They Are the Shield

Toby Driver The Are the Shield

2018. Blood Music 

Desde el silencio interrumpe el desolado diálogo entre violines y sintetizadores de ‘Anamnesis Park’, un oscuro aunque cálido abrazo entre lo acústico y lo eléctrico, que será característica general de todas las composiciones de este nuevo disco del indomable músico estadounidense, líder de Kayo Dot y maudlin of the Well. Un drástico cambio de compás dentro de esta misma pieza acentúa lo rítmico e invoca la voz de Toby Driver, una noble y suave dicción que nace desde lo etéreo y cuyo rango podría situarse entre David Sylvian y Mark Hollis (Talk Talk). Luego aparece ‘Gryph’ y el derrumbe emocional que provoca la sección de violines de sus primeros minutos, una serie de acordes que firman una melodía cíclica y melancólica, una que recuerda al romanticismo musical del siglo XIX y ese espíritu trágico que continuamente lo asediaba. El ritmo se altera en su medianía y Driver flota con una voz que seduce desde una serena muerte, misma de la que hablan las ondas lentamente lisérgicas que emanan desde los eléctricos sintetizadores.

El ambient gótico de las dos pistas anteriores se interrumpe por ‘470 Nanometers’ y toda su fuerza progresiva, un estilo que siempre explota hacia nuevas dimensiones en la creatividad de Toby Driver y que se expresa a través de una combinación altamente rítmica en la que cohabitan la estricta percusión de Brian Chase, las expresiones raudas de violines, así como la guitarra y voz de Driver en un fluir intenso y vivaz, lleno de matices y texturas, muestras claras de la capacidad del  autor para componer en distintos y simultáneos instrumentos. Un contrapunto algo más simple se aprecia en ‘Scaffold Of Digital Snow’, pista que Driver reservó especialmente para la voz de Bridget Bellavia, cuyo femenino y gótico timbre se torna ingrávido frente a las espontáneas secciones de violines que parecieran pájaros danzando en el aire, sensuales y heroicos, o como dos aves que caen abatidas en vértigo y suicidio. 

En ‘Smoke-Scented Mycelium’ se acentúa el tenebrismo pero se simplifica su progresividad, acercándose aún más a los emotivos ambientes del Talk Talk más atrevido, y que explota en su final con un Driver extremando sus posibilidades vocales entre la incisiva percusión y las sombrías capas de sintetizadores, insistiendo en letras crípticamente metafísicas, las que inundan todo el disco y que desfilan en un devenir constante entre lo real y lo alucinatorio, entre lo vital y lo mortuorio. El disco cierra con ‘The Knot’, la que es probablemente una de las composiciones más sublimes y emotivas del compositor estadounidense. Una canción de una profunda desnudez emocional y cuya cadencia vocal enfatiza que la melodía aún es un ente capaz de mostrarse como una ilimitada fantasía. Toby Driver se sumerge en la melancolía y de ella extrae, como si fuese un diamante líquido, la parte más delicada de la belleza. 

Carlos Navarro A.

Contenido Relacionado