"Armados con la verdad vamos para adelante"

Enrique Videla, guionista de la exitosa "La cacería"
Enrique Videla - La Caceria

Sobre la nueva miniserie “La Cacería”, co-escrita junto a Rodrigo Fluxá, habla en exclusiva el guionista de las exitosas “Prófugos”, “El Reemplazante” y “El Gen Mishima”.

El "Gen Mishima" y "Volver A Mí" –ambas nominadas a los premios Altazor por mejor guion-, "El Reemplazante" –ganadora de dicho premio-, "Prófugos" –nominada a los premios Emmy internacionales-, "Los Archivos del Cardenal", "Pulseras Rojas", "Derrotados", "Amar y Morir en Chile" y "Zamudio", son algunos de los nombres de las miniseries en las que Enrique Videla, guionista, ha estado involucrado, ya sea desde su concepción misma o en alguna de sus temporadas. Además de escribir para televisión, Videla ha creado obras teatrales como "Apocalipsis When" y "Antares de la Luz", además del cómic "Martin Warp", junto a Abel Elizondo.

La miniserie “La Cacería” se encuentra basada en la investigación de Rodrigo Fluxá sobre el psicópata de Alto Hospicio. Ambos trabajaron por primera vez juntos en "Zamudio", basada en "Solos en la Noche", también libro de Fluxá. Videla se encuentra de lleno ya trabajando en "Un Simple Soldado", una miniserie sobre Augusto Pinochet, con Alejandro Goic en el rol principal. Sobre su sorprendente carrera en ascenso conversamos en exclusiva para esta edición de Rockaxis.

- Comenzaste con "El Gen Mishima", una apuesta bastante arriesgada la de entrar a un canal abierto con una serie de ciencia ficción.
- Creo que fue algo curioso lo que ocurrió con "El Gen Mishima". Yo estaba ahí con Vladimir Rivera como co-guionista, y eso se hizo con fondos del CNTV en el 2007-2008 porque, en general, los canales son bien reticentes a financiar series ellos mismos en un 100%, ya que no le ven un público tan claro como a otros productos. Creo que nos benefició mucho en ese momento que a "Lost" –una serie que no entendía nadie-  le estaba yendo muy bien en Canal 13. La primera y la segunda temporada, como que las veía todo el mundo y tenían más público que los estelares. Llegamos entonces con esta serie de ciencia ficción, que nosotros también decíamos que no era 100% ciencia ficción: es ficción cotidiana, está ambientada en la actualidad (no en el futuro), no es ciberpunk, es biopunk -porque hay temas genéticos involucrados-, y nadie la entendía tampoco. Como el mayor hit del año era una serie que no se entendía, yo creo que ellos dijeron “esta es la mano, hagamos series crípticas, y puede que tengamos otro Lost”, lo que era una buena apuesta. En la práctica, no llegamos a tener el público de "Lost", pero para el estándar actual creo que la vio harta gente. Yo particularmente valoro que, como era un producto bien atípico en la pantalla local, la gente que la vio se acuerda. Tenía un público bien apasionado, nos mandaban fan art, cosas así. Creo que también el género llama a eso y uno construía personajes más desde la visualidad. También el fan de la ciencia ficción tiende a ser más participativo, y a defender las cosas que le gustan.

- Me imagino que fue grande el salto de pasar a escribir "Prófugos" para HBO y pensar en otro público. ¿Cómo fue esa experiencia?
- Lo más difícil fue pillar el tono y aprender a escribir de una manera que fuera comprensible en toda Latinoamérica. En general, abordamos los personajes con un lenguaje más bien seco. Pero nos permitimos ciertas licencias con algunos y, justamente, el que hablaba de manera más coloquial terminó siendo el más popular de la serie: Mario Moreno, interpretado por Luis Gnecco, un personaje que era la peor persona del planeta. La interpretación de Gnecco ayudó, pero tenía más naturalidad, más humor, más violencia, más extrañeza y eso lo fue haciendo un personaje más atractivo en relación a los otros. Eso es desde la perspectiva de guion, pensando en escribir los diálogos. En términos de historia era un desafío interesante, porque en ese momento no había tantas series de acción como ahora, el único referente era "24" y, más o menos, mientras estábamos trabajando en "Prófugos", empezaron a salir cosas medio parecidas, como la segunda temporada de "Prison Break".

- La segunda temporada de "Prófugos" fue nominada a mejor serie en los Emmy internacionales. ¿Cómo fue para ti esa noticia?
- Fue una súper buena noticia, no te voy a mentir. Perdió contra "Utopia", si no me equivoco, una serie inglesa bastante buena. Así que, por último, tengo ese alivio, de saber que si perdimos fue igual contra una cuestión power. Competimos con producciones extranjeras que, más allá de los presupuestos, vienen de una industria con harta estructura y talento.

- Afuera funciona harto el concepto del creador de una serie, se utiliza incluso para promocionar los títulos. ¿Crees que falta eso en Chile, considerar más la figura del guionista en televisión?
- Más o menos. Es una pega poco valorada, eso es una realidad. Por otro lado, creo que se podrían, eventualmente, hacer cosas. Es un tema de que la industria no ha evolucionado lo suficiente en términos generales y repercute en eso, pero no es la única causa. Por ejemplo, los productos de calidad en Latinoamérica y en Chile suelen tener un esquema de producción muy parecido al cinematográfico. Se trata de que haya una estética, una forma de trabajar, de conseguir financiamiento y una forma de filmar muy parecida a hacer una película independiente. El grueso de los autores que trabajan en eso viene también del cine y, en el cine independiente, el autor tiende a ser el director. Entonces, de alguna manera, la miniserie se ve como película y el director tiene más autoría al respecto. En Estados Unidos tienen otro sistema, ya que tienen como un show runner que no solamente crea la historia, sino que también elige a los directores, la estética y el tono, y se queda hasta el montaje final. Tiene que ver con todo un proceso donde de verdad el guionista también es un productor ejecutivo, está mucho más presente en la toma de decisiones y eso le da más poder y capacidad de poner el nombre. No es algo de mala voluntad, yo creo que son dos tipos de industria bien distintas pero, para mí, lo más importante es que se sigan haciendo ficciones y ficciones de calidad. En la medida en que la gente responda a eso, eventualmente puedes ser reconocido por tu trabajo, pero requiere de una transformación un poco más grande. Ahora recién se está hablando acá del valor de idea original. Antes, como hasta el año pasado, tú entrabas a un canal y firmabas un papel que decía que las ideas que uno tenía eran propiedad del canal. “Esta serie fue creada por X canal”, decía en el contrato. Loco, ¡el canal es una entidad incorpórea, no tiene la capacidad de crear nada!, era un contrasentido. El año pasado aprobaron la ley Larraín, que defiende derechos de directores y guionistas y ahora, por último, se reconoce que las series no son creadas de la nada, que hay personas con nombre y apellido que aportan a eso. Igual hay guionistas que generan marca, en las teleseries, que son más industriales y es un medio de producción que es televisivo, excepto las que tienen más vocación cinematográfica.

- Has tenido excelente repuesta del público además de recibir premios, y las series donde has estado involucrado han ido introduciendo temas sociales y políticos. ¿Cómo se han ido colando en tu trabajo?
- Desde siempre fue así. Es que, mira: un thriller policial puro y duro, con un policía siguiendo un asesino y pistas, no es que me parezca malo como género. Pero, personalmente, no me es tan interesante. Me es más interesante meterme en un crimen y, a partir de ese crimen, ver cuáles son los elementos: qué es lo que está en juicio, dónde se origina la violencia, de dónde viene el crimen. En el caso de "La Cacería", es la historia de un psicópata, sin duda, pero no es la historia de un psicópata solamente. Es la historia de un contexto social, de este pueblo, de la ciudad que está al lado, de un cambio político, de un sistema clasista y misógino que es sistemático y que de alguna manera replica la violencia del asesino. Eso es interesante para mí. Prácticamente en todas las series uno trata de ir metiendo temas. Incluso en "Prófugos", que es una serie de acción, a mí me parecía interesante –con todo respeto, no me parecería interesante hacer algo como "Rápido y Furioso", que está bien- en medida de que tienes esta historia de acción y narcotráfico, con los personajes huyendo, pero también hablaba un poco de las secuelas de la historia reciente de Chile. Tienes un personaje con un pasado, y ves que el pasado político chileno repercute en esto, no es solo acción. Es principalmente una historia de acción, pero siempre hay un eco de algo, y Chile también es un país que tiene un cierta particularidad, donde no puedes hacer una historia de genero 100%, porque la gente no se lo cree, tiene que tener una cierta cuota de realidad. Hay que tratar de agarrar esa cuota de realidad necesaria, que hace verosímil la historia, para poder explorar otros temas. "El Gen Mishima" era prácticamente una metáfora de Colonia Dignidad, más o menos una alegoría. Siempre ha habido un trasfondo político y social en las cosas que hago, incluso en las más pelacables, como Martín Warp o "Apocalipsis When", porque vivo en este país y estoy golpeado por sus injusticias, desigualdades y su historia, igual que todos. Eso, de alguna manera, se tiene que reflejar en las historias. No puede ser de otra manera, para mí, por lo menos.

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- Cuando te llegan propuestas, ¿hay una elección sobre qué contar y qué no?
- Siempre digo que no hago comedia. Y es mentira, porque sí hago comedia, y me gusta la comedia. Pero en Chile la comedia tiende a ser súper –no toda- un poco gruesa y, en general, la comedia en la televisión chilena tendía a confiar mucho en los estereotipos. Hace un par de años estaba Tony Svelt en Viña como un personaje gay, y yo no lo podía creer, ¡en el siglo XXI, caricaturas gay así de gruesas! Así que tiendo a decir que no hago comedia, porque tengo la impresión de que no va a haber suficiente control del tono que va a tener. Preventivamente digo que no, me voy a quedar con el drama. Es porque siento que el drama –como tiene que mantener al menos una pata en la realidad- te permite un poquito más de control. Creo yo, con todo respeto para la gente que hace comedia -porque hay de todo- que es difícil particularmente hacer comedia en televisión abierta y con control editorial, por decirlo de alguna manera. Pero sí se puede hacer algo como "El Reemplazante", que es una serie sobre educación, y la historia te exige tener un punto de vista. Eso me gusta. Es un poco lo que está en "La Cacería", y por algo el primer capítulo está tan centrado en la relación entre los familiares y los policías, porque no queríamos partir de una cuota tan de ficción -y podríamos haber partido de esa manera, centrándonos más en la investigación y en el personaje protagónico- pero, para nosotros, era más importante hablar del contexto para poder entender y entrar en la historia.

- ¿Cómo fue trabajar en "La Cacería"? Rodrigo Fluxá tenía una investigación sobre el asesino y ustedes habían trabajado juntos anteriormente en "Zamudio".
- Con Rodrigo habíamos trabajado en "Zamudio", que estaba basada en su libro. Ahí fue un proceso más donde Rodrigo hacía comentarios y notas. Fue la primera vez que trabajamos en conjunto, y ahí él tenía ese rol, pero siempre su intención fue escribir también. La escritura de crónica periodística no es exactamente lo mismo a escribir una serie de televisión, pero tiene ciertos elementos en común. Hay que saber construir tensión, saber dosificar la información y generar una historia atractiva. Rodrigo ha visto varias series, igual que yo, entonces tuvimos cierta afinidad en "Zamudio", y al proyecto siguiente empezamos a escribir en conjunto. Acá, en "La Cacería", yo tengo el cargo de jefe de guion. En general yo hacía la edición final, y los diálogos los escribíamos entre los dos.

- ¿Qué licencias se dieron para intentar hacer una buena historia de ficción y la vez ser fieles a la investigación?
- Cuando empezamos a trabajar en el caso, el tema que tenía mayor potencia en la memoria de la gente, y una de las cosas más brutales, era la poca investigación policial y el cómo los carabineros fueron partícipes de este proceso de discriminación y, muy probablemente, responsables de la muerte de varias de las niñas, en términos de negligencia. Si hubieran actuado antes, ellas estarían vivas hoy día, y esa es una realidad concreta. Hasta el día de hoy, mucha gente en Iquique y en Hospicio tiene la idea de que los carabineros, por la inacción que tuvieron, fueron de alguna manera cómplices del asesino. Entonces, para nosotros, el mundo policial no solamente tenía que ver con respetar ciertas convenciones del género -el tema de la investigación era algo central de lo que queríamos contar- pero contar además de un clima de corrupción con ciertos elementos casi como de thriller conspirativo que, a medida de que va avanzando la historia, te vas empiezas a dar cuenta de que las personas que están en una posición de autoridad tienen segundas intenciones y que no son buenas. Eso, para nosotros, era interesante y se narraba mucho mejor con un policía que estuviera metido adentro de la institución. El policía hizo un montón de cosas en la serie que están inspiradas en elementos reales: hay una escena -en el capítulo 1- donde le pregunta a los familiares por la prenda de ropa favorita de su hija. Esa fue una de las preguntas que hizo el policía, y que lo convenció de que no se trataba de una fuga, porque nadie se va de su casa sin su ropa favorita ni dejando la alcancía llena. Eso viene de la realidad. En el capítulo 2, el viaje a Tacna, estos dos policías se van de encubiertos en una operación ilegal para ver si están las niñas desaparecidas prostituyéndose, y eso suena inventado. Pero eso pasó. Cuando Rodrigo me dijo que cuando el policía preguntó “¿Y cómo cruzamos a las niñas?”, le respondieron “en la maleta del auto”. ¡Yo no podía creerlo, porque sonaba como ficción! Dos policías encubiertos, en prostíbulos en Tacna, viendo si pueden traerse de vuelta a las niñas ilegalmente y cruzar la frontera, es casi como la premisa de "Taken". Pero pasó, y lo que él descubre es que la cantidad de plata que ganaban las prostitutas en Tacna era una miseria en comparación a lo que ganarían en Iquique, y con esa evidencia desarma la teoría de carabineros, diciendo que es imposible que se hubieran ido a ejercer la prostitución, porque estarían perdiendo plata, y nadie hace eso. Entonces él llega y dice: “este es un asesino en serie”, y se rieron en su cara, en la realidad. A pesar de todas estas evidencias que te digo, la policía se resistió a seguir investigando.

- La negligencia de Carabineros es clara, y justamente hoy están en tela de juicio por un montón de irregularidades que han salido a la luz.
- Ese fue un tema en el proceso, porque algunos productores encontraban un poco inverosímil el nivel de negligencia. Entonces, me preguntaban: ¿La policía es negligente o es corrupta? Y yo les decía: las dos cosas. No es que una excluya a la otra (risas) y, de alguna manera, todos los casos que han ido saliendo -desde Operación Huracán hasta los robos en el alto mando- han ido apoyando esa tesis. Yo creo que, en otra época, quizás hubiéramos sacado la serie y Carabineros hubiera dicho “no, esto es contra la institución”, pero las evidencias de que la institución está bastante deshonrada como está son bastante fuertes. Y el caso de Alto Hospicio es de una negligencia particularmente inescrutable. No han dicho nada hasta ahora (risas) pero después, en los capítulos siguientes, quedan peor.

- Es un momento propicio para lanzar la serie.
- Yo creo que hay que tener fe cuando uno se aproxima a estos temas. En Chile uno se demora en hacer series, desde que tienes la idea a que llega a la pantalla pueden pasar fácilmente tres o cuatro años. No hay un momento propicio, a veces tienes la suerte de que coincide con un momento, pero uno no puede planificarlo así. Cuando empezamos este proyecto, no podíamos saber lo desprestigiada que iba a estar la institución al momento del estreno. Por eso había que ir con fe no más, para adelante, y correr ciertos riesgos apoyados por la verdad. Porque los datos reales eran demasiado indiscutibles como para que alguien dijera algo. Si hubiera tocado algún momento en que la institución hubiera estado bien evaluada, a lo mejor un montón de gente se hubiera choreado, pero yo creo que no. Porque es inexcusable, y porque el grueso de la población chilena sabe lo que es la discriminación y sabe cómo te tratan cuando vas a poner una denuncia. Tal vez no es una verdad que esté tan presente en los medios, pero es una verdad de la experiencia humana. No necesitas estar familiarizado con el caso de Alto Hospicio. Lo sabe cualquier persona que es de un origen humilde y que le ha tocado enfrentarse a la autoridad. Como te digo, armados con la verdad vamos para adelante.

- Hay que esperar lo que va a pasar cuando salga la serie de Pinochet, en la que estás trabajando. Sé que no puedes contarnos mucho aún sobre esa serie.
- Ese material es, pero…uf. Porque el personaje es muy particular, y está muy mitificado desde la izquierda y desde la derecha, y todo el objetivo de la miniserie es desmitificar al personaje. Entonces, está cuático. Es el protagónico y la historia está narrada desde su punto de vista.

Nuno Veloso

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