Shiny and Oh So Bright, Vol. 1

The Smashing Pumpkins

2018. Napalm

El éxito que alcanzaron los Smashing Pumpkins en los noventa estuvo por encima de cualquier género. Se les emparentó con el grunge en la época, pero la popularidad que obtuvieron con discos como "Siamese Dream" (1993), "Mellon Collie and the Infinite Sadness" (1995) o "Adore" (1998) se debió a que la banda de Billy Corgan demostró que sabía hacer buenas canciones, mezclando elementos del rock alternativo, el shoegaze, el rock gótico, el indie o el mismo grunge.

Pero los constantes movimientos en la banda, la separación y la dispersa inspiración de Corgan llevaron a que el grupo se difuminara en el horizonte y nunca supiera encontrar una vuelta de tuerca a su trabajo, como sí lo hicieron otras agrupaciones de ese entonces. Pero 2018 apareció esperanzador para ellos. A comienzo de año anunciaron la reunión con casi su formación original (con James Iha en guitarra y Jimmy Chamberlin en batería; D'Arcy Wretzky quedó fuera de la cita por sus enfrentamientos con Corgan). Con eso se incluyó una gira y un nuevo trabajo de estudio: “Shiny and Oh So Bright, Vol. 1 / LP: No Past. No Future. No Sun”, registro que pretende reconquistar a sus fans antiguos y, por qué no, buscar algún nuevo hit que los traiga de vuelta a la primera línea de la música popular. Con Iha y Chamberlin, con quienes no sacaban un disco desde “Machina II/The Friends & Enemies of Modern Music” (2000) y con el destacado Rick Rubin como productor, el proyecto se encumbraba como un trabajo ambicioso.

El disco, de ocho temas, comienza con "Knights of Malta", canción que suena como Smashing Pumpkins asemejándose a alguna agrupación británica de la década de 2000. Y eso no está mal. Unos coros femeninos dan profundidad y el corte tiene impronta celestial, con el reconocible tono de Corgan dirigiendo todo. Luego, ‘Silvery Sometimes (Ghosts)’ y ‘Travels’ van en una línea similar, con ribetes de sonoridades indie. ‘Solara’ pone distorsión que va agarrando vuelo a medida avanza. Es el corte más cercano al sonido noventero, con una letra que repite “No soy todos, no soy todos”. Le siguen los teclados de ‘Alienation', la más insípida del disco y ‘Marchin’ On’ devuelve otro envión de movimiento con variados riffs. ‘With Symphaty’ carga de emoción y ‘Seek and You Shall Destroy’ baja el telón sin mucha gracia.

Lo nuevo de los Pumpkins explota la veta dócil de la banda y su cercanía más indie, con un par de temas más rockeados. Pero carece de un hit importante que pueda defender todo el álbum. En suma, es un trabajo que cumple, que de seguro los fans van a apreciar, pero que se queda corto para traerlos de vuelta a lo alto del rock mundial.

Juan Pablo Andrews

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