The Scarred People

The Scarred People

2012. Napalm Records

 

A pesar de haber abandonado hace rato del nicho “deathmetalero” que los vio nacer (período que tuvo hitos de contornos históricos, pues “Summerian Cry” fue el primer Larga Duración registrado en los míticos estudios Sunlight), y sin haber podido igualar el peak creativo que significó aquel monumental “Wildhoney” (1994), los suecos Tiamat han sabido mantenerse vigentes gracias a su peculiar propuesta, la que les ha permitido publicar discos con una frecuencia nada despreciable.

 

Tras una larga colaboración con Century Media y un breve paso por Nuclear Blast, los de Täby se asientan en Napalm Records para ofrendarnos “The Scarred People”, obra que se proyecta como un homenaje a los marginados de la sociedad, tenor solemne que puede advertirse en la introducción grandilocuente, casi sinfónica, y la fuerza descomunal del track homónimo, el que además cuenta con una melodía que se fija inmediatamente en la memoria y que de seguro funcionará maravillosamente bien en vivo. Los coros en plan gregoriano y el cierre con un monólogo bastante inquietante abrochan un notable opening, el que se conecta con ‘Winter Dawn’, cuyo aproach rockero en cierto modo transporta hacia los caminos recorridos por Faith No More en momentos como ‘Last Cup Of Sorrow’, y que tiene unas líneas vocales muy gancheras.

 

Con ‘384 – Kteis’ y su poderoso caudal dramático (especialmente por la ambientación de tono cinematográfico que cruza a la composición), se inaugura una atrayente sección lenta, introspectiva y sensual, la que continua con la calma de ‘Radiant Star’, cuyo perfil radial y su solo lleno de feeling superan largamente a ‘The Sun Also Rises’, la más plana y menos inspirada del trío. ‘Before Another Wilbury Dies’, en tanto, es un instrumental de 1 minuto y 40 segundos donde la banda recupera las fuerza e inventiva, comandado por un trabajo maravilloso en las guitarras líderes.

 

La segunda mitad del álbum comienza con ‘Love Terrorists’, la que arranca con elementos electrónicos que dan paso a un desarrollo apasionado, intenso y con un desenlace desgarrador gracias a los gritos de Johan, y continúa con ‘Messinian Letter’, deudora de Pink Floyd y piezas inmortales de su catálogo como ‘Comfortably Numb’. ‘Thunder And Lightning’, por su parte, es un rescate que Edlund hizo de uno de las pistas que forman parte del último demo publicado con su fenecido proyecto Lucyfire y cuyos guiños a The Sisters Of Mercy son innegables, al punto de que el mismo líder de la agrupación declaró en una reciente entrevista que “las chicas góticas tienen un himno”.

 

Inspiración, belleza y pulcritud son las características que mejor definen el final del opus, primero con ‘Tiznit’, donde el cantar de aves y un aura a Anathema recrean la tibieza de la ciudad marroquí -cuya leyenda dice que fue fundada por una prostituta que se volvió santa- en la que se inspira, y luego con ‘The Red Of The Morning Sun’, cuyos momentos emotivos, sutiles y calmos se abrazan con las notas más estridentes del espectro rockero que estos nórdicos son capaces de crear.

 

Llama la atención que varios críticos y no pocos fanáticos han comparado a “The Scarred People” con “Wildhoney” y “A Deeper Kind Of Slumber” (quizás las cumbres ineludibles de los europeos), especialmente en la dimensión experimental que atraviesa a esos trabajos. Quizás dicho juicio asoma cierto exceso de entusiasmo; sin embargo, la ambientación de ‘384 – Kteis’ y la vibra de ‘Radiant Star’ o ‘The Red Of Morning Sun’ algo de razón le otorga al dictamen. De todos modos, lo que inobjetablemente se encuentra al centro de esta nueva entrega es la consistente comunión que se produce entre la identidad musical de los escandinavos y sus múltiples referencias sonoras, sintetizadas extraordinariamente en un puñado de buenos temas.

 

Menos rudo que “Amanethes”, donde el combo retomó en algunos pasajes la fuerza metalera que exhibían antaño (‘Equinox Of The Gods’ o ‘Raining Dead’ sirven para graficar la sentencia), pero con un foco más definido en ese Goth/Rock especialidad de la casa, el cuarteto timbra un interesante esfuerzo que los vuelve a poner en relieve tras 4 años y medio de silencio discográfico.

 

Mauricio Salazar Rodríguez

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