Peter Brötzmann: “Si la gente no fuera tan egoísta, podría acercarse al paraíso”

El fundamental músico alemán prepara su segundo aterrizaje en Chile
Peter Brötzmann

Figura central del free-jazz y la música improvisada, el saxofonista germano Peter Brötzmann, ha cruzado la historia del arte sonoro contemporáneo de manera indeleble y constante desde mediados de la década 60. 

Cultor de una estética salvaje y expansiva, que no se casa con ningún estilo definido, Brötzmann no solo ha creado una obra a través de sus discos solistas o en las formaciones que ha liderado, sino que también en múltiples agrupaciones como Globe Unity Orchestra, Last Exit, Die Like A Dog Quartet, The Chicago Octet y en asociación con otros grandes músicos de distintos países, épocas y estilos, como Derek Bailey, Bill Laswell, Cecil Taylor, Keiji Haino, Mats Gustafsson, Ken Vandermark y Paal Nilssen-Love, entre muchos otros.

El incansable vientista llega por segunda vez a nuestro país con el trío Full Blast, que integra con el bajista Marino Pliakas y el baterista Michael Wertmüller, para presentarse en dos fechas: primero en el Centro Cultural Matucana 100 de Santiago, el próximo miércoles 07 de noviembre, junto a los nacionales Fuerza Labor; y al día siguiente, en el teatro Condell de Valparaíso, en el contexto del Acéfalo Festival, esta vez, compartiendo escenario con la percusionista francesa, Camille Emaille. *Afiches al final de la entrevista. 

Acá las palabras de una verdadera leyenda de la música contemporánea.

-Hola señor Brötzmann, muchas gracias por la entrevista. Junto a Full Blast estuvo en 2016 en Chile y en otros países de América del Sur. Además, acaba de editar el disco “Live in Rio”. ¿Qué ha significado para usted tocar y mostrar su música en vivo para audiencias latinoamericanas, teniendo en cuenta que casi la totalidad de su trayectoria la ha desarrollado en Europa y Estados Unidos?
-La verdad es que no es tan así. Por supuesto que comencé en Europa y que Estados Unidos fue el siguiente paso, pero muy pronto siguió Japón, un viaje por África Occidental y los estados del Magreb. La música es el único lenguaje al que puedes ir y hablar en todas partes. He tenido y sigo teniendo curiosidad de tocar una especie de “diáspora” musical. América del Sur es siempre un desafío. Además, me gusta conocer personas de todo el mundo, ya que me sirve para ir ampliando mis propias perspectivas.

-Usted estudió pintura y estuvo involucrado en el movimiento Fluxus ¿Cómo influyeron estas experiencias en su posterior carrera como músico y  qué fue lo que lo decidió a dedicarse a la música?  
-Aún sigo pintando y quisiera tener más tiempo para hacerlo. Con Fluxus solo tuve una relación tangencial, debido a que cuando joven trabajé con el compositor y videoartista surcoreano, Nam June Paik. Pensando en la música, él me ayudó mucho a olvidarme de las reglas y del jazz, que en ese tiempo era muy formalista.   

-Uno de los hitos de su carrera y, en general, del free-jazz, fue la edición del disco “Machine Gun” de 1968 ¿Qué recuerdos tiene de la grabación de ese álbum con el octeto y cómo ve que sigue estando presente como un trabajo icónico del jazz y la música instrumental del siglo XX?
-Es cierto, “Machine Gun” es por seguro un clásico del jazz europeo. Para nosotros, los músicos, fue muy interesante de tocar y, por supuesto, una configuración instrumental muy especial, con dos bateristas, dos bajistas y tres saxofonistas tenores. No solo fue algo sensacional, sino que también bastante inusual en el contexto de la historia del jazz.

-A mediados de los 80, usted formó la súper banda Last Exit con Bill Laswell y los ahora fallecidos Ronald Shannon Jackson y Sonny Sharrock. Fue, sin duda, una formación muy importante, pues fusionó la impronta improvisatoria del jazz con la fiereza del noise, la experimentación e, incluso, el punk. ¿Qué recuerdos tiene de aquellos años en que funcionó la banda y cuáles diría que fueron los conceptos musicales que desarrolló el cuarteto?
-Conocí a Bill Laswell en uno de los viajes que hice a Nueva York acompañando a Derek Bailey. Tomamos unos tragos juntos y me dijo que estaba en el estudio con un guitarrista llamado Sonny Sharrock. El nombre resonó en mí como una campana, porque había conocido a un tipo loco con ese nombre a fines de los 60 en Berlín y amaba su forma de tocar. Por supuesto, no era coincidencia de nombres, sino que el mismo Sonny. 

Así que con Bill tuvimos la idea de hacer un cuarteto, pero la incógnita era el baterista. Bill sugirió al percusionista holandés Han Bennink, pero yo quería que fuera Shannon Jackson. Al final yo gané y comenzamos. Fue una banda grandiosa que siempre estaba tocando en vivo. Casi todos teníamos la misma edad, excepto por Bill quien es unos diez años menor, pero todos con experiencias artísticas muy distintas. Funcionó y fue muy entretenido. No teníamos un concepto musical. ¿Qué mierda es eso?

-Hablemos un poco de sus influencias musicales que, en lo más obvio, provienen del free-jazz afroamericano de Ornette Coleman, Albert Ayler y otros iconos como John Coltarne y Charles Mingus. ¿Cuáles diría que son los referentes e influencias musicales más importantes presentes en su obra? 
-No tengo idea de las influencias, pero todavía amo el trabajo del saxofonista estadounidense, Coleman Hawkins. Solo te puedo decir, que tuve la suerte de conocer a grandes personas en mi juventud. Entre ellos, Steve Lacy, Nam June Paik, Joseph Beuys, Don Cherry, Misha Mengelberg y muchos otros. 

-Usted ha sido un importante actor del jazz europeo y ha compartido con músicos como Derek Bailey, Evan Parker y Fred Van Hove ¿Cuáles diría que son las características propias del jazz europeo, que lo diferencian de la corriente desarrollada en Estados Unidos?
-Esa es una larga historia, que llenaría un libro completo. Tienes que mirar las raíces del jazz estadounidense y entonces podrás ver las diferencias de inmediato. La música europea es una actividad que siempre tuvo un sentido artístico, en cambio en Estados Unidos, el origen del jazz fue entretenimiento. Por supuesto que aquello cambió a lo largo de las décadas. Hay muchas diferencias entre ambas realidades culturales, pero como te digo, es una historia demasiado larga.

-Uno de los ensambles en los que usted participó fue The Globe Unity Orchestra, por el que pasaron músicos de diversas corrientes y nacionalidades ¿Qué nos puede contar de aquel proyecto, verdadero semillero de los más grandes instrumentistas del siglo XX?
-Mucha gente habla de “proyectos” y “eventos”, pero no fue así. En mi caso, The Globe Unity Orchestra simplemente sucedió y durante algunos años fue una banda que trabajó duro. Un verdadero “colectivo”, al menos por algunos años. Más tarde, cuando la banda comenzó a tocar composiciones post bebop, junto al contrabajista Peter Kowald decidimos salirnos.   

-Siguiendo con The Globe Unity Orchestra, me llamó la atención que participó el fallecido baterista de Can, Jaki Liebezeit ¿Usted tuvo alguna conexión o relación con bandas o músicos del fenómeno musical conocido como krautrock, con bandas como los mismo Can, Cluster, Neu!, Harmonia, Tangerine Dream o Faust, solo por nombrar algunas?
-Jaki fue el baterista temprano del quinteto del trompetista alemán Manfred Schoof, así que era lógico que estuviera en las primeras formaciones de Globe Unity Orchestra, pues la banda nació de una fusión entre los integrantes de aquel quinteto, del cuarteto del multi-instrumentista germano Gunter Hampel y mi trío. Él siempre tuvo un amplio rango de intereses, así que cuando inventó Can también decidió dejar la banda. Además, Jaki estuvo activo hasta el final de sus días, a través de su proyecto “Drums of the World”.

-Desde la década 90, se ha unida a músicos de distintas nacionalidades, para seguir desplegando su obra. Entre ellos, Toshinori Kondo, William Parker, Hamid Drake, Keiji Haino y Mats Gustafsson, por nombrar unos pocos. ¿Cuáles son las características estéticas y musicales con las que busca o le interesan, a la hora de colaborar con uno u otro músico? 
-Solo te puedo decir que me interesan las personas, ya que cada una es diferente. Mientras más distinta una persona sea de mí, más me interesa.

-Usted ha sido asociado históricamente con pensamientos de izquierda. ¿Cómo cree que la música puede ser una importante arma de acción política y social?
-Nunca he pertenecido a un partido o grupo político, pues aquello no funciona para mí, pero sí te puedo decir que mi corazón late en el lado izquierdo, aunque en estos días tengo la sensación de que nadie sabe qué significa eso.

-Un instrumento poco común que usted siempre utiliza es el de origen húngaro, llamado tárogató. ¿Cómo usted ha incorporado en su obra tradiciones musicales que no provienen del jazz y cómo las ha incorporado en su obra?
-Para mí es simplemente otro instrumento de viento con una historia particular y un sonido especial.

-En el último tiempo, ha editado música con la instrumentista estadounidense Heather Leigh ¿Qué nos puede contar de aquella relación creativa y personal?
-Como te comentaba antes, me gustan las personas distintas y ella es una persona muy especial y fuerte, muy diferente a mí. 

-Finalmente, ¿qué expectativas tiene y que nos puede adelantar de su segunda visita a Chile, nuevamente con fechas en Santiago y Vaparaíso?
- Vives en un país hermoso y si la política funcionara mejor y la gente no fuera tan egoísta y estúpida (es decir, en todo el mundo) podría acercarse al paraíso. Con respecto a los conciertos, estamos trabajando en eso.

Muchas gracias por sus palabras señor Brötzmann.

Héctor Aravena A.

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