Trenes

Trenes

2015. Música y Entretenimiento

Pese a lo familiar que resulta su figura, Jorge González aún desafía nuestra percepción. Nos lleva a creer que dice una cosa cuando, en realidad, está diciendo otra. Saboreando por separado 'Nada es para siempre', sentimos un gustillo a despedida en el tono crepuscular de la canción, con esa armónica que es un instrumento usualmente asociado a la soledad, las partidas, los jinetes que cabalgan hacia el horizonte. Nadie podría culparnos por creer que se trata de un adiós: hablamos de un músico que estuvo a punto de morir y de una letra que habla sobre la inevitabilidad del fin. Pero situado en su contexto, el disco “Trenes”, notamos que es uno de varios temas permeados de experiencias y recuerdos, es decir, de vida.

A lo largo del álbum predomina una atmósfera austera. González hace que todo parezca simple, y sin embargo, como dijo Guiso, es difícil hacer cosas fáciles. Su plausible capacidad de autoedición reduce las canciones a lo elemental: son principalmente acústicas, con frecuencia decoradas por leves retoques electrónicos. Nada recargado, cero barroquismo. “Trenes” se enriquece mediante detalles sutiles, como la recreación del universo narrativo del autor en la pieza titular, escrita en tercera persona, donde termina citando a Gustavo Santaolalla, el productor de “Corazones”, responsable de insertar el sonido de un tren al término de 'Tren al sur'. Aunque en este disco, de factura mucho más frugal que el último de Los Prisioneros, González también hace “chucu chucu” con la boca, recordando al Eduardo Mateo de 'Jacinta'.

La palabra hablada, o spoken word para los anglófilos, es un recurso al que acude con regularidad. Un escéptico quizás piense que la usa como velo para tapar la merma vocal que sufrió desde su bullado accidente cerebrovascular, pero más bien responde al conocido gusto del sanmiguelino por los viejos cantantes románticos. De hecho, un ilustre de la generación AM, Domenico Modugno, es citado con nombre y apellido en 'Todo es verdad', el cierre del álbum, ambientado en un aeropuerto por cuyos altavoces suena propaganda de la aerolínea. Ahí González confiesa que le gustaría escuchar al antiguo solista italiano y cita uno de sus éxitos, 'La distancia es como el viento', que contiene algo del spoken word al que echa mano.

El cándido “Trenes” va de la cama al living. Las acciones de 'Yo la vi' y 'Brillas' suceden dentro del dormitorio, entre sábanas, mientras 'Hay que creer' toma lugar en el espacio común donde se reúne la familia (“papi”, “mami”, “hermanos grandes”), un núcleo cercano que se extiende hacia su ahijado en el recato funky de 'Julián'. Aparte de escenarios mundanos, como el feriado con feria de la prístina 'Gia', nos revela con transparencia intimidades que merodean entre su cabeza y su entrepierna. La canción se vuelve preámbulo sexual en la ganosa 'Desconocido', en la que se derrite imaginando “quedar en Puerto Montt, en una cabaña, que llueva tanto que no podamos salir”, y se transforma en observaciones sobre el comportamiento afectivo de otros en 'Una noche entera de amor'. Al final, sacamos en limpio que González sigue embelleciendo las pulsiones humanas. Del corazón y de más abajo.

Andrés Panes

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