Pez

Rubio - Pez

2018. Jungla Music

Desde los últimos resabios de Miss Garrison ya se venían asomando las nuevas inquietudes de Fran Straube, vocalista y baterista del hoy grupo en receso. Mucho más cercana a las posibilidades de la tecnología y la electrónica que al impulso punk de sus inicios, la Fran –bajo el seudónimo de Rubio– comenzó una carrera solista donde la ambientación binaria y la sobreproducción se convirtieron en sus mejores aliados, y en donde además se nota más cómoda componiendo. Así se construyó “Pez” –su álbum debut–, que de paso también dio golpe a la cátedra al haber sido desfragmentado y presentado previamente en cinco EPs más unos clips que fueron mostrando, por una parte, su coqueteo constante para trabajar con multiplataformas, a su vez de su serpenteo imaginativo, entre ritmos y músicas que estaba desarrollando bajo un molde creativo lleno de texturas.

“Pez” es un disco de pop donde el acento rítmico entre las percusiones y el beat son el corazón de cada una de las doce canciones que lo conforman, y que fueron trabajadas por capas sonoras llenas de colores y que no abandonan esa red orgánica que entrega cada instrumento (batería, teclados y violín). Las voces también son clave, con la Fran explorando muchos registros vocales, que le dan un rol distinto a cada personaje que brota de cada canción, a la vez que humaniza esta música hecha entre botoneras y bytes. Al final, son doce viajes oníricos hacia el universo expansivo, místico y sobre todo auténtico de Rubio. Doce estaciones diferentes en las cuales se van conjugando emociones y construyendo melodías diversas que al final son como una espiral envolvente. La oscuridad de ‘Seres invisibles’ se combina con el desprendimiento conceptual de ‘Árboles’, donde detalles de pianos y violines van marcando la diferencia. Este inicio nostálgico se quiebra en ‘Hacia el fondo’, una canción con una elocuente cama beats tecnicolores de pulso constante. La cinematográfica ‘Luz’ cuenta con la colaboración de Carlos Cabezas, cuya voz grave se mimetiza entre una ambientación llena de suspenso y una música ecléctica con pinceladas de trip hop. En la misma línea están ‘Coral’, ‘Yoko’ e ‘Indonesia’, que comparten cierta tenebrosidad con las melodías ambientales que construyen Trent Reznor con Atticus Ross en sus soundtracks.

‘Fábula’ marca un quiebre, iniciando una “pegada bailable” –pero en los términos de Rubio– con ‘La llamada’ y su invitado Gianluca filtrando su voz con autotune, infectando de trap una de las canciones densas del disco. ‘Las plantas’, ‘El tesoro’ y ‘Mátame’, para tener una referencia, se meten en el mundo sónico del Thom Yorke solista (y al de Atoms For Peace), con una fuerte sección rítmica y los sonidos electrónicos experimentales que entran y salen desde las profundidades del océano imaginado por Rubio. A esta altura, nuestros sentidos ya se encuentran varios metros bajo el nivel del mar. El trance que propone “Pez”, que partió luminoso y lleno de aire, acaba en una tensión lúgubre, cerrando el círculo y susurrando “Mátame para que salga lo nuevo”. Un ejercicio catalizador y un disco que puso a Rubio como una de las revelaciones del año.

César Tudela

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