Andrés Calamaro: El compositor no se detiene

"Los músicos somos trabajadores"
Andres Calamaro

“Siempre seguí la misma dirección. La difícil, la que usa el salmón”. Dicha frase aparece en una de las mejores canciones de Andrés Calamaro, pero también juega como declaración de principios, según se mire. El argentino está de regreso con un trabajo que lo encumbra una vez más en los sitios de privilegio, al lado de otras joyas de su catálogo.

“Cargar la suerte” es una cría escrita y cantada con las vísceras, personal y equilibrada -un logro que no siempre consigue el bonaerense-, pero qué le importa. El camino es uno solo y él lo ha transitado de formas irregulares, peleándose con todos, entregando canciones memorables, guardándose en los cuarteles de invierno para luego renacer en rimas notables, buscando influencia e inspiración en los rincones que valgan la pena. «Soy un intelectual autodidacta. No estaba leyendo a Nietzsche cuando escribí estos textos. Son apenas citas. La idea de Las leyes de la tribu y las del corazón -de la canción ‘Adán rechaza’- es textual de Vicente Huidobro, el titán del creacionismo poético chileno», ofrece como ejemplo Calamaro, bien informado sobre los tótems artísticos de nuestro país. «Escribir citando lugares, referencias temporales o hilachas de literatura, es inevitable. Intento eludir los textos completamente referenciales en la medida de lo posible. Escribo en primera persona pero con los ojos abiertos», complementa, explicando las menciones a Sabina y Maradona que también se encuentran en esta obra de estudio y que jamás esconde.

Esta versión 2018 de Calamaro llega en un apartado importante de su almanaque. De alguna forma, “Cargar la suerte” guarda una relación casi imperceptible con sus inicios. «En estas mismas fechas, hace cuarenta años, estaba grabando el primer disco en donde participo. De aquel aspirante a músico queda el respeto y la camaradería con mis colegas de oficio, aprendí el significado de swing para tocar sobre la clave de candombe, las primeras fricciones armónicas. Era la semilla del músico que pude haber sido», apunta con humildad, refiriéndose a “B.O.V. Dombe”, primer álbum de los uruguayos Raíces. Punto de partida para una carrera que se ha desarrollado en diversos países, material suficiente para ser un relator avezado en sus canciones, adoptando roles que se desdoblan y estiran, sin ver dificultad alguna en tocar con Pablo Lescano (genio de la cumbia villera), La Bersuit, Cerati, o ser telonero de Bob Dylan.

- En el video de 'Verdades afiladas' interpretas a un taxista, un personaje que siempre es testigo o protagonista de muchas historias. ¿Te sientes de alguna forma cercano a alguien así, en tu trabajo de compositor/artista?
- El taxista psicoanalista escucha muchas historias, pero sospecho que cada vez menos. No es por falta de paciencia. Ahora los pasajeros aprovechan para mirar otra vez los artefactos telefónicos. Aunque no es el caso del taxista del video, que está inspirado en el filme de Martin Scorsese: “Taxi Driver”, filmada en 1976, antes de la existencia de los «teléfonos vampiros». Como autor puedo contar mi propia historia, o escribir fantasías inspiradas en el propio ritmo de los versos. Ocurre con la música popular, que el autor se disuelve y aquellos que escuchan canciones (cantadas en este idioma) consiguen hacer propias estas experiencias, por así decirlo. Pinta tu aldea y serás universal.

- Tienes fama de contar con mucho material a tu disposición, ¿cómo realizaste la elección para este disco? ¿Las canciones de "Cargar la suerte" son recientes?
- Las canciones son recientes, de este mismo año. Algunos textos los escribí el año pasado, pero las canciones (letra con música) son nuevas ahora. Mi opinión es que la música tiene un componente atemporal. Hay discos grabados hace sesenta años y el interés musical permanece intacto. La música sospechada de ser «arte» la podemos escuchar mil veces, todos los días, y siempre encontramos un detalle nuevo a descubrir. Para elegir este repertorio nos descartamos de algunas canciones, es verdad. El diseño de producción aconsejaba elegir doce canciones antes de grabarlas.

En el 2018, Calamaro ya no publica canciones compulsivamente (ejemplo claro, “El salmón”, disco quíntuple publicado el 2000), pero sigue en búsqueda de muchas cosas. Da cuenta de la sociedad actual y muestra su ambivalencia hacia la tecnología y modernidad. Al ser consultado por otra de sus recientes canciones, ‘Las rimas’ -posiblemente una pariente lejana de ‘God’, de John Lennon-, apunta que «Según me interno en un laberinto de rimas consonantes -de a cuatro seguidas- el texto teje una serie de verdades afiladas. Una canción que se permite discutir y advertir asuntos que no siempre queremos reconocer. En estos últimos diez años los cambios culturales, y comunicacionales, han sido violentos. No somos las misma sociedad, acaso conservamos algunos de nuestros peores defectos. Creo que ‘Las rimas’ intenta despertar a una sociedad anestesiada por la cultura telefónica, cada vez más esclava de hábitos tecnológicos, y de información procesada por los algoritmos».

- Has sido protagonista de más de una polémica en redes sociales. En el mundo de hoy, ¿piensas que la tecnología nos terminó beneficiando o todo lo contrario?
- Es una buena pregunta. Para los músicos y compositores, la tecnología se presenta en forma de «estafa masiva» o herramienta para facilitar las producciones. El mundo cambia pero no lo hacemos cambiar nosotros. Cambia para reformular el negocio de unos pocos. Plantar teléfonos de última generación, computadoras portátiles, tabletas, es un gran negocio. Probablemente cueste el trabajo (el legado) de muchos trabajadores del sector. La tecnología es una industria como la de la guerra, el narcotráfico y las medicinas legales de laboratorios. Quizás las distracciones tecnológicas nos están evangelizando. Somos fundamentalistas de la tecnología y ya no podríamos soportar un día sin estar «conectados».

- Después de escuchar 'Nacimos para correr', años atrás, quedó una duda y prometí hacértela saber si alguna vez la oportunidad asomaba. Con todo lo que has vivido, experimentado cambios personales y sociales, ¿cómo crees que está la vida hoy en día? ¿Sientes que la gente hoy es más feliz, que la tecnología realmente ayuda al bienestar, o que la nostalgia, el sentimiento por algo perdido, es lo que realmente nos mueve como personas?
- Hubo épocas mucho peores para vivir. Sin medicinas, sin abrigo, tiempos de guerra o de peste negra. Aunque me alarma la «desaparición» de tiendas de discos, salas de cine y de teatro, y librerías. Chile y Argentina conocen tiempos mucho peores, crueles, peligrosos y sanguinarios. Si «el enemigo es el teléfono», entonces no estamos tan mal. La gente, para ser feliz, tiene que vivir con dignidad. Tener un trabajo que le permita sostener a una familia. Y comida en el plato. Fuera de lo cual, la felicidad como concepto es abstracto. No me consta que exista.

- El panorama político y social de América del Sur está siendo dominado actualmente por partidos de derecha. ¿Crees que el Movimiento No Intelectual Los Poetas de la Zurda -colectivo integrado por tí, Marcelo Scornick y Jorge Larrosa- tendría algo que decir hoy en día?
- Manifiestos como el de Los Poetas de la Zurda no pierden vigencia. En aquel momento fuimos contra reaccionarios. Lo que estaba fuera de nuestros cálculos es la «corrección política potenciada» con pretensiones de progresista. Aquel discurso de trincheras libertarias es el mismo y no perdió vigencia, aunque a veces creemos que la izquierda fue secuestrada por minorías delirantes que discuten con demasiada energía asuntos culturales desde un prisma moral no intelectual.

Calamaro siempre tiene su mirada en lo clásico. ¿Ejemplo? Por mucho que "Cargar la suerte" se encuentre en todos los formatos disponibles, él lo pensó como ha sido su tónica desde siempre. «Grabamos este disco respetando las maneras de grabar un disco de la vieja escuela. Un repertorio dispuesto para el extinto formato físico que puede escucharse en las plataformas de música a la carta».

- No visitas muy seguido Chile, a pesar de contar con un repertorio bastante conocido. ¿Escucharemos estas nuevas canciones con tu banda en un escenario nacional?
- Me explico: al disco tendrías que presentarlo tú primero; la crítica, la radio libre, la voluntad de los oyentes. Tengo la sensación de que los discos son ahora «menos importantes». Aprendimos a amar a la música (los discos) escuchando artistas que hubiera sido imposibles de ver en directo. Las giras no llegaban a Sudamérica y muchos de aquellos artistas inspiradores estaban muertos o fuera de catálogo. En cuanto a las giras, dependen de la «demanda» y el interés del respetable. Los músicos somos trabajadores, ocurre que los que podemos hacer de esto un oficio digno somos solamente algunos.

- Una vez dijiste que no sabías qué eras, que no te sentías cercano a la categoría «músico de rock». ¿Ha cambiado esa respuesta?
- Creo que soy, apenas, un músico de rock. Si alguna vez tuve más pretensiones que la de «ser», no sé en qué estaría pensando. En aquel entonces, quizás más de treinta años atrás, era un músico de rock y disfruté siendo un actor secundario de Miguel Abuelo y Charly García.

- ¿Te consideras un sobreviviente?
- Caramba, espero vivir muchos años más. Es verdad que alguna vez estuvimos «todos vivos». Me cuesta acostumbrarme al mundo sin algunos de nuestros músicos más queridos, mis compañeros.

Jean Parraguez

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