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Possession

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Viernes 13 Abril, 2012

2012. Relapse

 

Promocionados por su sello como el lado más sucio y estridente de la NWOBHM y alabados por insignes de la escena como Dennis Dread o el mismísimo Fenriz, Christian Mistress se emparenta tanto con el Heavy Metal prístino que ejercen Ghost, In Solitude o White Wizzard como también con los matices doomeros y psicodélicos de Blood Ceremony, Cauchemar o Jex Thoth (las 3 con Frontwoman) e incluso con la veta más rockera y Low-Fi de Bible of the Devil, Zuul o Witchcraft. Sin embargo, la oferta sonora de los de Olympia no califica con exactitud en ninguna de estas 3 vertientes, situación que los convierte en un conjunto sumamente atractivo y desafiante, a pesar de su lustro de historia y un único (y breve) L.P. anterior (“Agony & Opium”, 2010).

 

‘Over & Over’ es el track responsable de iniciar la posesión y -en poco más de 2 minutos y medio- la banda se pasea por todos los elementos que poblarán densamente todo el resto del trabajo: actitud, garra, gancho y una vocalista que desde la primera nota demuestra desplante, personalidad y una voz lo suficientemente única para entender que sin ella los Mistress no serían lo mismo. ‘Pentagram and Crucifix’ es un medio tiempo algo más titubeante que la obertura, pero que exhibe un mayor oscuridad y misterio, lo que contrasta con la vibra rockera del inicio de ‘Conviction’, composición que nos quita el aliento con su fuerza, arrojo y desparpajo, transformándose en una certera inyección de Heavy Metal primigenio.

 

‘The Way Beyond’ tiene una introducción muy inquietante a cargo de guitarras acústicas, las que incluso se dan el lujo de guiñar al rock sureño para luego dar paso a una descarga eléctrica que recuerda a Motörhead y continua con un mid tempo de temple rockero, con cierta vibra Thin Lizzy. Destacadas también son las tonalidades más bajas que ensaya Christine, configurando así una canción con un trabajo enorme en cuanto a composición e interpretación al estar llena de breaks, leads, puentes y atmosfera. Simplemente increíble.

 

Si llaman tu atención las marcadas diferencias de ‘Possession’ (el tema) con los cortes que habías escuchado hasta este punto es justamente porque esta gema corresponde a un cover de los Heavy-Doom suecos Faith, versión exquisita y que conserva prácticamente inalterable el aura hipnótica y “Sabathera” de la versión original, pero que encuentra un plus en la voz de Davis, inquietante y deliciosa casi al punto del hechizo, trazando de esta manera la ruta definitiva al placer musical más absoluto y que continua con ‘Black to Gold’, visita a los “Maidens” más tempraneros y que cuenta con una fuerza y un gancho inverosímil, comandado por la voz ronca y raspada de la cantante y coronado con el doble ataque de guitarras, especialmente el desatado en la sección de leads.

 

Baja las revoluciones ‘There Is Nowhere’, la que parte con una batería que pareciera querer imitar los latidos de un corazón expectante y que al final se acopla con un arpegio nuevamente en plan Maiden, pero -esta vez- deudor de cortes como ‘Remember Tomorrow’. La labor pareada en las 6 cuerdas vuelve a recordar a Lizzy, pero con la diferencia de que los riffs que van envolviendo la sección final son inobjetablemente más marcados y pesados, en definitiva, 100% metaleros.

 

‘Haunted, Hunted’ es algo mas groovie que las otras piezas y probablemente fue construida para que se luzca casi sin contrapeso la voz aguerrida, seria, pero cálida de Chrisitine, la que te hipnotiza eterna e irremediablemente.

 

A pesar de esas notas acústicas iniciales casi “Zeppelianas”, la última pista (‘All Abandon’) es bastante directa, metalizada y salvaje, contando además con un efecto fade out de inteligencia abyecta, porque te deja con esa abrumadora sensación de que acaba un sueño del que no quisieras despertar.

 

Con su voluntad de rehearsal y vocación de garage, “Agony & Opium” fue un debut genial y certero, pero mucho más lineal que este “Possession”, que cuenta con mejor producción, más complejidad y mayor profundidad en el encuentro y uso de los recursos artísticos, aunque siempre conservando esa identidad orgánica que es el núcleo de los capitalinos. De hecho, los de Washington recurren a Tim Green como productor (conocido por su trabajo en Melvins) justamente porque registra todo en cintas análogas.

 

Por otra parte, llama la atención que una agrupación tan novel y en cuya música aparecen tantas influencias y referencias de múltiples estilos (en efecto, a los citados Zeppelin, Maiden, Sabbath y Motörhead se pueden agregar perfectamente Saxon, Scorpions, Priest, Purple, Blue Oyster Cult o Uriah Heep), sea capaz de dar con un producto de tan elevado nivel y factura. Es cierto, acá no hay absolutamente nada inédito o inaudito, pero la propuesta suena fresca a rabiar, distanciándose hábil y lucidamente del plagio o el tributo.

 

Otro aspecto deslumbrante, por cierto, es la performance de Christine Davis. Declarada fanática del Punk (especialmente de los crust italianos Contropotere) y seguidora atenta de Diamanda Galas, la norteamericana tiene una voz tan peculiar que dar cuenta de referencias que permitan dimensionar su timbre aparece como una tarea titánica. A las obvias e ineludibles pistas que podrían aportar Janis Joplin o Jinx Dawson se podrían sumar Jutta Weinhold de Zed Yago o Leather Leone de Chastain, pero estas dos son más poderosas, épicas y virtuosas que la Davis. También podrían aparecer Doro Pesch o la histórica Grace Slick (Jefferson Airplane), pero a la larga se esfuman como parámetros. Al final, quizás lo más cercano a un parangón sea la ternura y seducción de Mariska Veres (Shocking Blue) y la potencia y actitud de Kate De Lombaert (de los belgas Acid, una agrupación a la que posiblemente Christian Mistress le deba mucho), aun cuando esta cita solo alcance para dar algunas luces de la majestuosa e inigualable garganta de la estadounidense.

 

En resumen, un álbum ecléctico y melómano, pero a la vez urgente e inspirado que se ubica enfáticamente como uno de los destacados de este primer trimestre y, por qué no, de todo el 2012.

 

Mauricio Salazar Rodríguez

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