Lucybell: Rojo eterno

La magia y el quiebre, a 20 años de su tercer disco
Lucybell: Rojo eterno

Incomprendido en su momento, de menor impacto que el celebrado “Viajar” (1996), el "Disco rojo" de Lucybell hoy, a 20 años de su lanzamiento, es mirado con admiración y respeto por los fans de la banda. Un trabajo que marcó un antes y un después en la agrupación. Acá el lado B de cómo se gestaron aquellas canciones a mediados de 1998 en la voz de dos de sus protagonistas.

"Si me revuelco en el lodo que forman tus lágrimas". Con esta frase arranca el disco homónimo de Lucybell de 1998, más conocido como el "Disco rojo". Y es que hay algo representativo en las primeras frases de 'Flotar es Caer'. Mirado a la distancia, y según parte de sus protagonistas, podría ser una descripción poética del momento personal y musical que vivía la banda en esa época. A veinte años de su edición, el tercer álbum de Lucybell se vislumbra como uno -si no, el mejor- de los grandes trabajos de su carrera y del cuarteto original.

El disco "Peces" (1995) y con más fuerza aún, "Viajar" (1996) movió a Lucybell desde el underground, heredero del sonido británico de Ride, Lusch, My Bloody Valentine o Cocteau Twins, a ser una agrupación con buenos singles radiales. No vamos a descubrir el impacto de 'Vete' o 'Mataz'. Un fenómeno inédito en la escena chilena para un sonido oscuro y con una voz tan especial como la de Claudio Valenzuela. Sin embargo, el incesante trabajo, la porfía, el ímpetu de la banda, le dieron a Lucybell una tribuna única, abalada por una fanaticada fiel y giras de largo plazo.

Ese mismo despegue gracias al disco "Viajar" llevó a los músicos a realizar una gira de casi dos años sin detenerse. No hubo vacaciones, algo que para Francisco González fue una mala antesala para hacer el tercer álbum. "Veníamos de hacer una gira eterna con Viajar, muy larga. Hicimos Colombia, Ecuador, Perú y Chile varias veces, y terminamos en el Festival de Viña. Seguimos tocando y de repente había que entrar a grabar. Si yo pudiese volver el tiempo atrás, los hubiese mandando de vacaciones a todos y luego hubiese hecho el disco. Éramos unos caballos con esas ojeras, mirando sólo para adelante. No recuerdo haber hecho un disco con tanta tensión, quizás Lúmina (2004)”, recuerda hoy el ex baterista de Lucybell.

Más allá del cansancio, la banda siguió con su plan de entrar a grabar a mediados de 1998. Trazaron un plan que les permitiera no estar atados a horas y tiempos en un estudio ajeno. "Tuvimos una idea muy loca que fue primero crear una sala de ensayo, donde iríamos registrando el disco cada vez que saliera una idea. Usamos tres Rolands VS 880 para hacer 24 tracks. Había muchas cosas que lo hacían muy complejo todo. Estuvimos dos o tres meses encerrados todos los días trabajando en una casona gigante en el Patio Bellavista", recuerda Claudio Valenzuela. "Yo propuse hacer un disco como Let It Be, ir con un estudio andante y grabar lo que surgiera. Grabamos tres meses en un estudio armado (llamado Portátil), los tres muchachos son ingenieros, además de todo el apoyo que tuvimos de Oscar López que era nuestro ingeniero en vivo, por ende, sabía como sonaba cada uno muy bien", agrega González.

Dame Calma
A pesar de que los músicos tenían un estudio a su disposición las 24 horas surgió un problema mayor: no había muchas ideas de canciones, y en caso de existir, generalmente terminaban en nada como recuerda Valenzuela. "Cuando empezamos los ensayos, recuerdo llegué con unas 10 o 12 ideas a la casa de Gabriel, y de todo eso, la única que quedó fue 'Sembrando en el mar'. Estuvimos hasta la última noche grabando baterías, secuencias, y quizás fue el único sencillo radial que había", afirma Valenzuela. "¡Yo tuve que grabar a última hora las baterías de esa canción! Fui el último en grabar, en otra sala, no me salía, ¡fue un parto!", agrega González concordando con su ex colega, Claudio Valenzuela. Hubo un momento, según cuentan los músicos, en que 'Sembrando en el mar' no iba a quedar en el disco.

Todo aquel clima de incertidumbre fue gatillando un ambiente muy tenso entre los músicos, los cuales según González se dividieron en dos bandos: por un lado, Valenzuela y González; por otro, Vigliensioni y Muñoz. "Dialogar se hacía difícil en ese ambiente. Las ideas no fluían, costó mucho hacer las canciones de ese disco. Por ejemplo, en Viajar quedaron varias canciones afuera. En Amanece (2000) también quedaron temas afuera. En el Rojo no, no hubo temas extras. De hecho, recurrimos a canciones de la etapa anterior a Peces ('Caballos de histeria' y 'Sólo soy un adicto'), que eran más salvajes. La verdad había una escasez de material", explica González a lo que Valenzuela agrega "había una idea de que todos teníamos que aportar, que fuera un trabajo colectivo, lo cual con el tiempo vas aprendiendo que no siempre es así. La democracia no se da bien en la música, creo yo. Muchas ideas que fueron armándose no llegaron a puerto, no se pudieron desarrollar y así llegamos al último día antes de irnos a mezclar a estudios El Pie en Argentina. Había muy pocos temas”, acota el cantante.

Francisco incluso saca a flote una anécdota sobre el ambiente tenso y los títulos de las canciones que iban a mezclar a Buenos Aires. "Recuerdo haber salido del estudio y haberle mostrado a un amigo el tema 'Dame calma' y no hay ninguna calma en el tema (risas). Recuerdo que terminamos de grabar y no estaban las letras listas y nos teníamos que ir a grabar, y Claudio a última hora las terminó. De seguro hubo mucho roce en la mezcla, en la elección del single como 'Flotar es caer'. Yo no estaba de acuerdo con algunas de esas decisiones, mi predilecto era 'Sembrando en el mar', afirma.

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Entre campos de flores, sangre de bestias
Luego de mezclado el disco en Buenos Aires, el master se hizo en Inglaterra en los estudios Abbey Road junto a Chris Blair (Radiohead, Travis, Duran Duran). El arte quedó a cargo de Javier Panella (por eso años tecladista de Solar). Luego vino la elección del single y promoción del disco, lo que nuevamente marcó diferencias entre los músicos. "'Flotar es caer' es un tema que está en siete octavos, lo que ya a la gente le cuesta seguir con el pie, y ya eso fue una apuesta bastante fuerte, el mismo video de Carlos Moena que muestra a este fantasma siguiendo a una chica" recuerda Valenzuela sobre el primer track promocional. "El proceso de difusión fue muy complicado. Teníamos el éxito de Viajar, ya éramos una banda con aires latinoamericanos, había que seguir en esa senda, pero no todos estaban de acuerdo. Algunos ya no querían dar entrevistas. Por lo tanto, si dejábamos de hacer ciertas cosas relacionadas a la promoción habría menos impacto con el disco", aporta González al respecto.

De hecho, según la prensa y medios de la época, el álbum rojo de Lucybell fue el de menos impacto y difusión en comparación con sus antecesores. Tanto Valenzuela como González barajan diferentes teorías porque el disco "no pegó" tanto desde su salida, en noviembre de 1998. "Teníamos claro que era un disco difícil para su difusión. De hecho, la tibia recepción que tuvo el álbum pudo haber influido en la salida de Marcelo y de Gabriel. Creo que había ganas de hacer otras cosas, pero estaba este disco que fue una masa difícil de hacer. Creo nos pusimos muchos objetivos en poco tiempo y ser un poco difíciles, yo creo cada uno tenía una idea de lo que estaba pasando y creo iban en direcciones diferentes”, explica Valenzuela.

Una llamada a Cerati
En el segundo semestre de 1999, Gabriel Vigliensoni y Marcelo Muñoz anunciaron su salida de la banda por diferencias personales. Lo curioso fue que por aquellos años en una nota publicada en la revista Wiken de El Mercurio, antes que se anunciara de forma oficial, Gustavo Cerati le daba la primicia a la periodista. ¿Cómo?  González, quien tuvo una amistad con el argentino, explica la situación a 20 años. "Lo llamé y le conté los problemas que teníamos en Lucybell. Me dio hartos consejos, me dijo 'podríamos trabajar juntos', me hizo ver varias cosas que me ayudaron en ese momento, incluso como te decía, se habló de trabajar juntos con Cerati en su momento. Me dijo conversara que con los chicos, pero no hubo opción de dialogar con Marcelo y Gabriel, ellos tenían muy tomada la decisión. Gustavo es quien me recomiendo a Eduardo Bergallo (productor de Amanece)".

Con todas las dificultades, el disco es recordado como una cumbre en la carrera de Lucybell. Al respecto, el baterista comparte su teoría. "Nos conocíamos muy bien, estábamos muy afiatados, llevábamos muchos años, muchas giras. Todos estos conciertos en Colombia fueron verdaderas batallas frente a un público que no nos conocía. Crecimos mucho juntos, nos enfrentamos a diferentes escenarios, y eso te une”. En el mismo ejercicio retrospectivo, Valenzuela apunta que el tiempo es irónico con el trabajo. "A mí a la distancia me parece un poco irónica, porque ahora todo el mundo le tiene una especie de cariño al disco, lo que agradezco muchísimo. Hay un súper respeto por él, pero en el momento que salió fue como 'no entendido. ¿Qué es esto?' (risas)".

El mismo Valenzuela aseguró desde Los Angeles (California), concentrado en su cuarto en esfuerzo solista, que espera celebrar los 20 años del Disco Rojo en vivo, tocándolo de manera íntegra, eso sí con la formación actual. Sobre reunir a los Lucybell de aquella época, tanto Valenzuela como González son enfáticos en la negativa. "Creo no hay chance para volver a tocar con Marcelo, Gabriel o Pancho. Ya lo hicimos, ahora sería con el trío actual. Además queremos mostrar Magnético. Cada uno está en sus cosas, ya hicimos una reunión y fue suficiente"; González agrega que "está cerradísima esa opción. Las relaciones quedaron muy dañadas luego del reencuentro. Mejor que la música quede guardada en el disco", asegura el músico quien también prepara otro capítulo más de su aventura en solitario.

Hoy, el Disco Rojo está descatalogado. Conseguir una copia de la época es difícil y costoso. Un disco maldito en la historia de Lucybell, de un parto difícil, pero que les significo ganarse el respeto definitivo como una de las bandas más grandes de Chile en los 90.

Jaime González Sanhueza

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