Whitesnake

Whitesnake

1987. EMI/GEFFEN

Es el tiempo el que avanza muy rápido o es uno el que se va poniendo viejo. Como sea, aún recuerdo como si fuera ayer, la primera vez que de golpe y porrazo, vi el espectacular videoclip de 'Still of the Night' en ¡”Más Música”, con Andrea Tessa! Qué tremendo impacto. Me tomó días salir de mi asombro al comprobar los nuevos y monstruosos músicos que David Coverdale había reclutado para su banda. Pero vayamos por parte y retrocedamos un poco más en el tiempo para que revisemos la génesis de cómo se concretó la placa más apreciada y exitosa de la serpiente blanca.

Whitesnake desde su formación fue una banda respetada en Europa y Japón, más que nada por tratarse de la banda de David Coverdale tras su exitoso y reconocido paso por Deep Purple. Además, en sus primeras encarnaciones, la banda contó con la participación del baterista Ian Paice y el tecladista Jon Lord, ambos también provenientes del púrpura profundo. Pero Estados Unidos siempre fue un mercado que se le resistió a la banda, quizás ese estilo de blues-rock practicado por el grupo no era lo suficientemente comercial o radial para los estándares del gran país del norte. Y como se sabe, para tener éxito en todo el mundo, necesariamente hay que tener éxito en los States.

Pero a mediados de los 80’s las cosas comenzarían a cambiar. El album “Slide It In” (’84) empezó a pavimentar el éxito para la banda, lento pero seguro. Una impresionante presentación del grupo en el mítico festival Rock in Rio de 1985 junto a verdaderos gigantes titánicos del rock mundial como AC/DC, Scorpions, Ozzy Osbourne, Iron Maiden y Queen, entre otros, también sirvió para que la serpiente blanca fuera mirada con más respeto en USA. Todo estaba en el camino correcto entonces para que la banda grabara su obra maestra. Por aquel entonces en la banda estaban el tremendo guitarrista John Sykes (Thin Lizzy), el bajista Neil Murray (Black Sabbath), el baterista Aynsler Dunbar (Journey) y el tecladista Don Airey (Ozzy). Junto a ellos, todos músicos de grandes pergaminos, David Coverdale dio vida a “1987”, una placa que se iniciaba con un clásico instantáneo en la historia de nuestro querido y bendito rock: ‘Still of the Night’, un verdadero homenaje a Led Zeppelin en instrumentación y con un soberbio Coverdale en la voces. Desde el riff inicial, se trata de una canción lisa y llanamente matadora, con Coverdale jugándose de inmediato todos sus ases. Era díficil continuar el álbum en buen pie después de semejante apertura, pero ‘Bad Boys’ tiene lo suyo y con un groove contagioso tanto de los eléctricos riffs, como de ese avasallador doble bombo final, la canción te termina pasando por encima. Tremenda. Pero cuando una placa está llamada a convertirse en un clásico fundamental para la historia del estilo, es imposible que tenga temas flojos o prescindibles. ‘Give Me All Your Love’, suena mucho más americana, pero igual su ritmo es infeccioso y posteriormente probaría ser una gran canción para los conciertos en vivo. Imposible sustraerse a su gancho innato.

‘Crying in the Rain’ bajaba los decibeles y arranca como una balada. Pero poco a poco y en forma paulatina, va aumentado la consistencia para terminar en un in crescendo furioso y desatado. Coverdale también ha sufrido por amor y canta sus penurias con el alma. Que grandes vocalizaciones y magistralmente acompañadas por la guitarra de Sykes. ‘Is this Love’ efectivamente si es una balada con propiedad, es la clásica power ballad por excelencia, llena de feeling, melodía y una elegancia en los arreglos que te corta el aliento. Para enamorar y enamorarse y amar con más fuerza que nunca las maravillosas sensaciones que provoca la buena música sin importar sus etiquetas. Recuerdo algunos amigos que decían que este tema era “demasiado pop”. ¿Y eso qué importa cuando tienes una canción realmente soberbia? Por algo fue un mega hit en todo el mundo. ‘Straight for the Heart’ y ‘Don’t Turn Away’ representan derechamente el segmento más AOR del disco. Melodías magistralmente cuidadas e interpretadas, mostrando el lado más sensible de Coverdale, rebajando un poco los decibeles pero cambiándolos por elegancia y majestuosidad. ‘Children of the Night’ vuelve a desatar el ataque centelleante de la guitarra de Sykes, que recupera el poder inicial de los riffs cargados de electricidad como en ‘Still of the Night’, pero con una mayor cuota de celeridad. La version americana del disco (de sólo 9 tracks) finalizaba con ‘Here I go again ‘87’, una nueva version de un antiguo tema que el grupo ya había grabado en el pasado y que Coverdale pensaba que en USA no había tenido la suficiente difusión. Y cómo le acertó, pues la nueva versión fue otro mega éxito mundial. De este disco existía una segunda edición: la europea que era infinitamente buscada por todos, pues incluía 2 temas más ¡y qué temas! ‘Lookin for Love’ era uno de ellos, que también partía muy lenta, con mucho ambiente épico para dar paso a una canción aguerrida, llena de grandes riffs en la tradición de ‘Starway to heaven’ con final bombástico. La otra era también una auténtica joya: ‘You’re Gonna Break My Heart Again’, otro tema infeccioso, imposible de sacárselo de la cabeza con un Coverdale y Sykes una vez más robándose la película. Sin lugar a dudas, los dos bonus tracks de la versión europea eran auténticas gemas que valían su precio en oro y de alguna u otra forma me la ingenié para conseguirme ese vinilo.

Pero “1987” generó muchas cosas anexas, todas imperdibles y dignas de análisis. No hay ninguna duda que John Sykes es un tremendo guitarrista, pero el blondo guitar-hero además tenía muy buena pinta y un gran despliegue visual sobre el escenario. Dicen las malas lenguas que estó molestaba mucho a Coverdale porque sentía que le robaba protagonismo,  teniendo en cuenta que Whitesnake era el “bebé” de Coverdale. Bueno el jefe cortó por lo sano y echo a todos los músicos que grabaron la placa. Fue así como de golpe y porrazo, dio un gran batatazo a nivel mundial, estrenando a su nueva banda en el video de ‘Still of the Night’: Tommy Aldridge en batería (Ozzy), Rudy Sarzo en bajo (Ozzy, Quiet Riot), Andrian Vandenberg, guitarra (Vandenberg) y Vivian Campbell en la otra guitarra (Dio), una verdadera selección multinacional de primerísimas estrellas del rock. El impacto fue tremendo y luego de ver ese video, con mis amigos no se hablaba de otra cosa. Además la trilogía de videos de ‘Still of the Night’, ‘Is This Love’ y ‘Here I Go Again’ contaban con la infartante novia y posterior esposa de David Coverdale, la exquisita Tawny Kitaen famosa por haber actuado en algunas películas de culto como “Despedida de soltero” junto a un jovencísimo Tom Hanks y también por haber sido polola de Nikki Sixx de Motley Crue y de Robin “King” Crosby uno de los guitarristas de Ratt (que lamentablemente falleció de Sida hace algunos años producto de su abuso de la heroína). De hecho, Tawny aparece en la portada de los dos primeros discos de los geniales Ratt. Como la vida tiene muchas vueltas, tiempo después a David Coverdale le costó 10 millones de dólares poder separarse legalmente de Tawny y la chica se convirtió en una negativa influencia para la banda, pues alegaba cosas como que sus gatos angora se estresaban de tanto tiempo que pasaban en los aviones cuando Whitesnake salía de gira… juzguen ustedes…

Otro fenómeno muy interesante fue comprobar como la explosión del hair metal que había reventado un par de años antes con bandas como Bon Jovi y Poison también ayudó a que Whitesnake finalmente triunfara en USA. Coverdale adoptó la imagen de moda, se tiño el pelo rubio y explotó su sexualidad lo que más pudo, pero lo cierto es que en ese período donde triunfaban las nueva bandas americanas como Bon Jovi, Poison, Ratt, Stryper, Dokken, Mötley Crüe y otras, posibilitó que grupos que venían de los 70 tuvieran también un gran éxito como Kiss, Alice Cooper, AC/DC y los propios Whitesnake que actualizaron su imagen y sonidos hacia la nueva tendencia. Era una época excitante, mágica, inolvidable y con abundante buena música, en un período irrepetible donde nacieron muchos de los discos más alabados y recordados del rock hasta hoy. Y por supuesto, “1987” es uno de ellos, un disco maravilloso, plenamente vigente  y tan letal como el picotazo de una cobra.

Cristián Pavez

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