The Purple Album

The Purple Album

2015. Frontiers

No puede acusarse a David Coverdale de ser un  tipo cobarde: hay que tener coraje para atreverse a regrabar clásicos inmortales del hard rock de hace 40 años, considerando lo mermada que tiene la voz en los últimos tiempos.

Pero el icónico e incombustible vocalista, lejos de escuchar críticas, va y le enrostra a esos detractores “The Purple Album”, disco tributo a su paso por Deep Purple en tres discos que entraron en la historia. Ahora, por lo que sí hay que darle una reprimenda a Coverdale es por venir sacando una y otra vez la misma portada desde “1987” con cambios mínimos en la gama cromática y algún detalle más. Tiene por lo menos cinco o seis discos prácticamente con la misma tapa, todas hechas por ese gran artista que es Hugh Syme, quien, claro, hace lo que el jefe le pide. Y pensar que hasta el álbum “Slide It In” (1984), las portadas de Whitesnake siempre fueron mágicas y provocativas, como ese lascivo detalle de la lengua de la serpiente en la carátula de “Come An’ Get It” (1981).

La idea básica es darle un nuevo aire a las canciones, por ello, en términos generales el disco tiene un filo más metálico (sobre todo en la batería), que deja de lado ese funk que le imprimía a algunos cortes en el bajo y voz el gran Glenn Hughes cuando estaba en Deep Purple junto a Coverdale.

Tratándose de temas muy conocidos, era más o menos fácil predecir en cuáles Coverdale andaría justo de voz, sobre todo en aquellos donde tiene que forzar su cuerdas vocales para ir a arriba, lo que se percibe en los himnos por excelencia ‘Burn’ y ‘Stormbringer’ y en la épica ‘Mistreated’ que, a punta de efectos y trucos de estudio en la voz, David logra sacar adelante dignamente, pero con sufrimiento.

Donde se sabía que iba a andar muy bien, usando su gran rango medio y grave, lleno de presencia y fuelle, era en las baladas. Las rendiciones de himnos acústicos como ‘Soldier of Fortune’ o ‘Holy Man’ le salen de maravillas, pero es en la excepcional ‘Sail Away’ donde brilla a un nivel estelar y consigue el mejor momento del disco. Una gran sorpresa a la vez: es la canción más distinta a la original. Si en el disco “Burn”, de 1974, pasaba algo desapercibida al lado de los grandes clásicos, aquí se transforma en un monumento. La cadenciosa ‘The Gipsy’ es otra gema de la placa. Perteneciente al disco “Stormbringer” (1974), mantiene casi intacta la magia de la original, y agrega ciertos detalles hipnóticos con los teclados y con un Coverdale elegante, cualidad que nunca ha perdido. También destaca la potencia de cortes como ‘You Fool no one’, ‘Lady double dealer’ y ‘Lay down stay down’, donde el trabajo de guitarras es simplemente extraordinario.

Quizás el vocalista debió sacar este tributo hace una década atrás, pero como el mismo confesó hace poco en una entrevista, siempre estuvo rondando la posibilidad de una reunión con Deep Purple y se estaba guardando para ese momento. La muerte del maestro de las teclas, Jon Lord, echó por tierra esos planes. Con este disco y su respectivo tour, Coverdale quiere recordar sus años púrpuras por una última vez. ¿Quiénes somos nosotros para decirle que no?

Cristián Pavez

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