"En las películas y la música yo encuentro un sentido de vida"

Gonzalo Frías y los 20 años de Séptimo Vicio
Septimo Vicio

Séptimo Vicio se ha convertido en un programa de culto. Bajo el amparo de Vía X, ha ocupado un lugar único en la televisión chilena, un bastión donde cine y música confluyen en un viaje de descubrimiento, netamente personal.

Partiendo en 1998, en mayo cumplió veinte años de existencia y aún continúa su marcha, escapando de lo estrictamente académico y apelando a la obsesión, a la curiosidad y, sobre todo, a la emoción. “Es irreal pensar que son veinte años”, dice Gonzalo Frías, su icónico conductor. “O sea, no es que haya estado contando, pero cuando uno cumple veinte es como que debiera contar (risas)”.

Ojos de videotape
Sin pruebas de cámara, sin fan club, Frías pasó de una semana a la otra de escribir los textos para los VJs de Vía X, a aparecer en pantalla. La semilla de Séptimo Vicio, sin embargo, siempre estuvo ahí. “Cuando a uno le gustan mucho las cosas, siempre está la idea de comunicar al respecto”, dice. “Me acuerdo que ni siquiera tenía una ropa adecuada, porque todos los VJs se vestían como alternativos, y yo sólo tenía ropa de deporte –que es lo que me gustaba hacer- y como no sabía cómo tenía que aparecer en la tele, me acuerdo que la primera semana de programas, o casi todo el primer mes, aparecí con ropa que era de mi papá: camisa, suspensores y pantalones y hablaba súper serio y pausado. En parte, era porque se me olvidaba y estaba tratando más de no cagarla que de hacerla bien. En estos veinte años, como que he ido buscando mi voz y mi forma, pero todavía estoy en la búsqueda”.

- ¿En toda esta historia, cuáles son los mayores hitos para ti?
- Haber exhibido “Una historia sencilla” en el cine Pedro De Valdivia, que ya no existe como cine, para grupos de fanáticos del Séptimo y, además, llevar a un grupo de abuelitos de una fundación. Eso para mí fue un hit, un premio súper importante. O haber exhibido “El gran pez” en el cine Las Lilas, que tampoco existe ya, y que a esa función fuera mi papá, desde Las Cruces. Para ver esas películas, la gente tenía que escribir cartas al programa, de su puño y letra, entonces igual hay algo análogo en todos estos años, que a mí me ha quedado mucho. Alguien que escribe una carta, es alguien que realmente quiere ver una película, y que va a entregar la carta personalmente al canal. Y a la salida de la función, se generaban conversaciones muy interesantes y nos quedábamos horas analizando. Lo rico que tenían esos cines, es que te podías quedar en las plazas cercanas, conversando. Saliendo de Las Lilas hay una plaza, también a la salida del Pedro de Valdivia. Eran dos ámbitos de convivencia súper naturales para personas que querían juntarse y ver una película.

Adaptación
Para Gonzalo, las etapas por las que ha pasado Séptimo Vicio tienen mucho que ver con un recorrido personal. La curiosidad por la música y las películas, ambas siempre observadas con la misma dedicación, fueron –y siguen- delineando el trayecto de un programa que ha ido sumando nuevas generaciones de viciosos, que comparten ese espíritu. “Hay varias etapas en todo este tiempo, y tienen que ver con quién era yo y las cosas que iba descubriendo, o las cosas de las que me hacía fanático. Por ejemplo, me daba con Tool y estaba dos meses con Tool, o me daba con Kubrick y estaba tres meses con Kubrick. Muchas veces, por eso mismo, el programa se volvía un más musical, y era porque estaba descubriendo a algún compositor. Como soy bien obsesionado, me sumerjo en las cosas y no se me quita en un buen rato, las voy estudiando y después pasó a otra cosa. Siempre ha sido bien autodidacta mi forma de aprender y mi forma de hacer el Séptimo o de aprender a hacerlo, en verdad. Ahora, estoy viendo el Discovery Kids con mis hijos y estoy absorbiendo todo. Mi siguiente libro tiene que ver con la cultura de ellos y sus miedos”, explica, refiriéndose al sucesor de “Tracking” y “Tracking 2”.

- ¿Cuándo estará listo?
- Creo que va a estar listo este año. Tiene que ver con los miedos de mis hijos y los miedos míos, y cómo al final somos -independiente de los años de cada uno- bien parecidos en esos miedos que tenemos, ante la vida o ante las películas que vemos. Es escarbar en sus miedos para encontrar los míos. En realidad, como que en las películas y la música yo encuentro un sentido de vida, entonces los estudiaría aunque no estuviera haciendo el Séptimo Vicio. Más que un refugio –que lo son- me ayudan a ver con claridad las cosas que pasan. Y muchas veces son el mejor medio de comunicación entre las personas. O sea, yo a veces me entiendo más con alguien hablando de una película para explicar algo, que explicándolo en mis propios términos, sin tener una película a mano.

- ¿Alguna vez recibiste propuestas para llevar el programa a televisión abierta?
- Me encantaría decirte que es un programa que la televisión abierta quiere en un canal, en el sentido de ser un aporte para la cultura nacional, o que me hayan llamado del Ministerio de Cultura para decirme, oye, felicidades por los veinte años del programa. Pero no lo hacen y, también, uno entiende su lugar en el mundo. No aspiro a más cosas, porque me permite tener súper claro cuál es el rollo del Séptimo Vicio, entonces estoy más preocupado del programa de mañana que de una idea vaga o ambiciosa de otra cosa. Vía X siempre me ha dado libertad total, y eso es súper importante. Yo no sé si hubiera funcionado mucho el programa si hubiera tenido una dirección editorial, o una presión comercial, o lo que fuera. Creo que el programa goza de una libertad única en la televisión también. Se me permite estar súper aterrizado y clarito, y enfocado en lo que tengo que hacer. Al final –como dice Fuguet- uno llega a los que están esperando no más, a los que quieren el Séptimo, a esos llega uno.

- A los viciosos.
- Claro, a los viciosos (risas). Y, en ese grupo, uno va descubriendo todo un mundo de personas, desde abuelitos, niños, adolescentes, papás, padres e hijos que lo ven juntos. Y me ha permitido encontrar cómo son las personas que lo ven, y ahí uno se lleva hartas sorpresas, porque uno cree que el programa llega a personas como uno no más, y resulta que no: tocas muchas teclas de la sociedad. Cuando voy caminando, a veces se me acerca un papá con su hijo, o una señora con su nieto, que me agradecen. ¡Qué la raja, ahí llega uno! Esto se va transformando en una posta generacional, y eso es súper bonito.

Por Nuno Veloso

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