Black Metal

Black Metal
1982. Neat Records
 
La segunda y más reconocida placa del maldito power trío inglés Venom sería la que, además de elevar a la formación londinense al estatus de leyenda del metal, definiría las bases musicales, iconográficas y estéticas de un estilo que sería pronto depurado y reverenciado por multitud de bandas (desde Matallica hasta Immortal) que citan a Venom como una de sus más grandes influencias. Ese estilo del que hablamos es el metal extremo, que a partir del desprolijo sonido venomiano comenzó a desarrollarse, primero a partir del thrash y luego bajo la forma del death, el grindcore y el propio black metal.
 
Y es esa la verdadera y más destacable relevancia de un trabajo que, si bien muestra carencias de nivel técnico, compositivo e interpretativo, supera escollos y dificultades, llegando a convertirse en un álbum de cabecera, un entrañable y, por supuesto, un muy interesante documento de estudio para quienes buscan las raíces de los movimientos musicales más extremos y torcidos.
 
Es interesante también hacer una analogía en la cual podríamos plantear que Venom hizo en el metal algo así como lo que John Waters ha hecho en el cine americano: una banda denostada por sus contemporáneos y vilipendiada por la crítica (de hecho, aún hoy muchos los odian) por no poseer técnica, peso melódico ni fiato instrumental, además de rayar en un pésimo gusto estético (vean videos de Venom del 82, van a creer que es chiste). Pero lo que no entendieron estos graves es precisamente la gracia y el sentido de la broma: los muchachos se pasaron por la 'raja' lo que decían los demás y con esfuerzo y perseverancia entregaron año tras año placas que serían destrozadas por la prensa musical, pero adoradas por esa legión de fans que Venom estaba logrando amasar con su actitud. En suma, el mal gusto se hace objeto de culto.
 
Al poner “Black Metal” en tu equipo no esperes encontrarte con una banda de metal ultra técnico y depurado, ni mucho menos con atmósferas ni tecladitos nórdicos: por el contrario, encontrarás riffs, ritmos y estructuras que atentan premeditadamente contra la fineza en el marco de un sonido puramente garage. Un registro vocal molesto, rabioso y desgarrado que marcaría la pauta para lo que se empezaría a hacer después y una “pose” e iconografía satánicas que yo prefiero tomar a broma... Son parámetros demasiado poco serios en comparación a lo pregonado por bandas como Mercyful Fate o las noruegas como Emperor o Satyricon, donde el satanismo es abordado casi con filosofía.
 
Tras todo lo escrito, para finalizar es imperioso recalcar lo que Venom ha significado para generaciones de metaleros, y es por eso que “Black Metal” ocupa un lugar entre los discos más relevantes del género. El metal es una actitud malvada, de destrucción, de romper esquemas, de ser terroristas musicales. Y eso es lo que es Venom, de ahí este homenaje, para reivindicar a una banda que por esfuerzo, perseverancia, influencia y actitud se merece sin dudas un lugar en el Olimpo del metal.
 
Pedro Ogrodnik C.
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