Soft Mountain

Soft Mountain
2007. Hux Records
 
Con justa razón este trabajo ha sido descrito como “el espontáneo encuentro del espíritu canterburiano con el mejor rock experimental japonés actual”. Una aseveración que no parece tan entusiasta, si tenemos en cuenta cuáles son los integrantes de este súper cuarteto. El registro fue grabado el 10 de agosto de 2003 en los estudios Gok de Tokio por el bajista Hugh Hopper y por el ahora fallecido saxofonista Elton Dean, ambos miembros de Soft Machine y de numerosos grupos de tan caro movimiento inglés,  y por los destacados músicos nipones, el tecladista Hoppy Kamiyama y el inabarcable baterista Tatsuya Yoshida, sobre todo conocido por su papel en Ruins.
 
Quizás lo más correcto sería comparar esta formación de cuarteto con unas de las más memorables alineaciones de los Softs con Hopper y Dean en sus respectivos instrumentos y -haciendo ficción-, con Kamiyama reemplazando a Mike Ratledge y Yoshida a Robert Wyatt. Para ser más precisos, el sonido instrumental, guardando las grandes distancias de época y sensibilidad, sería homologable al del disco “Fourth” de los clásicos de Canterbury. 
 
De hecho, el cruce entre artistas experimentales japoneses con músicos del mundo occidental, se viene dando fuerte de un tiempo a esta parte con los proyectos paralelos de Acid Mothers Temple con Daevid Allen de Gong en Acid Mothers Gong –disco comentado en Rockaxis donde participa Yoshida- o en AcidMothersGuruGuru de la misma banda japonesa con el baterista/tecladista Mani Neumeier de la legendaria agrupación germana, Guru Guru. Para qué hablar de las relaciones del mismo Yoshida con insignes del downtown de Nueva York como Bill Laswell, Fred Frith y John Zorn, o con los suecos del fenómeno Rock In Oposittion, Samla Mammas Manna. Una relación a todos luces fructífera y apasionante.
 
El álbum consiste en dos extensas improvisaciones que son “Soft Mountain Suite Pt. 1” de más de 30 minutos y “Soft Mountain Suite Pt. 2” de casi 28. En ellas, el cuarteto desarrolla una avezada apuesta instrumental, con improvisaciones manchadas con sangre, que muestran toda esa rudeza jazz-rock única de Hopper y Dean. La diferencia es que los acompañantes que le dan un sello muy distinto al producto final. El estilo casi lírico que logra por momentos Kamiyama, contrasta con la batería muy cruda, de sonido seco y preciso de Yoshida, con una técnica que le debe por montones a Christian Vander de Magma.
 
El álbum en general respeta más menos los cánones de la improvisación jazz-rock, con pasajes llenos de violencia sónica y melódica, donde se percibe la escuela canterburiana en cada nota. Dean llega lejos con sus solos, yendo desde lo emotivo hasta lo esquizofrénico, mientras que Hopper en el fondo, con su bajo limpio o distorsionado, va armando líneas gruesas e intensas. Kamiyama y Yoshida por su parte, son los encargados de entregarle un rumbo distinto al disco, ya que su musicalidad interna es muy diferente a la de los maestros británicos, imprimiendo una nueva dimensión a la estética “softmachiniana”.
 
De todos modos, es estilo en la batería de Yoshida, virtuoso pero al mismo tiempo templado, encaja de gran forma con las bases de Hopper, mientras que Dean y Kamiyama se reparten los solos siempre con expresividad y altura artística. Ambos temas pasan de pasajes jazz-fusión muy particulares a secciones de experimentación pura, donde verdaderas tormentas instrumentales, son enriquecidas con texturas sónicas confeccionadas por el teclado, que se pueden percibir claramente a lo largo de “Soft Mountain Suite Pt. 2”.
 
Un disco moderno pero al mismo tiempo clásico, que rememora, como decíamos antes, la estética musical de los Softs, específicamente de álbumes como “Third” y “Fourth”, pero con una mirada actual, donde resalta el sonido desfachatado y provocador de estos cuatro tremendos artistas, que logran llegar con la música tan alto como las más lejanas y borrascosas cumbres de las "suaves montañas".
 
Héctor Aravena A.

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