Chini and the Technicians: Gestión emocional

Desandamos la ruta que los guió hacia uno de los tesoros locales del 2018
Chini and the Technicians

Equilibrar y balancear son dos actos que merodean por las cabezas de Chini Ayarza y Roberto González, los artistas visuales que integran el núcleo duro de Chini and the Technicians como cantautora y arreglista, respectivamente. «Equilibrio» y «balance» son palabras que saldrán de sus bocas más de una vez a lo largo de esta conversación. No es de extrañar viniendo de una banda que le puso "Arriba es abajo" a su debut aparecido este año, un disco que expande lo insinuado en el embrional EP "En el fondo todo va bien" del 2015, un registro de la época previa a convertirse en un quinteto compuesto por Gabriel Ardiles, Sebastián Riffo y Tiare Galaz, alias Niña Tormenta, otra de las atracciones del sello que los cobija, Uva Robot, célula colaborativa que funciona bajo el lema «canciones raras hechas por gente común» y que tiene como caudillo al cada vez más reverenciado solista Diego Lorenzini, quien produjo a Chini and the Technicians y también fue su parte de su alineación.

«Se empezó a conformar un equipo, todo se empezó a formalizar, se volvió más real. Ahora tenemos que responder a una maquinaria que pensábamos que era más simple, pero se complejizó, no por algo negativo, sino porque es natural del crecimiento. Estamos muy cómodos ahí, dando pasitos. Nosotros dos llenamos espacios distintos para que el grupo ande», dice Roberto. De inmediato, Chini complementa el punto: «Lo que hacemos es el resultado de un equilibrio, de una dualidad». Conversando con el tándem, muchas veces él inicia una idea, ella la termina y viceversa. Mirándolos bien, parecen tener la clase de comunicación telepática que suele atribuirse a los hermanos gemelos. Por lo que cuenta Roberto, así también se resguardan mutuamente: «Como hay redes sociales, uno ve los rollos de los demás. Yo siento que nosotros como banda nos cuidamos harto, gestionamos emocionalmente lo que hacemos. Siento que aprendemos del entorno, cachando las cosas malas que le pasan a otros o las cosas bacanes que hacen».

El circo de las apariencias, para Chini, es algo que hay que sortear con autenticidad: «Buscamos representar bien a la banda, decir "aquí estamos, esto es lo que hemos logrado" y al mismo tiempo tambien informar que la hueá no es fácil, pero sin quejarse, lograr un balance, pero no dar la impresion, que es algo que pasa mucho en redes sociales, como de que todo sale estupendamente y todas las tocatas se llenan, y no, hay tocatas muy muy buenas y otras que no. Queremos transparentar eso para que no se desalienten los que estan empezando». Roberto aporta al punto: «Es legítimo trabajar en la imagen, pero creo que igual hay que generar un equilibrio entre lo que te pasa realmente y lo que proyectas». Chini remata: «Hay gente que copia modos de hacer música, pero independiente de que te vaya bien o te vaya mal, por el hecho de no ser genuino contigo mismo, va a llegar un momento en el que te vas a hacer daño como persona. Después siempre vas a estar tratando de alcanzar algo que no eres. En el caso de lo que hacemos, quizás no sea lo más cool ni lo que está más de moda, pero es algo en lo que estamos de acuerdo los cinco».

Aparte de balancear las opiniones de media decena de personas, Chini debe hacer lo propio con lo que pasa dentro suyo: «En hacer canciones encontré una manera de expresarme, pero en mi día a día me siento media brutanteque. Como si el resto del tiempo en que no hago canciones fuese un relleno, una masa, una greda». En "Arriba es abajo", el nivel de introspección compartido es altísimo. En palabras de Chini: «El disco se trata sobre tener todo muy claro y sobre cómo después eso se derrumba y se va a la mierda». Roberto le sigue el hilo: «Es un disco medio oscuro igual, pero yo creo que esa sensación es bacán. Para mí, por lo menos, la pega de ir a esos lugares es deconstructiva, no es un intento de meter miedo. Hay caleta de cosas que uno no entiende de sí mismo, y siempre esas sombras se relacionan con lo oscuro y lo oscuro se relaciona con cosas terribles que dan miedo». Chini redondea la idea esbozada: «En realidad, lo peor es tener un punto ciego, no querer ver algo oscuro de uno mismo. Hacerse el hueón es mucho más peligroso».

Las canciones del disco son de un período negro para Chini: «Vienen de un proceso en el cual estaba trabajando jornada completa y me estaba independizando. Mi trabajo no me gustaba y estuve muy sola, haciendo mucho trayecto al trabajo en micro. Andaba cantando escondida en el baño las cosas que se me ocurrían, estaba muy coartada en el proceso creativo y eso, de alguna manera, hizo que me salieran más ideas. Ahora tengo más tiempo libre porque me dedico sólo a la música y me cuesta más componer, y la diferencia es que antes estaba súper aferrada a algo chiquitito, a lo que quedaba de mí dentro de esa pega. Eran los últimos coletazos de la adolescencia, si es que puedo llamarla así porque ya estoy llegando a los treinta. A esta edad se profundizan las relaciones con los amigos, se convierten en familia».

La aridez del medio artístico hizo que se refugiaran en la música. Sin embargo, por su formación, no pueden evitar la reflexión permanente sobre el oficio que ejercen. Por la cabeza de Chini rondan asuntos apasionantes: «Pienso harto en la pugna entre lo under y lo mainstream. Lo under viene desde un lugar específico que de repente puede ser más genuino y lo mainstream es mainstream porque logró tocar una fibra generalizada, pero eso no necesariamente es algo bueno. Y es difícil porque uno como músico quiere comunicarse con la mayor cantidad de gente posible». La conclusión de Roberto lleva a más interrogantes: «Es probable que uno no esté de acuerdo con la sintonía del mundo, pero si el mundo está de acuerdo con lo que estás haciendo, ¿qué dice eso de ti? Estás poniéndole fichas a una cosmovisión que todos compartimos, ¿pero estamos bien? ¿El mundo está bien?».

Si arriba es abajo, como plantea el viejo principio, entonces hay preocupaciones mundanas que calan igual de hondo. La de Chini, como mucho de lo que hace, es más seria de lo que parece: «Mi rollo ahora último es preguntarme si no me habré puesto muy vainilla pa' mis hueás. Me complica pensar qué estoy haciendo. "¿Esto soy yo o esto es lo que otros ven en mí?". Me carga que la agente asuma que soy tierna. No, hueón, soy súper pesada (se ríe). ¿En qué momento di esa impresión? ¿Será mi forma ósea? Me carga que me infantilicen, que lleguen y me agarren las mejillas, cachai». Entre otros prejuicios con los que deben lidiar está el social, por venir de la Católica y no ser precisamente de extracción popular. «Un loco comentó "así suena Providencia" cuando subimos el disco a YouTube», cuenta Chini antes de mostrar su costado más lúcido: «No quiero hacerme la loca con los privilegios que tengo. Aunque soy mujer y muchas veces es una paja, también soy blanca y recibí una buena educación, cachai. Por lo general, uno no se da cuenta de cómo operan los privilegios. Uno se da más cuenta de las discriminaciones que sufre».

Con rollos y todo, Chini and the Technicians se declaran contentos de encontrarse en la situación que están, especialmente Chini, ya libre de sus viejas amarras: «Cuando me fui de mi trabajo en esa empresa, pensaba "lo di todo por esta pega, qué brígido irme", para mí era súper fuerte, y no po, al día siguiente ya tienen a otra persona haciendo lo mismo que uno, todos son descartables ahí. En ese sentido es bacán trabajar con amigos porque, independiente de que dejemos de trabajar juntos, o incluso aunque dejemos de ser amigos, siempre va a quedar el recuerdo de que nos importó el otro, de que trabajamos considerándonos».

Andrés Panes

Chini and the Technicians será parte del festival UVA Robot, este sábado 10 de noviembre (Casona Nemesio Antúnez), junto a Mora Lucay, Diego Lorenzini, Niña Tormenta, Rosario Alfonso y mux. Entradas por Eventrid.

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