única crítica negativa que se podría hacer a este album que con justicia se ganó un sitial de honor entre los discos clásicos del metal, sea su corta duración: sólo 37 minutos de música.

Y no hay que olvidar que todos sabíamos que venía un “Keeper” Parte 2, pero muy pocos, a la luz de los impecables pergaminos expuestos en esta primera parte, confiaban en que la banda sería capaz de superar el nivel de esta placa. Pero los milagros ocurren y fue ahí cuando por primera vez escuché la frase “ a veces, segundas partes son incluso mejores”.

Pero eso, ya es otra historia.

Cristián Pavez

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