En lo que nos diferencia está lo que nos une

Largo y tendido con un inspirado Gepe, a raíz de “Folclor imaginario”
Gepe

-I-

A comienzos de la década pasada, Gepe se involucró en la organización de unas tocatas, en lugares como Avenida España 375 o Estudio Elefante, llamadas Folclor imaginario: “Invitábamos a gente que tenía que ver con un folclor que no era Inti-Illimani o Quilapayún. No es que estuviésemos en contra de eso, pero sabíamos, o más bien intuíamos, que había un espacio para algo más imaginativo, como lo que se veía en ese tiempo con Tobías Alcayota o Javiera Mena”. Era la época de actividad de su grupo Taller Dejao, una dupla ahora de culto en la que tocaba la batería. El circuito en el que se movía lo completan nombres como diAblo, banda de Ervo Pérez de la Productora Mutante; Dúo Inmortales, un proyecto del batero “Coco” Cabargas de Tobías Alcayota, a los que Gepe más de una vez ha reconocido como su grupo favorito; o el artista Francisco Papas Fritas y sus aproximaciones a la música.

“Éramos veinte pelagatos, pero nos teníamos el uno al otro. Convocábamos a grupos que nos parecía que hacían las cosas con harta libertad, había una noción de que el folclor podía ser otra cosa y de a poco se fue formando una identidad, una idea de que el folclor estaba a la misma altura del rap, el rock o el pop, y no al fondo de la disquería. Esa idea quedó en mí, la del folclor como algo libre, intuitivo, imaginario. Pero no estaba seguro de si era una sensación, un concepto o una volá irresponsable mía al ver que grupos como Inti-Illimani y Quilapayún eran recontra serios, definidos y estructurados”. En ese tiempo se puso a escuchar a Violeta Parra, Víctor Jara, Rolando Alarcón y Millaray. De los últimos, grabó 'No quiero querer a nadie', lo más parecido a un hit que tuvo Taller Dejao, sin saber en aquel entonces que la canción había sido recopilada por Margot Loyola, la folclorista que inspiró su más reciente disco, al que tituló “Folclor imaginario” a propósito de las tocatas que armaba.

Cuando tocó en el Festival del Huaso de Olmué, el año 2013, Gepe saludó desde el escenario a Violeta Parra, Gabriela Pizarro y Margot Loyola, a las que considera “las tres más grandes, las tres más importantes del folclor, seres humanos bacanes con un alto porcentaje de recopilación y labor musicológica e igualmente intepretativa, todos los mundos conviviendo”. Poco después, recibió una invitación a la casa de Loyola de parte de su marido, el también folclorista e investigador Osvaldo Cádiz. El encuentro fue revelador: “Ella ya estaba bien viejita, tenía más de noventa años, pero me llamó la atención que, más allá del estado de su cuerpo, era una señora lúcida y enérgica que hablaba mucho y tenía ganas de hacer hartas cosas. Le pedía a Osvaldo que pusiera discos y los escuchábamos y los comentaba. Ella amaba su tierra, cachai. Cuando estoy fuera de Chile, me cuesta sentirme agradado con mi país, por sus hueás políticas y sociales, pero cuando vi a Margot dije 'este es el amor por la patria'. A mí me costaba sentirlo, cachai, por la dictadura. Escuchaba 'No necesitamos banderas' y encontraba que tenía sentido, pero el amor del que habla Margot no es un amor a la bandera, es un amor a la gente, a la tierra. Con ella terminé de entenderlo”.

Gepe nota un hilo entre su homenajeada y las otras sabias del folclor chileno: “Vi un video bien famoso de Violeta en el que le preguntan con cuál disciplina artística se queda, porque dominaba varias, y ella responde “con la gente”. La Gabriela Pizarro hubiese dicho lo mismo yo creo si hubiese una entrevista así de ella, que lamentablemente no hay”. Lo local es universal, intuye: “Todo lo que recopiló Margot Loyola tiene que ver con una manifestación en Chile de algo que es más grande que Chile y que va más allá de Latinoamérica inclusive. (Cristián) Warnken le pregunta a Margot de dónde viene la cueca y ella le dice que, hasta donde ella había podido ver, la cueca no era exclusivamente chilena. Tiene una estación previa en Perú, otra estación previa en España y otra más en África. Margot decía que le daba miedo seguir porque realmente la sorpresa podía ser bastante tremenda, aunque tenía claro que el origen de la cueca es negro. A mí eso me parece muy lindo”.

Antes de hacer “Folclor imaginario”, ciertas preguntas invadieron la cabeza del solista: “¿Existe un folclor exclusivamente chileno? ¿Es necesario que exista? Las dos felizmente las respondí de forma negativa. No hay folclor exclusivamente chileno y qué bueno que así sea, tampoco es necesario que exista un folclor exclusivamente chileno y qué bueno que así sea. Somos todos latinoamericanos y, volviendo a lo que decían Margot y Violeta, somos todos humanos y punto”.

- Yo creo que Chile solamente es una expresión geográfica.
- Exacto, es una delimitación ridícula y solamente le sirve a los dueños de la tierra para saber que esto es tuyo y esto es mío. Recuerdo que Lagos le regaló un charango un presidente europeo (nota: se refiere a Bono de U2) y llegaron reclamos de Perú y Bolivia diciendo que el instrumento era de ellos y que era un robo.

- Como lo que te pasó en Viña.
- Sí po, se me enojaron los bolivianos. Bueno, la cosa es que el charango es de la cordillera de los Andes y eso involucra a varios países, pero al final qué importa, ¿por qué un instrumento musical tiene que ser exclusivamente de alguien?. A eso se refiere Margot, a eso se refiere su trabajo. Lo que existe en el mundo se manifiesta aquí con nuestro fenotipo y nosotros somos así, somos una mezcla de mapuche con español o no sé con qué cresta. José Donoso decía que es un misterio ser latinoamericano porque no hay una cantidad exacta de sangre indígena o de sangre europea en ninguno de nosotros. Somos lo que está al medio, ese 98 por ciento, en ese misterio residimos.

- Somos huasos que tocan música africana.
- Claro, aunque yo cacho que si uno va donde esos huasos con traje y espuelas y les dices “loco, sabís que lo que estai cantando viene de África”, capaz que se asusten y digan “noooooo” (se ríe). Pero es lindo descubrir que aparentemente el folclor tiene un origen medio contradictorio y que lo geopolítico, que es algo mucho más reciente, se ha visto obligado a echar mano del folclor y no tanto al revés.

- ¿Qué otra pregunta te hiciste?
- También me pregunté por el tiempo, aparte del lugar. ¿Vive en el pasado el folclor exclusivamente o es algo que está pasando ahora? Cuando presentamos el disco, Osvaldo dijo que el folclor es la manera en la que estamos hablando en este momento, ciertas palabras, ciertas cosas. Viendo a Pepe Fuentes, Esther Zamora, Claudio Constanzo, Miguel Molina y Gonzalo Gómez, siento que el folclor igual es la necesidad de sobrevivir. Hay gente que sobrevive a través de la tele y de las teleseries, otros se tomarán un trago o un ravotril, pero ellos sobreviven a través del folclor uniéndose, es algo colectivo, no hay ego. El tema no es mío, es de todos, cachai. Luis Bahamondes o Carmencita Ruiz cantan por necesidad, por su sobrevivencia cotidiana, el día a día, y lo hacen pensando tanto en el pasado como en el presente y el futuro, en lo que hicieron sus antepasados y en lo que van a hacer ellos. La relación constante con todo lo que te rodea es el folclor. Y quizás, extrapolando todavía más, el folclor es lo único que te diferencia de un animal. El folclor es tu acervo, el animal no está consciente de lo que tiene, no piensa en su universo emocional o estético, ni cuenta con la opción de tener esa conciencia como sí la tenemos nosotros. Por eso el folclor es muy necesario, porque es mucho más sabio que el rocanrol por la simple razón de que le ha tocado vivir más tiempo, cientos de años.

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-II-

- Cachai que fuimos a tocar a La Tirana, no al festival, sino al pueblo, y me invitaron al museo que está debajo de la iglesia de La Tirana. Ahí hay cosas de hace ochenta años y no vi ninguna máscara, ningún traje y ningún instrumento que tuviese que ver con lo que hay ahora y que parece tan ortodoxo. Ni siquiera los colores eran parecidos. Lo que había eran disfraces, pero de gitano, de cowboy, con eso se bailaba, las guitarras eran unas especies de banjos hechos con tarros. Todo circunstancial, eso es el folclor, es sincretismo. Para sobrevivir, tiene que asimilar cosas rápidamente, y por eso el folclor se liga a lo necesario y a lo urgente, tiene súper claro su contenido y su forma. Hay bronces porque un día vino la banda militar y se les quedaron los bronces y listo. Y andaban con esos trajes porque era lo que había, lo que veían en las películas y punto. Y, puta, como no tenían charangos, agarraron unos tarros de leche Nido, otro de Nescafé y vamos arriba, lo importante era adorar a la virgen. El contenido, no la forma. La forma está supeditada al contenido. El charango no es el folclor, no, el folclor es lo que el charango toca. Forma y contenido son cosas distintas. Muchas veces uno confunde forma con contenido, otro error frecuente es creer que la forma hace al contenido.

- Lo que describes es cómo se arma un lenguaje común.
- Claro, es lo que me decía Osvaldo Cádiz. Para él, el folclor es el sentimiento del pueblo y eso se manifiesta con lo que el pueblo tiene a la mano. Me contaba que el tango y la cueca se cantaban a capela al comienzo por necesidad, y que su origen en el tiempo es bastante similar, e incluso tenían harto diálogo, el tango viajaba para acá tanto como la cueca para allá. Yo no sabía, pero el tango, aparte de cantarse a capela, se bailaba entre hombres, y hay gente en Valpo que todavía lo hace así. Allá en Valpo he visto a cuequeros tocando tres horas seguidas con pandero, palmas y voz. Hueón, era tan lindo, tan real, tan necesario.

- Hablando de cosas reales, la colaboración más llamativa del disco es con Gianluca, y yo a él lo encuentro muy parecido a ti. Cuando empezaste, la prensa quería encasillarte tanto como a él ahora, pero yo creo que Gianluca va desmarcarse de las etiquetas por completo en el futuro.
- Eso es justamente lo que tiene un hueón como él, al Gianluca le tocó el trap, es la herramienta que tiene a la mano, pero he podido escuchar lo que está preparando ahora y es como trip hop, como Massive Attack. Nosotros grabamos unas improvisaciones, contacté al Gianluca y le pregunté si le tincaba cantar algo arriba, pensando que me iba a mandar a la cresta porque ni siquiera a mí se me ocurría qué cantar. Le mandé el audio un miércoles y antes de que terminara la semana nos juntamos donde Cristián (Heyne). Gianluca llegó, cantó al toque y la hizo. Yo canté algo después en el mismo tema, pero me colgué de su melodía. Después le mostré el disco a Osvaldo, que ya cachaba a Gianluca de nombre, y me dijo “oye, pero este niño está haciendo canto campesino, fíjate en las estructuras que ocupa”. Entonces le dije al Gianluca “oye, tú haces canto campesino” y él no tenía idea, pero se puso a googlear y a escuchar canto campesino en YouTube, es muy curioso ese hueón. Gianluca tiene esas dos cosas, el talento y las puertas abiertas del subconsciente para echar mano de todos los ritmos que viven en su sangre. Por eso no se asustó con la improvisación que le mandamos, el Gianluca es un portal, pura intuición y, como dice la Violeta, tiene una estrella en la frente.

- A todo esto, ¿qué pensai de la gente que dice que Violeta Parra es rockera?
- En términos de sonoridad, no me parece muy real, pero es bacán reconocerse en ella. La Violeta era muchas cosas y uno como quiere tenerla cerca, dice que se parece a algo que a uno le gusta. También podría decir que es pop o que es experimental. Es como cuando uno dice “mi barrio”, “mi casa” o “mi escuela”. No es por adueñarse ni por ser cabrón, es por cercanía. Los rockeros hacen lo mismo.

- La última vez que hablamos fue para el tiempo de “Audiovisión” y me contaste acerca de tu aburrimiento con el rock, que a mí me pareció muy interesante porque justo estaba leyendo sobre rockismo y poptimismo. ¿Sigues tomando distancia del rock? ¿Sigues viéndolo con ojo crítico?
- Sí, pero no quiero despotricar. Lo que pasa es que esencialmente no me gusta y, como no me gusta, estoy cargado, pero no es que lo odie. Hay hartos grupos de rock que me gustan, los últimos discos de los Arctic Monkeys me parecen maravillosos, me encanta “AM”, es muy rico y es súper rockero. Los Rolling Stones me gustan muchísimo, “Exile on Main St.” me encanta, es bien pichulero.

- ¿Tenís tu lado pichulero?
- Obvio, es que son bacanes los Rolling, su sonido uno lo tiene incorporado de alguna manera. No tengo nada contra el rock, ni quiero que se le desmerezca, es sólo que no me parece una fórmula interesante, se carreteó, entró en desuso y es un lenguaje que a mí no se me da.

- Cincuenta años siendo la mayor fuerza contracultural es suficiente, ahora el rock es el nuevo jazz y todo bien con eso.
- El nuevo jazz, sí. Se quedó pegado, se quedó demasiado gringo igual. Para mí, como fórmula, si no tiene soul, pierde todo el encanto. Igual, como te digo, hay harto rock que me gusta. Los Beatles en “Abbey Road” y la típica 'I Want You (She's so Heavy)', esa hueá es maravillosa (se pone a cantarla). Al final, por sobre los estilos, están los artistas, y si viene un artista de mente abierta a tocar lo mismo que AC/DC, aunque sea lo más canónico del rock, lo va a hacer con chispa y con inteligencia y me va a parecer bacán. Como lo hicieron Jeff Buckley o Alice In Chains, que me encantan, igual que Pearl Jam en el disco “Vitalogy”, siempre depende de los artistas más que del género si algo es bueno o no. Por eso te puedo decir que me carga el rock, pero igual hay harto rock que me parece bacán. El progresivo me encanta, Genesis me gusta mucho, inclusive con Phil Collins, el disco “Duke” es maravilloso. Uno puede despotricar contra un estilo, pero siempre hay artistas bacanes que pasan por un estilo y hacen las cosas con lucidez, como los White Stripes en “Icky Thump”, ese disco es muy avanzado conceptualmente, pura genialidad. Si alguna vez dije que el rock valía callampa, me semi retracto.

- Decir eso, para algunos, es como sacarles la madre.
- Es una cosa medio infantil, como que se sienten ahí medio aludidos.

- Como lo que hablamos recién. “Mi casa”, “mi barrio”, “mi escuela”, “mi rock”.

-III-

- Lo primero que me llamó la atención de “Folclor imaginario” fue la producción tan atípica de Heyne, ese sonido más liviano, sin capas de texturas.
- Lo que pasa es que yo tenía ganas de hacer un disco que tuviese harto aire. Si pones cinco micrófonos en un estudio y los dejas grabando, lo que registran es como una electricidad, la tierra, las partículas. Quería que hubiese harto de eso para dar la sensación de que todo estaba pasando en un momento y lugar específico. Por eso gran parte del disco son tomas en vivo, 'Joane' y 'El volcán' son las únicas canciones con postproducción, el resto es mucho aire y lanzarse. Entremedio de la grabación fui a cantar al unplugged de los Auténticos Decadentes y estuve en Buenos Aires un día. Cuando volví, quería hacer casi todo de nuevo y pedí que volviéramos a grabar. Nada de eso quedó obviamente, las versiones definitivas ya estaban porque las canciones tienen un momento y un tiempo adecuado, ahí es cuando suceden, ya estaban cocinadas en el punto preciso.

- ¿Cómo surge 'Joane'? En 'Fruta y té' criticabas los modelos de belleza femenina que hay acá y en 'Hasta cuándo con' le tirabas un palo bien bueno a la idiosincrasia chilena, pero nunca antes habías tocado un tema así de importante de una forma tan directa.
- Esa melodía empezó a aparecer cuando estábamos ensayando el disco, desde abril hasta junio, justo cuando resurgió Joane (Florvil) en las noticias porque se discutió la repatriación de su cuerpo, que estaba en el Servicio Médico Legal. Ahí empecé a reflexionar más del tema porque uno constantemente ve a peruanos o colombianos, pero los haitianos están en una posición de vulnerabilidad todavía más heavy, vienen con un chip muy distinto, con otro sentido de la colectividad, son aclanados, son menos individualistas que nosotros.

- Tiendo a pensar que los vemos con esa distancia porque el neoliberalismo está tan enquistado en Chile, que incluso determina la forma en que nos relacionamos con el resto.
- Es la masa versus la individualidad. En Chile te comportai como masa, pero al mismo tiempo querís delimitarte en tu metro cuadrado. Todos comemos del mismo plato, pero nos agarramos a codazos, que se muera el del lado. En ese sistema los haitianos quedan muy vulnerables, por eso lo que pasa con ellos es tan urgente. Y volvemos a Margot y a la Violeta, que se quedan con la gente, con el respeto por el hermano, porque el folclor es el espejo en el que nos miramos. Yo en el folclor veo a mi abuela, veo ese acervo del que te hablaba hace un rato, veo al Gianluca que es capaz de echar mano al canto campesino sin darse cuenta, cachai.

- La memoria del cuerpo.
- Tal cual. Lo de Joane se me metió mucho, me hizo pensar en un curso universitario que tomé sobre oriente y occidente, se trataba del otro, de la conciencia del otro. El otro, en términos neoliberales, es el que amenaza tu metro cuadrado. Hace tiempo escuché a un loco en la calle que iba diciendo que odiaba a los colombianos porque se reían mucho. En el fondo, lo que subyace ahí es un comentario sobre algo que hacía sentir amenazada a esa persona. Un pueblo que es negro, que habla en creol, que tiene el pelo así o asá, que tiene otras costumbres, es una completa amenaza para la gente así. Su vulnerabilidad hace que se puedan burlar de ellos y malintepretarlos, como le pasó a Joane. Esa canción se liga esencialmente con la idea de Margot Loyola de que no existe un folclor mejor ni peor que el nuestro porque nuestro folclor ni siquiera existe. Lo que existe es la gente. Yo la semana pasada me fui de vacaciones al sudeste asiático. En Indonesia y en Tailandia se expresaban de forma súper distinta a la nuestra, pero llega un momento en el que empezai a observar y te empezai a encontrar igual, hueón. Mira a estos locos, esta es una manifestación artística en la que representan al mar (muestra un video en su celular de una suerte de performance que se ve muy entretenida).

- Oh, mortal, qué ganas de participar.
- ¡Eso es! Las ganas de participar, yo igual las sentí. Qué raro y qué atractivo, ¿no? Qué ganas de estar ahí con ellos. Al final, en lo que nos diferencia está lo que nos une. La Margot y la Violeta tenían razón. La disciplina artística más importante es la gente, amar a la humanidad.

Andrés Panes
Fotos: Peter Haupt

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