Dictator

Scars on Broadway - Dictator

2018. Scarred for Life

La telenovela de System of a Down ha sido extraña. Un extenso período de separación, declaraciones, trece años sin ver un nuevo título y una reunión con nuevas fechas en Norteamérica. Con esa historia de fondo, el guitarrista Daron Malakian encontró que era el momento para lanzar “Dictator”, el segundo disco con su proyecto paralelo, que hoy bautizó como Daron Malakian and Scars on Broadway, personalizándolo así a más no poder.

El disco -que ya estaba listo desde 2012, esperando el desenlace de la teleserie de SOAD- viene a dar respiro a los fans que han esperado un largo tiempo por ver nueva música de los armenio-estadounidense. No se trata de un nuevo trabajo de ellos, pero en cada rincón de “Dictator”, igual que como en el debut homónimo, se respira esa endorfina esquizofrénica que el quinteto de 'Chop Suey!' supo dibujar a principios de siglo. Y que el disco exude la energía del cuarteto no es anormal. Después de todo, el guitarrista es el compositor principal de la muralla de cuerdas y las segundas voces se fueron haciendo cada vez más presentes.

‘Lives’ parece echar el tiempo atrás al sonar como si hubiese sido sacada de algún álbum anterior, con esos dibujos guitarreros en clave metalera y las melodías repetitivas en la voz, que van asimilándose a una dance griega. ‘Dictator’, la canción, ofrece una letra que (lamentablemente) servirá siempre:”La guerra se acerca/ Soldados marchando/ Dios está cayendo/ Tu política nunca me va a corromper”. Para el intermedio aparece un riff de esos buscadores de mosh, que hoy suenan olvidados y que rememoran la escuela de Rage Against the Machine. Es claro que Malakian, quien acá hizo todas las partes, tiene la oreja riffera desarrollada y con poco hace buenas canciones pesadas. Sin embargo, la parte débil esté en que no es un gran cantante y sus líneas son más o menos delgadas y poco destacables. ‘Never Forget’ aporta con velocidad, ‘We Won’t Obey’ arremete con un golpe heavy y ‘Gie Mou’ es un instrumental de una canción helénica llena de emotividad. El buen arranque del disco va perdiendo vigor a medida que avanza y termina con un aliento bastante delgado, como un maratonista que pereció antes de terminar la carrera. ‘Assimilate’, cover de la banda post punk canadiense Skinny Puppy, baja la cortina casi como un gusto personal de Malakian.

En la suma, “Dictator” cumple su finalidad y recuerda que la fórmula de System -y que aquí replica su guitarrista- sigue resultando. Básicamente porque no hay gran complejidad en ella: riffs amenazantes y melodías repetitivas. Es claro que Malakian no necesita de su nave nodriza para seguir machacando. Pero surge una duda importante: Si el disco estaba listo hace seis años, ¿en todo este tiempo no surgió nada mejor?

Juan Pablo Andrews

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