Return to Forever

Return to Forever

2015. Sony

No todos los días una banda de rock cumple 50 años de trayectoria. Muy pocas agrupaciones han logrado lo mismo que Scorpions, no solo por continuidad cronológica, sino por vigencia y éxito. Además, los alemanes nunca han tenido un parón de 10 años como otros grupos: lo suyo ha sido rockear de manera ininterrumpida desde 1965, cuando un adolescente Rudolf Schenker tuvo la visión de formar un combo que, con el tiempo, se transformaría en el primer grupo de rock teutón en triunfar a nivel mundial.

En ese contexto, “Return to Forever” es un disco digno, a la altura de tamaña celebración. Aunque no está exento de baches: es un álbum de extenso tracklist (19 temas sumando todas las diferentes ediciones) que cae en los mismos ripios de los últimos lanzamientos de Slash y Judas Priest, donde es prácticamente imposible que todos los temas sean buenos. Quitando algunos rellenos y una producción excesivamente moderna de parte de la dupla que integran Mikael Nord Andersson y Martin Hansen, que atenta en desmedro de la identidad habitual de la banda (el sonido de las guitarras de la dupla Schenker/Jabs), quizás buscando ex profeso no sonar nostálgicos (algo a lo que muchas bandas clásicas le tienen tirria pues lo consideran sinónimo de vejez y obsolescencia), el disco se disfruta sobre todo en las canciones de mayor potencia rockera como las contundentes ‘Rock My Car’, ‘Rock 'n' Roll Band’ y en la tremenda y excelsa ‘Hard Rockin’ the Place’ (quizás la mejor de todo el disco). Sería un buen experimento exponer a un oyente no conocedor de Scorpions a estos temas y ver si es capaz de adivinar que los músicos que rockean con ese poder son unos señores que superan los 65 años de edad, en los casos de Schenker y Meine.

En un principio, se había dicho que “Return to Forever” sería una colección de temas no editados de los 80, regrabados y puestos al día, pero después la banda se entusiasmó, compuso nuevas canciones e incluso rescató algunas inéditas que habían hecho para su “MTV Unplugged”, como ‘Dancing with the Moonlight’, que en su versión eléctrica es un tema poderoso y logrado. También están las infaltables baladas marca de la casa, fieles a la tradición de Scorpions, como ‘House of Cards’, ‘Eye of the Storm’, ‘Gipsy Life’ y ‘When the True Is a Lie’; esta última realmente notable gracias a unos electrizantes riffs en medio de las guitarras acústicas.

Pese a ser su álbum de estudio número 19, el grupo no suena para nada cansino ni avejentado. Al contrario, la base del recuperado baterista norteamericano James Kottak junto al bajista polaco Pavel Maciwoda suena precisa, ajustada y muy contundente, con esa dupla de guitarras del gran Rudolf Schenker y el virtuoso Matthias Jabs siempre dinámica y llena de poder: escuchen los acordes de ‘The Scratch' y su interesante mezcla de blues, jazz y hard rock (es el tema más jugado del disco), y sáquense el sombrero con la voz infinita del pequeño gigante Klaus Meine, quien de verdad está en una forma impresionante para sus 66 años, erizando la epidermis con su voz en la genial ‘We Built This House’, acertadamente elegida como primer single por su coro ganchero que se queda de inmediato en el cerebro y en el corazón, ya que muchas de las letras del disco hablan de las convicciones y determinación de la banda para nunca dar su brazo a torcer y rockear en las buenas y en las malas frente a las adversidades de la vida misma.

Es cosa de escuchar la potente voz de Meine y el empuje y empaque de la banda en la inicial ‘Going Out with a Bang’ para darse cuenta de que 50 años no son nada y que Scorpions regresaron para siempre, aunque nunca se hayan ido.

Cristián Pavez


 

 

 

 

 

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