Small Craft on a Milk Sea

Small Craft on a Milk Sea
2010. Warp
 
Además de ser uno de los trabajos más esperados de la temporada en lo que a vanguardia musical se refiere, este nuevo disco del pionero musical británico es, claramente, uno de los mejores de su trayectoria en la última década o más. Desde sus experimentos de principios de los 90, como “The Shutov Assembly” y “Neroli”, que no se percibía un Eno tan vital, entusiasta y renovado en sus ideas, como en esta nueva aventura musical, sucesora del mediocre “Another Day On Earth” de 2005.
 
Existe una especie de rescate de su propia obra pasada y, al mismo tiempo, evolución de un lenguaje musical, que Eno ha venido desarrollando intensamente desde principios de la década 70. Uno de los factores que, indudablemente, han injerido en esta nueva etapa del forjador de la música ambient, es la labor con sus colaboradores más jóvenes, Leo Abrahams y Jon Hopkins. Por otro lado, el hecho de haber firmado con el sello Warp, es también un ejemplo de la vigencia atemporal de un creador, que desde el underground, ha sido tan influyente –diría crucial- en el desarrollo de la música popular contemporánea. 
 
Eno es el sumo ejemplo de cómo se puede ser un artista experimental, teniendo la inteligencia de no morir en el intento. El autodenominado no-músico, no sólo aprovechó el impacto del punk que desplomó a los músicos avant-garde, sino que lo utilizó, por ejemplo, editando junto a David Byrne, una de las gemas post-punk de principios de los 80, “My Life In The Bush Of Ghosts”.
 
No sólo aquello, sino que también, supo llevar sus sofisticadas ideas, sobre todo heredadas del krautrock o rock alemán de avanzada, a músicos del pop-rock anglo, por medio de su papel de productor de artistas como David Bowie, U2, Talking Heads, Devo e, incluso, James o Coldplay. Eso sin contar con sus colaboraciones con músicos tan diversos y de la relevancia de John Cale (Velvet Underground), Robert Fripp (King Crimson) y Harold Budd, sólo por nombrar unos pocos de una numerosa lista.
 
“Small Craft On A Milk Sea” viene a ser un corolario perfecto de una carrera de jerarquía, conducida por un intelecto sobresaliente y que, sin transar un milímetro en sus prerrogativas exploratorias, ha logrado ser una de las más valorados –no conocidas- por el mundo musical en todo su espectro. Esta nueva placa, tiene el mérito de ser muy variada, ya que contiene momentos que recuerdan su maravilloso período ambiental temprano que comenzó a mediados de los 70, pasando por composiciones de frentón más agresivas y punzantes, hasta llegar a experimentos sonoros de ingenio y audacia.
 
De hecho, el tema de apertura “Emerald And Line” es un ejemplo de la quintaesencia del Eno más ambient, con ese tipo de pieza de emociones tristes y contemplativas, que recuerdan, en algún grado, el gran trabajo, “Ambient 1: Music For Airport” de 1978, en mi opinión, el mejor de la serie. Sin embargo, el más misterioso y asfixiante “Complex Heaven”, demuestra muy desde el principio, que  nos enfrentamos a un disco variado, contraria a las obras ambient, que se caracterizan y –más aún- se definen y entienden, por su homogeneidad hipnótica. Construido por teclados y guitarra –este último instrumento, una novedad que cruzará todo el álbum-, el tema es un reflejo de la naturaleza y sus signos, donde no hay una disociación entre título y expresión musical.
 
La pieza que da nombre al disco, sigue en la misma línea y es una misteriosa introducción, para una trilogía de composiciones que exhiben a un Eno mucho más directo, violento y que radicaliza su discurso de electrónica experimental. De hecho, en las tres pistas  participa el percusionista Jez Wiles, quien otorga a la música, una cualidad mucho más tribal y primitiva. El primero de ellos, “Flint March” es una pieza áspera y densa, mientras que “Horse” y “2 Forms Of Anger”, son verdaderos “puñetazos” sónicos, que exhiben al Eno más visceral de su trayectoria. Dos composiciones que, además de ser de lo mejor del disco, tienen una prominencia en la guitarra noise ejecutada por Leo Abrahams.
 
Tras el impacto de electrónica cruda de esta seguidilla de temas, la lúdica e ingeniosa, “Bone Jump”, mantiene en alto la calidad del disco. Por su parte, la más ritualista “Dust Schuffle”,  nuevamente con Wiles en la percusión, sigue demostrando el camino de apertura musical y estética planteada por Eno y compañía en esta nueva placa. Con mucho camino aún por recorrer, “Small Craft On A Milk Sea” se va desglosando a través de distintas sensibilidades, partiendo por el enigma sonoro y ruidístico de “Paleosonic”, que recuerda en demasía el trabajo de Eno con el grupo alemán, Cluster. De hecho, la configuración de la banda actual de trío, es la misma que mantenía el británico con los teutones formados por Moebius y Roedelius.
 
“Slow Ice, Old Moon” es una composición de ambient oscuro y tenebroso –dark ambient-, contraria a las típicas piezas abiertas y de espiritualidad luminosa, que caracterizaban el subgénero en su período temprano. Esto último, es contrastado claramente en “Lesser Heaven”, ya que es un track con una dirección tradicional, más contemplativa, creada a través de campos sonoros metafísicos. Por su parte, “Calcium Needless”, es un ensayo acuoso y subterráneo –da la sensación como estar en una mina de diamantes olvidada para siempre-, mientras que “Emerlad And Stone”, se retrotrae al principio del álbum y retorna al ambient pulcro y preciosista, marca registrada del Eno más inspirado.
 
Ya llegando al cierre de la intensa aventura sónica de “Small Craft On A Milk Sea”, todo el sentido recóndito y arcaico de “Written, Forgotten”, se ve acrecentado por perturbadores susurros y cantos de pájaros. Como en la mayoría de las otras piezas del disco, el track se construye por medio del inédito uso de guitarra y de texturas electrónicas, que se generan tanto en computadores –laptop- y teclados. Finalmente, la extensa “Late Anthropocene”, clausura el trabajo de una forma genial, expresando un misticismo que está en las antípodas de lo fácil y liviano, reflejando sonoramente, lo más hondo de la condición de existentes que todos, sin excepción, debemos cargar.
 
Este nuevo trabajo demuestra una vez más, como Eno es un artista dúctil, que no se queda anclado en éxitos creativos del pasado, sino que se adapta a los nuevos tiempos, que, en mucho de los sentidos, él mismo ha ayudado a forjar a través de su inteligencia y sensibilidad. Si el pintor español Salvador Dalí, en una de sus célebres frases, afirmó “Yo soy el surrealismo”, podríamos decir que Eno, “es la música electrónica contemporánea en su máxima expresión”. Un gran regreso.
 
Héctor Aravena A.
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