Stone Sour

Stone Sour
2002. Roadrunner Records

Las bandas proyecto por lo general no tienen muy buenos resultados a la hora de convencer a las audiencias fieles a la banda original. Slipknot, en este caso, es la banda "madre" y Stone Sour vendría a ser como el hijo bastardo de Corey Taylor (voz) y Jim Root (guitarras), quienes -al igual que Mike Patton en Mr. Bungle- dejaron Stone Sour para unirse al proyecto de Slipknot y abandonar sus primeras ideas. Con el éxito, la fama y la fortuna que han logrado con esa banda era hora para acordarse de sus viejos amigos (los abandonados), el guitarrista Josh Rand y el bajista Sean Economaki, y reformar desde cero la banda que les quitaba el sueño juvenil en Des Moines, Iowa.

Difícil es imaginar cómo habría resultado la música de la banda a fines de los '90, antes de Slipknot, y también qué habría sido de su futuro si Taylor y Root no se hubieran puesto las máscaras y los overoles. Obviamente sería otro cuento -tal vez ni para comentar- pero ahora nos muestran un disco donde la premisa la marcó el vocalista desde el principio: ¡¡¡quiero cantar!!! La melodía y las vocalizaciones de Taylor se agradecen y 'Bother', la canción que apareció en la banda sonora de Spider-Man realmente da para pensar que el tipo es bastante más que el grito y el canto gutural.

Sin embargo, el sonido nü metal de Slipknot aflora de igual manera. Las guitarras y la velocidad también están presentes, pero con más onda. En 'Get Inside' de pronto aflora esa escuela thrashera de los '80, los riffs movedizos y groovies, con afinación más baja y muy parecidos a los de Coal Chamber. Obviamente combinando la aceleración de las letras con los coros melódicos. 'Orchids' ya es distinta, más nü metal en la vía de Sevendust, donde se demuestra que Taylor es un gran vocalista y que no depende de los gritos para sobresalir. 'Cold Reader' sigue la misma línea, incluso casi el mismo 'tempo' y misma fórmula; 'Blotter' es más Slipknot, sicótica y desesperada, pero con la marca registrada (no sé de quién a esta altura) de los coros melódicos.

Volviendo al lado Coal Chamber encontramos 'Choose', con un interesante comienzo para entrar en la parte de la estrofa onda Godsmack o ese tipo de bandas que buscan estirar las palabras y variar a cada rato la armonía. Le sigue 'Monolith', otra especie de himno hipnótico, más pegado y que trata de ser más radial, como que bajan sus revoluciones e incluso se siente que sonara más lenta y despacio. 'Inhale' vuelve a la rabia pero demuestra que el disco va perdiendo encanto y las expectativas de llegar al final con algo que sorprenda ya no son muchas. Nuevamente es una canción con mucho aire radial, nü metal que intenta ser cantado y dosificado para conquistar oídos y mercados más amplios. Es una buena canción, pero como que ya es demasiado obvia.

Siguiendo el recorrido aparece 'Bother', la canción distinta -con guitarras limpias y arreglos orquestales incluidos- que perfectamente le puede pelar el trono de power ballad a Nickelback. Es una de mis favoritas, una hermosa canción que abre la mente de su compositor (Taylor) y demuestra que es mucho más de lo que ha querido mostrar hasta el momento. Obviamente todo queda ahí y 'Blue Study' vuelve a la modernidad, anque esta es otra que se sale un poco del marco. Es más pura, más hard rock, aunque siempre con el sonido "Korniano" detrás. 'Take a Number' también incorpora nuevos elementos, como si se hubieran dado cuenta que la primera parte del álbum se estaba volviendo un poco más repetitiva, y tratan de incorporar ideas más clásicas al esquema del encendido violento de los amplificadores. 'Idle Hands' vuelve a ser más sicótica pero también groovie, otra que trata de variar en algo, dentro de lo que se puede, y que tiene sus elementos atractivos.

'Tumult' sigue la línea experimental de la anterior, con guitarras que parecen de Megadeth pero con elementos medio industriales y atmósferas saturadas a la NIN. Definitivamente uno de los más subversivos y peligrosos del disco. Lo mismo que la declaración final de 'Omega', un tema hablado, pausadamente, que necesita buen oído y diccionario en mano.

Stone Sour resultó ser una especie de catalizador de las ideas que en Slipknot no pueden desarrollar. Un vertedero de canciones que van variando según sus estados de ánimo y que a momentos obtiene momentos brillantes. Un buen disco, para analizar y disfrutar, aunque si no hubiese tenido esa parte de nü metal podría haber sido mucho más original.

Keko Peralta C.