Feral Roots

Rival Sons - Feral Roots

2019. Atlantic

Mientras todo el hype mediático recae sobre los bombásticos Greta Van Fleet, en silencio y casi ninguna caja de resonancia, los “otros” norteamericanos que suenan como Led Zeppelin, los californianos Rival Sons, celebran su primera década de vida editando su sexto álbum de estudio siempre bajo la tutela de su productor habitual Dave Cobb (A Thousand Horses, Europe). “Necesitábamos escribir un disco más positivo porque si vas a tocar estas canciones todas las noches, estar cantando sólo sobre la mierda negativa del mundo, puede llegar a deprimirte” dijo el cantante Jay Buchanan sobre el enfoque adoptado para el nuevo disco. Y aquello se nota sobremanera en la alegre y festiva apertura de ‘Do Your Worst’ que suena como un himno, con un coro masivo y ganchero apto para estadios, como cuando telonearon la última visita de Black Sabbath a Chile.

‘Sugar On the Bone’ tiene un fuzz distorsionado en el bajo que la hace sonar como un tema de power pop para competir en los rankings con Maroon 5, en otra canción pegajosa a más no poder, bailable incluso, pero llena de mala leche. Y cuando tienes una gran introducción de batería que suena como si detrás de los tambores estuviera el propio John Bonham (con un sonido idéntico además), es imposible que se trate de una mala canción, y de hecho ‘Back In the Woods’ es una de las mejores de todo el disco, con una potente y aguerrida guitarra de Scott Holiday que brilla por todo lo alto. Llevando a la placa a su cota más alta de calidad, aparece la épica ‘Look Away’ con excelentes y cambiantes ambientes, con melódicas armonías y contundentes quiebres de batería en partes iguales, en un tema tremendo y redondo. Las sutilezas acústicas del tema título recuerdan montones a… bueno ya lo pueden intuir, con una voz muy Plant de parte de Buchanan y una guitarra muy Page de parte de Holiday, que conducen la canción por un mar de cadencias hasta que todo explota en un fabuloso canon lleno de electricidad hacia el crepúsculo del tema.

En la segunda parte nos encontramos con cierta reiteración de esquemas, pero donde igual hay momentos de gran lucidez musical como en ‘Too Bad’ y una interpretación vocal de gran destello; o los arreglos de funk, soul y gospel en la bella ‘Stood By Me’, o la cadenciosa y sensual ‘Imperial Joy’ con un delicioso Hammond B3 apañando el sonido de la banda. Por otra parte, la tribal ‘The End of Forever’ es el tema más pesado del disco, para luego cerrar con una plegaria musical de nombre ‘Shooting Stars’, culminando casi 50 minutos de libre expresión musical de un viaje que despega y aterriza en la década de los setentas. El revisionismo y revitalismo no es nuevo en la historia de la música, y sólo hay dos formas de encararlo: ir directo a la fuentes rescatando el sonido primigenio y sin alteraciones, o, tomar los ingredientes base y alterarlos y modificarlos hasta obtener un nuevo elemento derivado. Claramente los Rival Sons tomaron el segundo camino para bien. Pulgares arriba.

Cristián Pavez

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