The Years of Decay

The Years of Decay
1989. Megaforce Records

Como la mayoría sabe, el incipiente y agresivo nuevo estilo del metal en la primera mitad de los ochenta fue el Thrash Metal y su epicentro fue la zona denominada como la Bay Area en San Francisco, California. De ahí surgieron Metallica, Exodus, Testament y varios más. Pero en la otra costa de los Estados Unidos no quisieron ser menos, y al mismo tiempo que en la Bay Area, en la gran manzana de la metrópolis Nueva York, la respuesta surgió de la mano de Anthrax y nuestros invitados, los geniales Overkill. Sin duda, como toda urbe gigante, la gran manzana también tenía su lado lleno de escoria y “basura”; un lado under, podrido y agresivo, y Overkill representaba lo mejor de todo eso, siendo una de las bandas seminales del “Thrash” de Nueva York.

También surgidos bajo el alero del “profético” Jon Zazula dueño de la prestigiosa tienda de discos “Rock N’ Roll Heaven” y fundador de uno de los primeros sellos de metal independientes, como lo fue Megaforce Records, en numerosas oportunidades Jonny Z ha contado que durante sus inicios, Metallica, Anthrax y Overkill dormían todos juntos apretujados en una modesta casa de dos pisos donde Zazula vivía con su esposa Marsha, constituyendo una especie de “gran familia del thrash metal”.

Pero para la edición de éste, su cuarto LP, “The Years of Decay”, Overkill ya contaba con un nombre y una reputación bien ganada en la escena Thrash; de todas formas fue durante 1989 cuando, según los críticos y fans, la banda lanzaba el mejor disco de su carrera hasta ese momento. Sin duda, Overkill venía en un alza sostenida de calidad y creatividad, alcanzando quizás la banda su punto peak algunos años más tarde con la edición de ese seminal y sensacional “Horrorscope” en 1991. Pero “The Years of Decay” fue un gran éxito y reconocimiento para el grupo en su momento, debutando en el lugar número 155 del chart de los Top 200 del Billboard y tuvo un gran “hit” con la canción y video de ‘Elimination’ que fue constantemente rotado en el mítico programa “Headbanger’s Ball” de MTV. Sin duda, ‘Elimination’ es una gran carta de presentación de un gran disco; un tema potente, ganchero y con un riff matador que se te metía directo en la yugular cortesía del gran guitarrista Bobby Gustafson, al que lamentablemente se le perdería la pista años después.

Pero obviamente TYOD es mucho más que ‘Elimination’; es un disco realmente oscuro, poderoso e inspirado, que reúne lo mejor del Thrash de la época, con unos afilados y aguerridos vocales por parte del líder Bobby “Blitz” Ellsworth, el bajo siempre trasteado y centelleante de su mano derecha el longevo y mítico D.D. Verni y la batería todo poderosa de Sid Falck para completar un cuarteto demoledor como pocos. Con una gran calidad de sonido gracias a la impecable producción del por entonces desconocido mega productor Terry Date (que años más tarde sería pieza vital para el éxito dantesco de bandas como Pantera, White Zombie y Soundgarden), el disco nos mostraba a unos Overkill más oscuros, épicos y con algún toque progresivo, en canciones más complejas y técnicas en su estructura, una afinación más baja y tracks de largo minutaje, que en algunos casos superaban los 10 minutos de duración.

De todas formas, nada de eso hizo que el grupo perdiera su principal cualidad que es la composición de esas canciones que tienen la facilidad de golpear rauda y rápidamente en el mentón con su andanada de riffs afiladísimos, como lo demuestra claramente el track de apertura ‘Time to kill’, que luego de una pequeña fanfarrea instrumental, aniquila de inmediato con un riff simplemente aplastante, el bajo electrizante de Verni y la voz “chillona” pero inigualable de “Blitz”. Y cuando uno aún no alcanza a reponerse del impacto inicial, de inmediato aparece ‘Elimination’ que te sigue pateando en el suelo... por algo esta canción es uno de los mayores y más importantes “himnos” en la carrera de la banda.

‘I hate’ no baja los decibeles ni la velocidad por nada del mundo, constituyéndose en otro de los momentos estelares del disco, con esos sucesivos cambios de ritmo que tan fluidamente le imprime Overkill a sus canciones. ‘Nothing to die for’ es otro de los temas “cortos” de la placa que sigue el tándem de la velocidad junto a los riffs afilados y esas letras crípticas, cuya negativa realidad podemos encontrar en cualquier metrópolis del mundo. El canon central con un doble bombo velocísimo, puede recordar la complejidad y progresiones de un referente cercano del estilo como lo fue el inmenso “And Justice For All” de Metallica en su momento.

Y una canción de largo aliento como ‘Playing with spiders/skullkrusher’ (con sus más de 10 minutos de duración), puede recordar a unos retorcidos Black Sabbath, como si Overkill quisiera inventar una nueva categoría estilística: el “Doom Thrash”, aunque claro, después de cuatro minutos y fracción dentro del averno “sabbathico”, reaparece la velocidad y nuevamente se desata un vendaval de puro thrash. ‘Birth of tension’ sigue de gran forma con esos infartantes cambios de velocidad, donde el baterista Sid Falck no le da respiro alguno a su doble bombo que pone la base en bandeja para los excelentes solos a mil por hora de Bobby Gustafson, un guitarrista al que literalmente se lo tragó la faz de la tierra y hace años que no se sabe nada de él, al menos en actividades relacionadas con el mundo de la música.

Promediando la placa llegan dos temas extensos y musculares: ‘Who tends the fire’ que tiene un inicio realmente oscuro y tenebroso, para dar paso a una monumental marcha thrasher que puede recordar algo a sus coterráneos y vecinos de Anthrax. A continuación, se da paso al tema título, que arranca en plan balada oscura, con guitarras acústicas y la voz más melódica de todo el disco por parte de “Blitz”, pero como pueden elucubrar, esa intro sólo dura durante la primera mitad de la canción, porque por supuesto, luego llega el poder de los fieros riffs de Gustafson, aunque en esta ocasión más contenidos, más mid tempo, para coronar todo con un soberbio solo, muy melódico, con un feeling infinito y rematar la canción de manera más melancólica, en sin duda, un gran momento del vinilo.

Y cerrando la cara “B” y poniéndole la lápida a un disco pesado como el granito y fundamental para pavimentar el gran nombre que representa Overkill dentro de la escena Thash mundial, el remate final llega con la asesina ‘E.vil N.ever D.ies’, otro de los temas fundamentales en la carrera de la banda y un himno infaltable en sus conciertos hasta nuestros días. La lúgubre y subterránea introducción da paso a otro vendaval desatado de pura potencia, técnica y velocidad, donde Overkill suena sencillamente infeccioso, bramando venganza y botando espuma por la boca, redondeando un gran final para un disco igual de grandioso. Claramente “Los Años de la Decadencia” demostraron ser todo lo contrario para Overkill. Con esta placa, el grupo se anotó una existencia inmortal en el firmamento metalero.

Cristián Pavez
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