Suspiria

Suspiria Thom Yorke

2018. XL Recordings

El mundo del cine y el de Radiohead son tan cercanos que nutren mutuamente para forjar momentos brillantes que quedan marcados en la memoria. La relación es simbiótica, ya que muchos directores han escogido sus canciones para musicalizar películas y series, desde “Vanilla Sky” hasta “Black Mirror”, mientras que del otro lado, los de Oxford se han involucrado en distintas bandas sonoras a lo largo de sus carreras, con Jonny Greenwood como el caso más emblemático gracias a sus colaboraciones con el director Paul Thomas Anderson. Si bien Thom Yorke había hecho lo suyo en algunos cortos como “Why Can’t We Get Along” (2018) o “Time Of The Day” (2018), esta es la primera vez que decide inmiscuirse en un proyecto de tal envergadura, asumiendo el desafío de elaborar el soundtrack completo de “Suspiria”, remake de Luca Guadagnino de la clásica película de terror sobrenatural dirigida por Dario Argento en 1977.  

El británico sabía desde un principio que homologar el legendario BSO compuesto por la agrupación italiana Goblin era innecesario. Sin embargo, las referencias al krautrock son claras en piezas como ‘Volk’, ‘An Audition’ y ‘The Inevitable Pull’, en las que los sintetizadores atrapan intempestivamente para producir un efecto claustrofóbico por medio de la repetición, recurso que el compositor tomó del original y lo llevó al extremo en su versión. El sentido de lo aterrador, lo hipnótico y lo misterioso penetra en cada rincón del largo, pero en donde Goblin era excesivo, estridente y demoníaco, incluso adelantándose al black metal, Yorke prefiere enfocar la oscuridad con una óptica minimalista, especialmente en pequeños interludios como ‘Belongings Thrown in a River’, ‘A Soft Hand Across Your Face’ o ‘The Room of Compartments’. Los zumbidos electrónicos de ‘Synthesizer Speaks’ y ‘Klemperer Walks’ se unen a melodías disonantes como ‘A Storm That Took Everything’ y ‘The Hooks’ o a los coros góticos de ‘Sabbath Incantation’, ‘The Conjuring of Anke’, ‘A Light Green’ y la mastodóntica ‘A Choir of One’, una siniestra colección de 14 minutos de voces fantasmagóricas que deambulan como almas en pena por los oídos de los auditores mediante la descollante labor de la London Contemporary Orchestra, ensalzando el amor de Yorke por la música docta y la electrónica a partes iguales. 

Pero no todo es música incidental, ya que el puntal de Radiohead pone su voz al servicio de seis cortes que podrían encajar mejor en algún registro de su banda madre, que en su material solista. La abismal ‘Has Ended’ produce un efecto magnético mediante el intenso beat de batería a cargo de su hijo Noah Yorke; a su vez, la orgánica ‘Open Again’ se envuelve en un narcótico arpegio de guitarra que luego se esfuma en una nube densa de sintetizadores etéreos. La delicada ‘Unmade’, desnuda interpretación en la que resplandecen los falsetes, entrega un pequeño haz de luz entremedio de tanta sombra, mientras ‘The Universe is Indifferent’ logra inquietar con sus sonidos asiáticos al borde del delirio. Pero ‘Suspirium’, canción central del disco, es la que se lleva todas las miradas, debido a su figura de piano circular en la que las notas bailan alrededor de la voz de Thom, que luego vuelve a aparecer en ‘Suspirium Finale’, pero esta vez emergiendo desde la penumbra, de forma mucho más dramática y desesperada, siendo la última vez que se escucha una palabra en lo que queda del registro, el cual avanza por distintos pasadizos sonoros hasta cerrar con ‘The Epilogue’. 

“Suspiria” es un viaje tenebroso y de largo aliento, ejercicio desafiante en el que los oídos acostumbrados a los soundtracks pueden encontrar aspectos interesantes si deciden recorrer sus estrechos recovecos. Ciertamente, las composiciones adquieren más sentido cuando hay una escena asociada a ellas, pero se hacen increíblemente pesadas si se toman exclusivamente como una obra musical, ya que de sus 80 minutos de duración, alrededor de 50 están dedicados netamente a loops, ruidos y voces espectrales. En ese sentido, la versión de Goblin se entiende mejor como producto independiente, a pesar de funcionar como una corriente de la conciencia de puro krautrock. Aun así, la de Yorke merece todo el crédito por su capacidad para crear canciones que están al servicio de la historia y no al revés, ya que las necesidades de una película de terror son totalmente distintas a las de cualquier otro film y, en ese sentido, la banda sonora pasa la prueba. Cuando se trata de crear atmósferas que logran torcer el espinazo, Thom Yorke es el indicado para ubicar todo en el lugar correcto.      

Pablo Cerda

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