All Hope Is Gone

All Hope Is Gone

2008. Roadrunner

El fenómeno Slipknot. Su alto impacto en todo el globo y en especial, en ambas orillas del Atlántico, me produce un reflejo automático que traslada mi memoria, en un dejo de contextualización, a 1994, el último gran año del metal en Estados Unidos. Aquellos días, unos hambrientos Pantera debutaban en el número uno del Billboard con “"Far Beyond Driven"” (primer disco de metal en realizar tamaña proeza); Tommy Victor con sus camaradas Prong, sonaban en todas partes con “"Cleansing"” y Slayer con Megadeth, gozaban de excelentes posiciones en los rankings comerciales imperantes, con "“Divine Intervention"” y “"Youthanasia"”, respectivamente.

La entrada de Slipknot a la premiere league no tardó en demasía. Cuando se despacharon el bombazo homónimo en plena combustión nu-metal, en junio de 1999, su desconcertante cocktail estético (de absoluta raigambre shock rock) que acuñaba con una personalidad temible elementos del hip hop y hasta el death metal, rompió todos los moldes en la entonces multitudinaria audiencia del hype de las afinaciones bajas, que ya para ese año, tapaba todos los carteles de los grandes festivales de hard rock en el globo y relegaba al metal de tinte más underground a pequeños clubes y nulas coberturas (Estados Unidos, en especial). Este panorama afortunadamente cambiaría a partir de la primera mitad de esta década, gracias al boom express del ahora gastado metalcore, que pese a su corta vigencia, tuvo el mérito de construir nuevamente un puente para el metal purista, con los mass media y las tablas estelares de grandes festivales.

¿Cómo las larvas de Iowa callaron la boca del segmento escéptico de la prensa y demostraron que estaban para cosas grandes y por sobre cualquier tendencia? Haciendo oídos sordos a cualquier insulsa recomendación de especialistas o geeks corporativos, y apostando hasta la muerte por su devoción hacia repertorios de dinamita pura y su circo ambulante de feísmo deliberado. Tras situarse en el mapa mundial del metal con “"Iowa"”, lograron superar incluso los más profundos dilemas personales (adicción a drogas fuertes, depresión), que casi culminan en un quiebre sin vuelta atrás. “"Vol 3: Subliminal Verses"” iba a ser su último trabajo, pero se limaron asperezas, hubo un oportuno receso y la proyección de los de Des Moines nuevamente volvió a un estado de total parsimonia.

Su modus operandi tampoco deja títere sin cabeza. Corey Taylor en su discursiva es amargo como la bebida tónica y nunca ha dado mensajes conciliadores. Debe ser, si no me equivoco, el único artista que ha tenido las bolas de dejar como un incompetente a Rick Rubin, en cuanta entrevista tenga acceso, tras haber trabajado con él y ver el nulo aporte  del afamado productor en su trabajo predecesor. Una altura de miras que sólo ayudó a aceitar el vendaval sonoro del grupo y todas esas vivencias se dan en el engranaje que compone “"All Hope is Gone"”.

El trabajo revalida la indagación de los clásicos afluentes que marcan el lenguaje musical de Slipknot, pero con la particularidad de sonar tremendamente aumentados e incluso superados, en ciertas instancias. La madurez finalmente tocó la puerta y acá confluye el repertorio más dinámico, variado y completo de la carrera de los de Iowa. Doce canciones que mantienen dentro de sus líneas estelares a esa férrea y aplastante base rítmica, pero sin pecar en el auto plagio o el siempre seguro inmovilismo.

Es difícil explicar cómo se puede situar en miradas comerciales alardes musicales tan bastardos como el que adorna ‘'Gematria (The Killing Name)'’, una pieza de brutalidad sin freno y complementado con un popurrí de textos de Taylor, que disparan a diestra y siniestra hacia la prepotencia de la línea castrense norteamericana, y como si esto no fuera suficiente, mixturada con un infalible touch en doble bombo. Para qué hablar de las porciones totalmente bangers que bañan a ‘'Sulfur'’, si esto no es metal de verdad, no sé que mierda lo es.

Los riffs de‘ 'Psychosocial’' son casi adictivos y pegajosos, de hecho, creo que estamos ante el sencillo más efectivo en la carrera de la banda, mostrando la faceta “amigable” del combo, pero con un tremendo mid tempo que no le resta potencia y actitud. Toda esa tonalidad melancólica y por supuesto melódica que Taylor además acuñó y sofisticó en su alter ego, Stone Sour, aflora como nunca en ‘'Dead Memories'’, en la deslumbrante power ballad '‘Snuff'’ o las siniestras atmósferas de ‘'Gehenna'’.

Slipknot siempre ha sido un acto deudor del thrash y de la escuela americana del death metal, y esa enseñanza, yace en las venas de Jim Root y Mick Thompson. Si se encuentran dubitativos al respecto, pongan atención a la partida de 'Vendetta’', bestial comienzo y con un swing tremendo con coros en plan Marilyn Manson. Es increíble la libertad que evoca una composición tan radical como ‘'All Hope is Gone'’, donde Jordison con sus portentosos blast beats y el demencial dueto de percusionistas conformado por Shawn Crahan y Chris Fehn, aplican una letal patada en el mentón en uno de los capítulos más extremos del álbum.

No hirvamos nuestras cabezas con explicaciones innecesarias, ya que los hechos y las pruebas son contundentes, tanto para enemigos puritanos, como para los ciegos acérrimos. Slipknot a la altura de dos álbumes –sin contar el prescindible debut independiente- logró vender más que toda la discografía de Slayer, obtuvieron más portadas que Pantera en su cenit y su performance en vivo es un ritual sin contendores (lástima que nosotros hayamos tenido la mala fortuna de asistir a un show con tan deplorable sonido el 2005, gracias a una mezquina producción). Alcanzaron el número uno de ventas por más de 240 mil copias en Estados Unidos, superando a cuanto rapero y ramera pop de moda se interponga en su camino y desde que aparecieron en el limbo, no han parado de colocar al metal en posiciones de avanzada... como en los viejos tiempos.

“"All Hope is Gone"” es una magnífica apertura de miras donde, como nunca en su trayectoria, los estandartes de Iowa hicieron lo más complicado: canalizar el caos, definirlo y hacerlo creíble. Tienen estampa de líderes y han logrado plasmar su “Black Album”. La tienen tan clara que vaticinar un porrazo en un corto plazo es casi imposible. Con nueve ampolletas así de prendidas, es muy difícil que se corte la luz para alumbrar el camino de este completo fenómeno. Benditos payasos.

Francisco Reinoso Baltar

Contenido Relacionado