OMD: "No somos ese tipo de banda que se avergüenza de sus grandes éxitos"

Anticipando su debut en Chile
OMD

Conversamos con Paul Humphreys, la mitad de OMD, próximos a debutar en Chile el 2 de febrero en La Cúpula. Repasamos su regreso a los escenarios luego de un largo quiebre con Andy McCluskey, sus nuevos discos, la fanaticada joven y sus inicios en medio del punk.

Paul Humphreys contesta con un ánimo estupendo desde Abbey Road, en Londres, donde «los Beatles hicieron sus discos», comenta. Está masterizando un álbum de OMD para conmemorar los 40 años de la banda oriunda de Liverpool. O Wirral, para ser más exactos, que queda al otro lado del río Mersey, en el noroeste de Inglaterra. El boxset saldrá en CD en abril de este año y trae 22 canciones sin editar, más un disco en vivo grabado en la década de los ochenta. Para seguir celebrando harán un tour por Europa, Gran Bretaña y Estados Unidos. «De todos modos, vamos a ir a Santiago, estamos muy emocionados».

- En Chile hay muchos fans del pop británico así que es bueno que ustedes vengan.
- Sí, en los últimos 5 años que hemos estado de gira por el mundo notamos que nuestro público se ha vuelto más joven. Va a ser interesante ver eso en Santiago.

- Hay muchos chicos haciendo electropop, a base de sintetizadores. De seguro encuentran gente más joven en el público.
- Esperamos que sí. Internet ha sido una bendición para la música, por un lado. La digitalización ha removido mucho dinero de la industria, lo que no es necesariamente bueno. Pero el lado positivo es que Spotify engancha a los usuarios jóvenes a través de listas. Entonces exponen tu música a gente que no te hubiera encontrado nunca de otra manera. Pero también, como tú dices, hay muchas bandas electrónicas nuevas y han apuntado a OMD como influencia.

- Debe ser muy halagador que gente joven esté influenciada por la música de ustedes.
- Sí, nos hemos dado cuenta de eso hace poco. Hicimos un concierto el año pasado y en la primera fila había gente muy joven y fue interesante porque estaban cantando temas súper oscuros de OMD. Entonces, no era por la curiosidad de ir a vernos, sino que realmente eran fans.

- No solo fueron por los grandes hits, como ‘Enola Gay’.
- Nosotros hacemos un balance en nuestros shows. No somos ese tipo de banda que se avergüenza de sus grandes éxitos. Tocamos las canciones que a la gente le gusta oír y porque estamos orgullosos de ellas. Hacemos versiones que son muy fieles a los discos. Pero también tenemos otro lado en la banda, que es más abstracto y artístico y que nos gusta. Además, tocamos canciones de nuestros últimos álbumes, para introducir ideas nuevas a nuestro público. Así que es un buen cruce de pop antiguo y nuevo más piezas interesantes de música.

- ¿Cómo has sentido la recepción de los últimos discos, desde que se volvieron a juntar con Andy?
- Ha sido asombroso, en verdad. Nos tomamos un descanso largo. Volvimos en 2006 y nos pasamos un par de años girando con viejas canciones. Decidimos tocar álbumes completos como “Architecture & Morality” o “Dazzle Ships” y fue buenísimo para los fans. Pero después nos dijimos «¿Esto será todo? ¿Vamos a ser una banda tributo de nosotros mismos o tenemos algo nuevo que ofrecer?» Así que volvimos al estudio. Hicimos “History of Modern” (2010), que fue muy bien recibido en Reino Unido y Alemania. Después, “English Electric” (2013), que estaba enfocado un poco más en los grupos electrónicos originales. Luego grabamos “The Punishment of Luxury” (2017), que fue otra extensión de eso. Era fiel a lo simplista de Kraftwerk y cosas así. Creo que, a fines de los 80 y principios de los 90 perdimos nuestras raíces y el lado más experimental, entonces decidimos regresar. Hemos escrito algunas buenas canciones y a la vez hemos experimentado. Pero no queremos hacer eso por el experimento mismo. La razón por la que paramos es porque el pozo de ideas estaba seco. Seguíamos volviendo ahí y no teníamos nada, estábamos exhaustos. Fue una tirada larga, nunca habíamos descansado de OMD. Entonces, cuando nos reunimos, el pozo de las ideas ahora estaba lleno. A mí y a Andy nos encanta escribir canciones juntos todavía. Aún tenemos muchas cosas que ofrecer y decir en la voz de OMD, así que lo seguiremos haciendo.

- Cuando empezaron necesitaban ser muy creativos con pocos recursos. Por ejemplo, tú construiste tus propios sintetizadores.
- Así es, lo llamamos la eternidad de las oportunidades, porque hay tantas posibilidades que hay que limitarse. Con tantos sonidos e instrumentos disponibles en la composición te puedes perder y olvidar que necesitas escribir una canción. En los últimos discos hicimos una analogía. Que, si fuésemos pintores, escogeríamos solo una paleta de colores. Cuando partimos con Andy éramos muy pobres. Veníamos de la clase trabajadora, no teníamos nada de dinero y pedíamos prestados instrumentos o los robábamos. Mi hobby era la electrónica y solía construirlos yo. La cosa es que queríamos ser como Kraftwerk, pero luego nos dimos cuenta de que ellos eran muy ricos y tenían una indumentaria que para nosotros era imposible de comprar. No teníamos la tecnología para copiarles, entonces hicimos la versión peculiar de Kraftwerk que se convirtió en el sonido de OMD. Así que fue bueno no tener todos los recursos, porque habríamos sido la versión pobre de esa banda.

- En Liverpool no había nadie sonando así, pero en Manchester y Sheffield sí había bandas similares. ¿Cómo fue conocerse entre sí entre estos proyectos del norte de Inglaterra?
- Cuando partimos no había Internet, así que no teníamos idea de que existían bandas como The Human League o Gary Numan. Cuando los oímos, pensamos: «¡Oh! Alguien más está haciendo la misma música que nosotros». Pensábamos que estábamos creando en completo aislamiento, ninguno de nosotros estaba relacionándose con los otros. Descubrimos la música electrónica al mismo tiempo, pero no fue realmente un movimiento. Se convirtió en un movimiento, porque estábamos haciendo lo mismo.

- Fue importante además que surgiera en el norte de Inglaterra.
- Exacto, no fue algo Londres-céntrico. Se creó en las provincias, en las partes más pobres de Inglaterra. Ahí es donde la gente estaba siendo más creativa. Nosotros partimos en el Club Eric’s de Liverpool. Salieron tantas bandas de ahí, no solo de electrónica, muchos músicos surgieron ahí, al mismo tiempo, bandas como Echo and the Bunnymen, Frankie Goes to Hollywood y The Teardrop Explodes.

- Y eso que el club no duró tanto tiempo, como 5 años.
- Solo duró 5 años, pero fue importante para todos esos grupos. O sea, fue parte del punk, que es lo que estaba pasando y se hacía fuera de Londres. Estos clubs en el norte de Inglaterra no tenían suficientes bandas de ese estilo para llenar cada una de las noches, así que solían hacer “noches alternativas”, en las que se podía tocar cosas diferentes. Entonces, por supuesto, todos esos lugares punk sirvieron como escenario para estas bandas. Podíamos hacer cosas interesantes y la gente podía escucharnos.

Macarena Lavín

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