Mónica Rincón: Hasta la verdad

Monica Rincon

En televisión, a la hora de sobrevolar el acontecer nacional, no hay piloto más confiable. La periodista mejor evaluada de Chile repasa sus convicciones y profundiza en la importancia de confrontar los desbalances de poder, vengan de donde vengan.

A la salida del metro Irarrázaval, hay un rayado que dice «Mónica Rincón, te amo», testimonio de que la mujer ancla de CNN Chile trascendió el ámbito del periodismo televisivo. Ahora es un ícono de la cultura pop local, con una fanaticada que la llama Queen Mónica y la vitorea como si fuese una artista, además de una audiencia pendiente de sus opiniones. Cuando habla, todos la escuchan. Ella, en tanto, no se marea con el éxito: «Siento aprensión cuando dicen que estoy en mi mejor momento. No creo que el periodismo sea una carrera de cien metros planos, siempre he pensado que es una maratón, con altos y bajos. Este es un trabajo de todos los días, entonces, si crees que llegaste a algún lado, te perdiste, porque la búsqueda de la verdad y de ser un mejor periodista tiene que ser constante».

Con vehemencia más que buena crianza, insiste en que sus logros se deben, en gran medida, al equipo y los proyectos que encabeza. En cuanto a sus méritos personales, cree que la gente, esté o no de acuerdo con ella, valora su compromiso profesional. Tampoco descarta el rol que juega el carisma en la obtención de popularidad. En julio del año pasado, cuando un par de diputados le reclamaron bochornosamente al abogado Jaime Bassa por andar sin corbata, la editorial que hizo al respecto fue tan irónica que, según Jani Dueñas, quedó a un par de remates de ser stand up comedy. Aunque Mónica Rincón se mueve en un ambiente serio, su humor y su personalidad salen a flote y la vuelven entrañable: «Soy medio acontecida, medio chascarrienta, me pasan cosas. El otro día al aire me tragué una pelusa y nos fuimos a comerciales porque me atoré y me dio tos (risas)».

Sus redes sociales se llenan de elogios y mensajes de cariño, pero también se colan haters y trolls. «Me han dicho de todo. Que soy comunista, y después, por la misma cosa, que soy fascista», cuenta. Si no les presta mayor atención es por una frase que escuchó en su niñez: «Hay un dicho muy bueno que tenía mi abuelita: "Cuando Juanito habla de Pepito, sabemos más de Juanito que de Pepito". Por ejemplo, cuando el hijo del "Mamo" Contreras me dijo "puta" y le dijo "maricón" a Daniel Matamala, eso habló mucho de él, de su necesidad de insultar, de su rabia, de su descontrol. El creía que lo que decía eran insultos. ¿Prostituta es un insulto? ¿Homosexual es un insulto? Insultar con una ideología, con género, con una discapacidad... ¿qué es eso? Qué país estamos construyendo cuando tenemos esa necesidad de insultar primero, y cuando ocupamos como insultos cosas que no lo son».

Lejos de envanecerse con la atención que recibe, mantiene los pies sobre la tierra: «Hoy día puede estar el reconocimiento, pero quizás mañana no voy a tenerlo, entonces, ¿es lo más importante? Es bonito el cariño, arropa, sí, pero lo más importante es si tú de verdad te duermes sintiendo que intentaste hacer una pega honesta al servicio de las personas. De que te vas a equivocar, por supuesto que te vas a equivocar, pero los errores tampoco te pueden inmovilizar. Lo que importa es la honestidad con la que trabajas, sentir que estás trabajando para la gente y no para intereses particulares, agendas propias o de terceros».

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La periodista separa aguas entre independencia y objetividad. Cree más en la primera que en la segunda: «Todos estamos mediados por vivencias, por formas de crianza, por circunstancias incluso casi accidentales de vida, y todos tenemos emociones, además, y por lo tanto, ser objetivo cien por ciento es imposible, tiene que ser una aspiración, una intención, una actitud, una búsqueda, pero sí creo que es un deber ser independiente, no hay disculpa alguna para no serlo. La independencia se ejerce desde cierto espacio de soledad, en el sentido de que da lo mismo qué sector político, qué equipo de fútbol o qué estilo musical te guste».

Acorde a sus dichos, se muestra imparcial frente a los principales bandos políticos: «Hay gente muy valiosa en la izquierda, en la derecha y fuera de los partidos tradicionales. Mientras adscriba a la democracia, la línea partidaria de alguien no me parece tan relevante. Me preocupa más que esa persona sea coherente con lo que dice». Entre sus amistades, cuenta, hay gente de todos los espectros. A la hora de dialogar, solamente mira de reojo a los menos comprometidos con la democracia, como los que dudan en tildar de dictaduras a Cuba y Venezuela, o los que relativizan lo ocurrido en el Chile de Pinochet. En el caso de China, amplía la crítica: «Por su poderío económico, existe un silencio transversal de izquierda y derecha respecto a sus violaciones a los derechos humanos».

Su adhesión al feminismo tampoco tiene colores partidistas: «Veo con mucha esperanza el movimiento feminista. Me quedó clarísimo este año que el machismo no es patrimonio de la derecha, ni de la izquierda, ni de los hombres. Y no fue ni la izquierda ni la derecha la que puso al feminismo al centro de la agenda durante todo este año en que se dio la llamada "ola feminista". Fueron jóvenes estudiantes que decidieron tomarse las calles, salir a marchar y poner este tema en el centro del debate público. Y esto respaldado por décadas de distintas luchas feministas. Cuando se habla de las sufragistas, bueno, eran del sector más conservador quienes comenzaron con esta lucha, después la izquierda, y ha sido una mezcla de izquierda y de derecha, fundamentalmente de mujeres, apoyadas por algunos hombres».

Ser descreída, como se tilda a sí misma, le sirve en su cruzada informativa: «Cuestionar al poder, venga de donde venga, se relaciona con algo que debiese mover a todo periodista, que es la búsqueda de mayor igualdad. El machismo es un desbalance. O cuando un empresario evade impuestos y compite de manera desleal con otros empresarios que sí pagan todos sus impuestos. También es un desbalance cuando un político compite financiándose de manera ilegal, porque decir financiamiento "irregular" es como echarle azúcar al agua, con otros políticos que se financian honestamente. Hay muchos políticos honestos, y el mejor negocio para los corruptos es decir que todos son corruptos porque, entonces, ahí nadie es corrupto».

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Por mantener la compostura frente a algunos de los más exasperantes actores de nuestra política, a los que de paso ha trasquilado, Mónica Rincón tiene bien puesto el alias de Queen Mónica. Si bien sus célebres expresiones faciales a veces indican lo contrario, ella asegura que nunca pasa rabias en pantalla: «El privilegio de ser periodista e informar es muy grande. Si tienes claro que esto no es sobre ti, entiendes que lo relevante ahí no es lo que te pase, sino que la gente reciba la información correcta. En las entrevistas no hay que dejar instaladas cosas que no son verdad. Aunque pueda generarse un momento incómodo para el entrevistado, es importante hacer la aclaración. También lo podrías dejar pasar, porque sería más cómodo para ti o para el entrevistado, pero no estarías informando bien. Uno no tiene que buscar incomodar, pero tampoco hay que inhibirse para no incomodar, ese es el balance».

Habituada a caminar entre serpientes, advierte que resulta urgente saber dónde se transita al seguir la agenda noticiosa: «Manipular los hechos es algo que no es patrimonio de la izquierda ni de la derecha, ni tampoco solo de los políticos. En muchas instancias de poder, uno puede encontrar que a veces se dicen verdades, a veces verdades a medias y a veces mentiras, y creo que justamente por eso ahora es más vital que nunca el rol del periodismo, porque las medias verdades y las mentiras son peligrosas para la democracia, para la convivencia. Las opiniones son libres y no son correctas ni incorrectas, pero los hechos no son manipulables. Desde el periodismo, las verdades a medias o las cosas que no son ciertas es necesario corregirlas y contrastarlas con información. No me gusta cuando dicen "fake news" porque una información falsa no es información. Hay que estar súper atentos porque hay falacias que son evidentes, pero hay otras que no tanto, y en esta época las redes sociales expanden estas mentiras y verdades a medias a un ritmo impresionante».

Hablando de "fake news", cuando entrevistó a José Antonio Kast y el ex candidato presidencial dijo que había abogados de Derechos Humanos que lucraban con la causa, Rincón expuso su falta de evidencias con la pregunta que todo político debiese hacerse antes de abrir la boca: «¿Lo sabe o lo supone?». Pese a que el líder de Acción Republicana resulta una figura problemática hasta en la derecha, Rincón entiende el porqué de su permanencia en la pauta informativa de los medios: «José Antonio Kast se ha preocupado de armar un movimiento político, que imagino que terminará siendo un partido, algo que por ejemplo han hecho otros y que me parece bueno, como Evópoli o Revolución Democrática. Son gente que se ha dedicado a hacer política, a armar movimientos y partidos, algo que otros han dejado de lado. Si quieres permanecer en el debate público, tienes que construir una plataforma y seguir haciendo planteamientos. No basta solamente con hacer una propuesta y después desaparecer de la escena pública, tienes que seguir generando contenido».

Mientras la contingencia lo justifique, piensa que hay espacio para todas las voces: «Uno entrevista personas buenas y personas malas, personas que dicen la verdad y personas que están dispuestas a mentir desde el comienzo hasta el final. Lo importante es confrontar cada una de las mentiras. En el fondo, no creo en la censura, no creo que haya alguien que no sea entrevistable, creo que hay que darle opiniones a todos, no solamente a alguien que por la espectacularidad de sus opiniones va a generar más impacto. Y se les entrevista en su mérito, cuando han generado noticia, siempre contrastando cada vez que veas un dato falso o incorrecto, que no es lo mismo porque se pueden equivocar. No siempre es manipulación, puede ser un error. Yo cuántas veces no me he equivocado en pantalla también».

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Mónica Rincón insiste en la necesidad de una opinión pública vigilante. Lamenta la concentración radial y la escasez de espacios para la investigación periodística, pero destaca la libertad para opinar que nota en la frecuencia modulada, así como el rol que cumple Ciper, donde publica columnas. También elogia a la prensa chilena en general por su reacción en casos como SQM, Penta y Corpesca, y por la cobertura del asesinato de Camilo Catrillanca, en el que se detiene para hacer una reflexión parafraseando al antropólogo José Bengoa: «Los mapuche no son entendidos como focos, sino como puntos aislados. Cuando no tienes orgullo ni conciencia de lo centrales que son en tu vida esas raíces, de que son parte constitutiva de tu identidad, entonces dejas de preocuparte por ellas, dejas de mirarlas y dejan de ser visibles».

A su juicio, el conflicto mapuche requiere una solución más integral que abordarlo como un problema de orden público, como lo han hecho Piñera y sus antecesores. Cita a la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato con los Pueblos Indígenas, del año 2003, como un intento concreto por avanzar, pero su balance actual es duro: «Retrocedimos incluso respecto a esas propuestas. Ese esfuerzo que se hizo quedó en un tomo empastado. Cuando se habla de conversar y de cómo se va a negociar una solución de fondo, intuyo desde la izquierda y desde la derecha cierto menosprecio por la forma que tiene el pueblo mapuche de tomar decisiones. Para dialogar, tienes que hacerlo viendo al otro como un igual. Creo que no hay solución posible si no es desde el respeto y la valoración del otro, y también creo que se hace sin armas debajo de la mesa. Cuando estás dispuesto a dialogar en confianza, mirando al otro a los ojos, no construyes basándote en la violencia».

A propósito de construcciones basadas en la violencia, la dictadura de Pinochet vuelve a la palestra, ahora en la forma de un encendido debate sobre el negacionismo y una eventual ley que lo castigue. Al respecto, su postura aún está cobrando forma. Por ahora, comparte sus dudas: «¿Cómo se puede hacer para penalizar todo tipo de negacionismo? ¿O se va a circunscribir solo a la época de la dictadura chilena? ¿No es más efectiva la penalización de los discursos de odio? ¿Cómo hacer que eso no implique una censura? ¿Quién determina qué es el negacionismo? ¿Dónde está el límite entre negacionismo y crítica política? Tiendo a pensar que es mejor la sanción penal posterior a la emisión de opiniones que la previa. Mi susto es que un ente superior, un Gran Hermano, termine dictaminando qué es lo que podemos decir y opinar. Pero creo que el negacionismo es brutal, es un atentado contra la democracia porque intenta reescribir una historia tremendamente dolorosa para el país, y eso es peligroso porque, cuando se borran los horrores, aumenta el riesgo de repetirlos».

Dentro de la misma discusión, vislumbra un segundo problema: «Creo que el separatismo también es grave, decir "bueno, yo soy pinochetista, pero condeno las violaciones a los derechos humanos" o "soy castrista, pero condeno las violaciones a los derechos humanos". No, hay cosas que son incompatibles. Tú no puedes reivindicar una dictadura y estar a favor de la democracia porque no hay legado divisible cuando se basa en atentar contra la libertad, reprimir, asesinar, torturar. No hay avance económico ni conquista social que pueda exhibirse con orgullo si está manchada por las violaciones a los derechos humanos, y eso es válido tanto para dictaduras de izquierda como de derecha. No hay dictaduras más graves que otras, ni dictablandas. No creo en la distinción que hizo Lucía Santa Cruz diciendo que Hitler había sido tirano y que Pinochet había sido dictador. No es que a partir de dos millones de muertos califiques de tirano y con menos de dos millones califiques de dictador, no es una competencia de muertes y de horror. Los dos fueron dictadores y tiranos».

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El baile de los que sobran

Dejando de lado el protocolo, confieso que yo también soy fan de Queen Mónica. Aplaudo su lucidez y su agudeza, pero sobre todo la humanidad que imprime en lo que dice y hace, especialmente en Conciencia Inclusiva, un espacio pionero en dar protagonismo absoluto a las personas en situación de discapacidad. Como a ella, madre de Clara, una niña con Síndrome de Down que falleció a los dos años de edad, el tema me toca directamente. Yo soy hermano de Paloma, una joven de 24 años nacida con cuadriplejia, sordera total y discapacidad intelectual profunda. Cuando veo Conciencia Inclusiva, siento que formo parte del mismo club con Mónica Rincón y todas las personas que pone en pantalla.

Admiro la entereza y la sabiduría con que ella se ha hecho cargo de su experiencia, me parece inspiradora y, de hecho, es el principal motivo de esta conversación. No me pierdo Conciencia Inclusiva porque me alivia con información un dolor permanente que a veces es muy solitario. Sin embargo, no solo las personas en situación de discapacidad y sus familiares deberíamos estar pendientes de lo que pasa con una problemática tan renegada. Que la propia Queen Mónica explique por qué: «Creo que es profundamente periodístico un programa como Conciencia Inclusiva porque no hay nada más periodístico que darle voz a los que no tienen voz, y no hay en ningún país nadie que tenga menos voz que las personas en situación de discapacidad, peor si son de pocos recursos o si están lejos de las capitales, y así puedes ir agregando otras cosas que hacen que sean todavía más invisibles. La cancha es muy dispareja para las personas en situación de discapacidad. El tema de la discapacidad es otro desbalance en el poder, es otro ejemplo más de desigualdad. Creo que es profundamente periodístico poner luz sobre, por un lado, lo positivo, en cuánto se ha avanzado, porque hoy el país es distinto respecto al tema de la discapacidad, pero también poner luz sobre todo lo que queda por avanzar, poner en agenda temas que no se discuten normalmente y tratar esos temas con dignidad. No hablar sobre las personas en situación de discapacidad, sino con las personas en situación de discapacidad. El sentido de haber estudiado periodismo lo veo en eso. Me da mucha vergüenza no haberme dado cuenta antes de hacer Conciencia inclusiva de lo grave que era no tener un programa de televisión sobre el tema. Y a mí, como a muchas personas, me tuvo que tocar de cerca para abrir los ojos a ese mundo, que es un mundo muy invisible y del cual somos responsables los medios de comunicación».

Los derechos humanos son otra arista de su respuesta: «En Chile, todos los días, a todas las horas, a cada minuto, se violan los derechos humanos de las personas en situación de discapacidad. El derecho al trabajo; el derecho a la educación, cuando se les cobran "cuotas de inclusión" o los colegios públicos no los pueden recibir por no tener equipos pedagógicos de apoyo; el derecho a la salud, cuando se les expulsa de seguros o no se les dan las terapias que necesitan; el derecho al desplazamiento; el derecho al manejo de sus bienes, de su patrimonio; el derecho a la sexualidad; el derecho a la cultura. Lo bonito es que ha ido cambiando, pero todavía falta mucho. Falta que las profesiones se piensen de manera inclusiva, que los futuros profesionales, técnicos o artistas sean formados de manera inclusiva. Que les salga natural. Que sea la base que en un servicio público, como ocurre en Uruguay, haya personas que hablen lengua de señas, mediadores para personas con autismo, y plantillas Braille para que las personas ciegas hagan sus trámites».

El sentido común está en el centro del asunto: «Desde la perspectiva de la humanidad, creo que los países son más vivibles, más amables, más acogedores y más sanos cuando cabemos todos, cuando todos somos parte. Cuando se habla de "personas en situación de discapacidad", a algunos les parece siútico, pero hay algo importante detrás de esa expresión, y es que nosotros ponemos a una persona en situación de discapacidad porque, por ejemplo, una persona en silla de ruedas no es discapacitada hasta que tú, en vez de una rampa, le pones una escalera. En ese momento la pones en situación de discapacidad. Una persona que sabe leer braille, si tú le das la posibilidad de que aprenda y tenga libros, no es más ciega para leer que el que tiene un libro impreso de manera tradicional. Se transforma en ciega a la cultura cuando no tiene el libro en braille, ahí tú la pones en una situación de discapacidad».

Periodista hasta la médula, Mónica Rincón retoma la perspectiva comunicacional: «Es relevante que todos seamos visibles. ¡Si es algo tan básico! Qué brutal cuando alguien no te ve, cuando no existes. De qué manera las autoridades, el país, la sociedad, los empresarios, los colegios, se van a preocupar de un tema si ni siquiera existe para ellos, si no es visible. Lo que no se ve, a nivel de prioridad, de discusión pública, no existe, la gente no se preocupa de eso y las autoridades tampoco. Cuando ya es visible, hay que hacerse cargo, entonces es importante visibilizarlo, pero además reflexionar juntos. Es una injusticia el trato que le damos a las personas en situación de discapacidad, debiera ser una herida que nos duela a todos, y claro, normalmente cuando no nos toca, no lo vemos. Para el terremoto se me quedó grabado que Chile vivía sobre esta famosa falla geológica, y yo no me canso de decir que Chile también vive sobre una falla social de injusticias muy fuertes y lacerantes».

Desde su tribuna, se siente llamada a intervenir: «Vivo en una situación de tremendo privilegio. Cuando hablo de discapacidad, sé que mi hija tuvo acceso a todas las terapias y a toda la atención médica que muchos niños en Chile no tienen, y eso no me invalida para hablar del tema. Al contrario, me obliga, porque a mayor privilegio, mayor deber. Yo no niego los privilegios que he tenido, y no hay que tener vergüenza de eso, sino que hay que tener conciencia. De lo que hay que tener vergüenza es de que eso no sea la norma, que no sea el piso, porque todos los niños debiesen tener el acceso a la atención que tuvo mi hija».

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Una vez vi a Mónica Rincón decir que cuando una persona está en situación de discapacidad, toda su familia está en situación de discapacidad. Que, luego de traer al mundo a Clara, ella también tiene Síndrome de Down. Sus palabras me identifican: yo también soy cuadripléjico, sordo e intelectualmente discapacitado. No es coincidencia que, teniendo una hermana que no puede comunicarse ni escuchar música, me dedique a escribir y comunicar sobre música. En las conversaciones imaginarias que tengo con Paloma, siempre hablamos de bandas y cantantes, tal como lo hago con toda la gente que me cruzo, incluyendo ahora a Queen Mónica.

Por la variedad de sus gustos musicales, se define así: «Soy un mix extrañísimo, un poco extrema. Puedo escuchar The Smiths, La Polla Records, Chayanne, Lucerito, Silvio Rodríguez, Massiel, Mocedades y Rush». De Chile, dice que le gustan Lucybell y Los Tres, para los que ofició de maestra de ceremonias en el Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín. «¡Me va a venir el viejazo!», bromea, recordando sus visitas a La Batuta a fines de los noventa. Con el puño alzado, en un gif perfecto de la vida real, canturrea brevemente  "1,2,3 a levantarse" de La Floripondio, herencia del cancionero de esa época. De cuando era chica, en Concepción, conserva el gusto por la música flamenca que bailaba siendo escolar.

La periodista más influyente de Chile me cuenta que le encanta bailar salsa y merengue, así que obligado a formular una pregunta que nunca imaginé hacerle: «¿Y un reggaeton lo bailai?». Su respuesta es un recordatorio de que toda la música, hasta la menos reflexiva, tiene una dimensión política: «Lo sé bailar, igual me defiendo, pero tengo un rollo dentro del reggaeton con las músicas que son medio misóginas. Lo bueno del reggaeton es que no todas las canciones son misóginas, pero reconozco que me generan un conflicto esas canciones donde hay un trato no muy digno para las mujeres, esas letras no me gustan. Lo que ataque o vulnere a mí no me da lo mismo, no paso de largo. Las letras que vulneran la dignidad de la mujer a mí no me van a gustar, como no me gustaría una letra contra el pueblo mapuche o contra los inmigrantes, a menos que sea de forma irónica, como cuando Los Prisioneros en "Corazones rojos" hacen una sátira y denuncian la violencia contra la mujer».

En Los Prisioneros, de hecho, reconoce a su banda de cabecera. No cuesta ver la conexión entre la música del trío sanmiguelino y su labor periodística, ambas comprometidas con hacer que la verdad salga flote. Como Jorge González, Mónica Rincón no desperdicia una buena oportunidad para establecer sus convicciones: «Lo que me impresiona de Los Prisioneros es la vigencia de las letras. ‘El baile de los que sobran’ es una canción icónica. Yo tengo pegados a Los Prisioneros siempre, siempre. ‘El baile de los que sobran’ tiene un peso que me cuesta encontrar en alguna otra canción. Imagínate lo desilusionante que debe ser para un niño esforzarse contra el entorno, contra lo que lo rodea, poner sus ilusiones, su ingenuidad y entregar su confianza a un país para educarse y trabajar dentro de las normas, para que después le digan que "a otros dieron de verdad esa cosa llamada educación". No debe haber nada más descorazonador que sentir que sobras. En este país no sobra nadie, pero hacemos que sobren, los hacemos sentir que sobran. En el baile de los que sobran, nadie sobra».

Andrés Panes
Fotos: Peter Haupt

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