Viaje Por La Cresta Del Mundo

Viaje Por La Cresta Del Mundo

1981. EMI

Dentro de la prolífica discografía de la eximia banda nacional Congreso, “Viaje por la Cresta del Mundo”, ocupa un lugar especial como bisagra, pues es, a mi juicio, la obra con la que el grupo de Quilpué, reestructura su sonido de una forma drástica, y comienza a darle forma a un estilo de fusión latinoamericana más complejo, con más presencia de influencias de jazz, rock progresivo y música docta contemporánea, y con un virtuosismo instrumental de mayor peso y protagonismo.

Haciendo un poco de historia, a fines de los 70, y luego de editar su placa más desconocida –“Misa de los Andes”, 1978- tras esa obra cumbre de la primera etapa que es el disco café de 1977, Congreso sufre la partida de tres integrantes clave en su formación: el bajista Fernando Hurtado, el percusionista Arturo Riesco y el vocalista y letrista Francisco Sazo, quizás la más sensible de las tres pérdidas, debido a un periplo a Bélgica por un lustro, para doctorarse en Filosofía.

El núcleo de los tres hermanos González –Sergio, Patricio y Fernando- más el flautista Hugo Pirovic, entra en un breve receso que dura hasta 1980, cuando el baterista y principal compositor, Tilo, tomando las riendas del grupo convoca a nuevos integrantes, todos de exquisita formación académica, para llenar los puestos vacantes. Un antiguo compañero suyo de universidad y andanzas de investigación de autores doctos contemporáneos, y excelso ejecutante de bajo fretless, Ernesto Holman, empuñaría las cuatro cuerdas; dos jóvenes estudiantes de conservatorio aportarían nuevos ingredientes: Ricardo Vivanco introduciría las sonoridades de la marimba al grupo, mientras que Aníbal Correa añadiría el exquisito timbre y rango del piano.

Mientras tanto, para el puesto de vocalista, finalmente es convocado un joven chileno-brasileño con grandes inquietudes musicales y multi-instrumentista, recién llegado de Italia –es hijo de diplomático-: es entonces cuando Joe Vasconcellos, comienza a escribir su historia en la música popular chilena.

El primer trabajo que este remozado Congreso entrega, a fines de 1981, es este “Viaje por la Cresta del Mundo”: un disco de impecable factura, compuesto por 8 cortes que, en su conjunto, duran poco más de 40 minutos, con una producción de sonido espectacular, un bellísimo trabajo de arte y una inspirada composición y ejecución.

Los compases de ‘Hijo de Sol Luminoso’, dan inicio al periplo. Un tema donde destacan los arreglos para zampoña y trutrucas que hacen Pirovic y Vasconcellos, el delicado arpegio de guitarra acústica de Fernando González, el charango de Patricio y la voz del propio Joe, cantando una letra americanista y de profunda significación, que causó impacto en ese momento, transformándose desde ahí en lo que ha llegado a ser hasta hoy: un himno y clásico de nuestro cancionero. Es quizás este el tema donde se mantiene, en cierta medida, la fusión latinoamericana más andina y folclórica, que se presentó con más fuerza en los trabajos anteriores de la banda.

Desde esa premisa, es con ‘Nuevo Intento’ donde comienzan a mostrarse los primeros rasgos de la reestructuración sonora de Congreso: un corte con gran despliegue instrumental, una introducción que lleva a otros lugares, gracias a los accesorios percusivos de Vasconcellos, y en la cual entran in crescendo los demás instrumentos, en arreglos intrincados donde destacan el piano –hay un quiebre que recuerda al ‘Cuarteto del Fin de los Tiempos’ de Olivier Messiaen-, las flautas, entra con fuerza el bajo fretless y luego, todo se corona con una vocalización solemne y severa.

‘El Descarril’, es un instrumental en la que el grupo, se mete de lleno en una fusión de tinte más jazz, donde el peso lo carga la sección rítmica batería-bajo-piano (este último tocando el motivo central junto al violoncello y luego, la flauta), mientras la guitarra eléctrica y la marimba doblan desde el inicio una melodía que va sirviendo como colchón sonoro para las variaciones de los demás músicos. De antología en este corte el trabajo de Holman en el bajo, Tilo en la batería y, por sobre todo, Vivanco en la marimba y “Pericote” Correa, develando una interpretación magistral en el piano.

La primera mitad del trabajo se cierra con la intrigante ‘Undosla’ –llamado así por su riff central, ejecutado en un tempo casi de vals- , otro tema que tras un sutil comienzo, adquiere gran despliegue instrumental, que transporta a los lluviosos bosques de nuestro sur, con un colchón finísimo de piano y guitarra eléctrica. Joe Vasconcellos saca a relucir el costado más sensible de su voz, en un esfuerzo muy valioso, pero que, pese a todo, no logra llegar a las cotas de expresividad de Pancho Sazo. Aún así, ese momento cuando canta “y un temporal se desata y crece” con la posterior entrada de la banda en pleno, es de un dramatismo que conmueve.

La cara B es inaugurada por otro de los clásicos y, hoy por hoy, referente ineludible de los repertorios del grupo en vivo. ‘Hijo del Diluvio’ comienza con la percusión y la batería, en una idea que lleva a los guillatunes mapuches, que luego es apoyada por un riff muy intrincado donde nuevamente destacan el bajo, la marimba, el piano y el cello. De ahí entra el riff principal y la canción muta en una estructura un poco más tradicional, pero no por eso menos interesante. Destaca el quiebre de la mitad, donde con la base de la misma percusión de corte mapuche del inicio, los instrumentos callan y sólo quedan soplando dos tarkas disonantes, a las que se suman trutrucas. Luego entrar en otra seguidilla de cortes intrincados, desembocando en un remanso, en el que se vuelve al coro: uno de los puntos más altos del disco.       

La siguiente pista es el instrumental que da el título al disco, con  protagonismo de la percusión en su fase más experimental, gran variedad de climas y timbres, sobre los cuales va resaltando el delicado trabajo melódico del piano, la flauta, el violoncello y un bajo que desenfunda solos asertivos. La sensación onírica de un tránsito por los sueños se mantiene en la hermosa ‘El Último Vuelo del Alma’, dejando el terreno aplanado para el telón final. ‘La Tierra Hueca’ deja despejadas todas las dudas sobre cómo se iba a cerrar un trabajo de estas características: 10 minutos y medio de quiebres, dinámicas, dramatismo, canto coral, escalas disminuidas, remansos, percusión a toda máquina, misticismo: una suite magistral.

Quizás sea éste, el disco que inicia una etapa musicalmente brillante en la carrera de Congreso, una era que continuaría con “Ha Llegado Carta” (1982) y que luego, tras la marcha de Joe Vasconcellos y la entrada del inconfundible saxo soprano de Jaime Atenas, culminaría con el sublime “Pájaros de Arcilla” (1984). Aprovechando esta tribuna y una contingencia reciente, con la edición en vinilo de varios trabajos insignes para EMI de los 80 y 90, sugeriría al sello la reedición en tan noble formato, por último en ediciones limitadas, de todos los trabajos que hizo Congreso bajo esa etiqueta. Los melómanos de nuevas generaciones, sin duda lo agradecerán.


Personal:

Joe Vasconcellos: Voz, percusión indígena, cueros, trutrucas, tarka, zampoña, silbatos, seing vietnamita.
Hugo Pirovic: Flauta traversa, dulce, melódica, tarka, voz.
Patricio González: Charango, Violoncello, Guitarra acústica, Bajo acústico.
Fernando González: Guitarra acústica y eléctrica.
Aníbal Correa: Piano.
Ricardo Vivanco: Marimba y percusión.
Ernesto Holman: Bajo Fretless.
Sergio González: Batería y composición.

Pedro Ogrodnik C.

 

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