Zeitgeist

Zeitgeist
2007. Reprise

Billy Corgan porta un ego del tamaño del Empire State, pero hasta el exuberante “Mellon Collie and  The Infinite Sadness”, no se destapaba por completo. El punto de inflexión absoluta que conllevó los primeros atisbos de crisis, dentro del reinado del apóstol del rock alternativo de Chicago, ocurrió luego del deceso por sobredosis del tecladista Jonathan Melvoin, que acompañaba a la banda en la gira del irrepetible disco doble de 1995. Desde entonces, el calvo músico y alma mater del cuarteto de calabazas, jamás fue el mismo; reiterativos embates de ira contra sus compañeros de años pusieron en tela de juicio, en innumerables ocasiones, la continuidad de los Pumpkins a fines del siglo pasado.

La complicidad en la fatal jarana que despidió de este mundo a Melvoin, terminó sacando a Jimmy Chamberlin y la cosa se puso color de hormiga. El primer vestigio de un desacierto pronunciado que tendría en “Adore”, el fundamento de mayor peso, para reconsiderar un tremendo error. Un año tardó la vanidosa existencia de Corgan en dar un paso al costado y reconocer que ese intento de adaptación tecnológica, aunado con un declive en el protagonismo de las guitarras, no llegaba ni a un tercio de la chispa de alguna de las composiciones de su tridente mágico de la primera mitad de los noventas. En gloria y majestad, el otrora centro de las odiosidades retorna para volver a sentarse en el sillín y dejar su marca en “Machina/The Machines of God”, un disco que puso fin con el abuso de samplers y sintetizadores de su predecesor (no olvidemos también su interesante secuela rechazada por Emi y posteriormente publicada en la red); una solución parche para un vínculo desgastado, que estiraría el elástico hasta finales del 2000.

Lo intentó con Zwan, luego con un ambicioso álbum solista, también buscó algo de inspiración en sus amados New Order, pero el cada vez más iracundo deseo de Billy por revivir su creación culmine, ya no daba abasto. Incluso en los mencionados Zwan, logró en cierta forma, atraer a los fieles siervos de la parroquia Pumpkins, pero el positivismo y luminosidad de ese material, distaba en demasía del mensaje desencantado que prevaleció por siempre a las leyendas de Chicago. Y es ese concepto amargo, la pasta esencial que envuelve este sorprendente retorno de Smashing Pumkins (al menos un nuevo intento del dueto Corgan-Chamberlin, considerando la cada más lejana posibilidad de limar asperezas con Iha y D’arcy ), tras un hiatus de siete años.

El concepto tras “Zeitgeist” ahonda en el espíritu apático que en estos tiempos impera en Norteamérica. Una postura anti-sistémica,  que pese a no ser una novedad fulgurante a estas alturas, recupera la amargura y frustración del Corgan más inspirado y venerado. Pero lo que más conmueve y emociona al reproducir ‘Doomsday Clock’, es tal vez el detalle que todos los fanáticos de los “golden years” esperaban. Me refiero a la vuelta de esa rítmica abrasiva que acabaría autoinmolándose en “Siamese Dream” y pondría a las calabazas en la espita estelar del rock alternativo de los noventas; El crudo dueto que forma este corte con ‘7 Shades of Black’, embriaga por si solo con los redobles de Chamberlin, teniendo esta canción, una particular reminiscencia con el corte de “Machina II”, ‘Dross’.

La melancolía pura de ‘Bleeding The Orchid’, posee una melodía hechizante que me recuerda a la oscuridad de Alice in Chains, pero más por los riffs atonales de Cantrell, que por el registro de Corgan, quien siempre se ha diferenciado de la agónica etiqueta del recordado Staley. Por otra parte, el parentesco conceptual de la hermosa ‘Thats The Way  (My Love is)’ con el esperanzador mensaje de Zwan, podría situarse perfectamente como una relectura o un puente aislado hacia lo que ya conocíamos en “Mary Star of The Sea”. Una carta a corazón a abierto, cuya dedicatoria podría ser dirigida incluso para algún amorío del pasado (¿Courtney Love?... quién sabe).

 Un breve interludio sentimental para retomar las frustraciones ante la contingencia en el single ‘Tarántula’, otro vestigio irrefutable de la maestría de los Pumpkins (perdón, Billy), para seguir llevándola con su aún efectiva, mixtura de distorsión melosa que ya es marca de la casa. En este sencillo, Chamberlin se muestra nuevamente inmenso y omnipresente en la base rítmica.

En ‘Starz’, es cuando llega el instante de aplaudir esa mezcolanza que bascula  la crudeza del disco de las niñas angelicales, con la épica y ambición de “Mellon Collie...”. Créditos sin discusión para dos gurús en las teclas del linaje de Terry Date (Pantera, Deftones) y Roy Thomas Baker (Queen), mentores expresivos de esta impronta sónica. La segunda parte de “Zeitgeist”, aporta más variedad y denota las señales más experimentales de toda la placa, destacando en ese segmento, la presencia hard rock en ‘(Come On) ¡Lets Go!’, o el propio llamado revolucionario con aire de “jam session” que denotan los casi diez minutos de ‘United States’. Incluso para los viudos que añoran las maquinarias de “Adore”, hay un breve espacio en la gótica ‘For God and Country’, que precede el cierre celestial de ‘Pomp and Circunstances’.

En “Zeitgeist” no podemos alabar y celebrar de pie los discursos rupturistas de Corgan. Acá lo que sobresale es una flamante sinfonía de guitarras y una nueva montaña rusa de sentimientos, narrados como sólo el creador de “Gish” sabe. Un puñado de las canciones más inspiradas que le hemos visto en doce años al dictador-genio de las calabazas que con este nuevo opus, vuelven a brillar en el fundo del rock contemporáneo. Gracias patrón.

Francisco Reinoso Baltar

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