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Las bondades de los metaleros

Las bondades de los metaleros

Fanáticos bajo la lupa de investigadores, académicos y estadísticos
Sábado 15 Agosto, 2015
Las bondades de los metaleros

Llegan satisfechos a la adultez

Víctimas de una campaña del terror, los fanáticos del heavy metal en los ochenta sufrieron la demonización en carne propia. No solo sus ídolos eran vistos con malos ojos por la prensa generalista, sino que ellos también eran asociados a la delincuencia y el malvivir. Ataques sin asidero, constata "Three Decades Later: The Life Experiences and Mid-Life Functioning of 1980s Heavy Metal Groupies, Musicians, and Fans", un estudio hecho por psicólogos de la universidad estatal de Humboldt, California.

Cerca de 400 adultos fueron consultados. Entre ellos, 154 metaleros, que resultaron ser los que menos remordimiento sentían sobre las experiencias de su juventud y los que mejor se adaptaban a la sociedad una vez llegada la adultez. Los realizadores del experimento advierten que la sensación de pertenencia y el apoyo social, imprescindible para todo adolescente, que les brindó formar parte de la comunidad metalera, permitió que sortearan dificultades propias del crecimiento y facilitó su transición hacia la madurez.

Están abiertos a nuevas experiencias

Investigadores de la universidad Heriot-Watt de Edimburgo, Escocia, concluyeron que el perfil psicológico de los oyentes de heavy metal y música clásica era muy similar. Según un estudio que analizó a 36 mil personas de 60 países, ambos bandos poseen una disposición parecida a disfrutar expresiones artísticas menos convencionales, dada su tendencia a ser individuos creativos e introvertidos que buscan lo único.

Los asiduos a cada género pertenecerían, explican los académicos, al grupo de gente que está cómoda consigo misma y disfruta el tiempo que pasa en soledad, y a la vez permanece abierta a nuevas experiencias. Es decir, los siempre discriminados metaleros están más cerca que nadie de los ampliamente aceptados amantes de Bach o Beethoven. No debería ser tan sorprendente que se parezcan: cualquier metalero que se precie conoce de sobra la estrecha relación existente entre sus preferencias y la  música clásica.

Tienen más inteligencia emocional

La teoría de que la música extrema causa rabia está errada, dice un estudio de la Universidad de Queensland en Brisbane, Australia. Sería lo contrario: la música extrema ayuda a procesar la rabia. Es decir, los oyentes de heavy metal (y de géneros como punk rock, hardcore o screamo) encuentran en su música favorita una forma de canalizar la negatividad que sienten, experimentarla por completo y sentirse mejor luego de ese ejercicio.

Después de exprimir hasta la última gota de su enojo, los seguidores de corrientes extremas comenzarían a ver las cosas desde otra perspectiva, con mayor relajo, sintiéndose más activos e inspirados. Sus niveles de hostilidad, irritabilidad y estrés descendieron luego de escuchar música. Los investigadores incluso descubrieron que, finalmente, el metal relajaba a los participantes analizados tanto como el silencio.

Sus gustos son firmes y universales

Con su enorme base de datos, que consta de más de 75 millones de usuarios, las estadísticas de Spotify son un buen referente para hacerse una de idea de cómo se vive la música alrededor del mundo. En un reporte presentado en abril, el servicio de streaming midió qué tan fieles son sus clientes a los géneros de su preferencia. O sea, cuánto se salen del libreto usual, picoteando en otros estilos. Y los metaleros triunfaron en lealtad.

En segundo lugar, el pop; tercero, el folk; recién al cuarto, el rock. En cuanto a universalidad, también arrasaron: en todos los territorios analizados, el metal aparecía en el top diez (Alemania, Francia, Italia, España), y en la mayoría de los casos dentro de los cinco primeros lugares (Australia, Brasil, Gran Bretaña, Grecia, México, Noruega, Filipinas, Portugal, Suecia, Suiza, Estados Unidos). Es un lenguaje que conecta al planeta.

Su presencia indica bienestar

Aunque es un género musical de origen eminentemente proletario, el heavy metal ha crecido hasta salirse de cualquier margen o estimación que intente limitarlo. CityLab, un magazine virtual propiedad de la revista The Atlantic, en asociación con el centro de estudios Martin Prosperity Institute, asegura en un análisis que la cantidad de grupos metaleros en un país arroja pistas sobre cómo viven sus ciudadanos: sería un índice del bienestar nacional.

Después de cuantificar, país por país, cuántas bandas hay por cada cien mil habitantes, salta a la vista que el género ha perdido terreno en sus lugares de nacimiento, como Inglaterra y Estados Unidos, pero pese a esto, mantiene una enorme popularidad en territorio europeo, especialmente Escandinavia, donde el nivel de vida supera a la media planetaria en cuanto a ingresos per cápita, educación universitaria, desarrollo humano, creatividad y satisfacción.

Andrés Panes

Publicado originalmente en la edición de agosto de nuestra revista, disponible en este enlace

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