Retrospectiva

polimetrodisco2018

2018. Independiente

Dicen que los años dan la experiencia necesaria para madurar y -en este caso- se cumple a cabalidad. Polímetro, agrupación nacida hace más de 20 años y una de las más prometedoras de finales de los 90’, vuelve con su tercer largaduración, una obra conceptual que demuestra todo lo aprendido en prácticamente una década de silencio y también durante estos años de actividad tras el esperado retorno de 2014 con el álbum “El Laberinto de los Sueños”. La producción, grabada Espacio Yungay (dejando de lado la opción de trabajar junto a Nicolás Arce), se muestra mucho más elaborada que sus antecesoras, agregando instrumentos no muy comunes en su música (como cellos, contrabajo, flauta traversa y violín), así como también una historia que -si bien no tiene un contexto muy original- logra plasmar una realidad cruda, dolorosa y que esperemos nunca se olvide.
 
La historia se sitúa en la polarizada década de los 70’, un Chile que ostentaba “un pueblo sumergido en un sueño lúcido, el de una sociedad justa”, tal como lo pregona la banda chilena en el librillo del CD. El triste relato de la familia de Elisa, Víctor y sus hijos se sumerge en un mar de melodías un tanto conocidas, manteniendo las raíces del grupo, pero incorporando nuevos elementos que los llevan por rumbos que incluso lo tintan de folclórico. El inicio del álbum es más bien lento con ‘Semilla Consciente’ y ‘Sueños’, pero poco a poco va tomando fuerza con el correr de los minutos. Se trata de composiciones que van de menos a más, en las que se mantiene intacto el sello y talento de la banda, pero que incorporan un atrevimiento que no se había visto en los chilenos, uno que busca darle forma a un álbum conceptual en su más amplio sentido.
 
‘Fragmentos’ es un verdadero himno, una canción de coro impecable e imperecedero que queda en tu mente resonando con sus líneas: “No, no me ocultaré, no me arrastraré. No tengo miedo”. Por su parte, ‘Destino 09.11’ presenta todo lo que esperamos de la evolución en la música de Polímetro; una composición que inicia bajo un prisma acústico, dando paso a las palabras del inmortal Víctor Jara, cantautor que habla sobre el carácter de las canciones de Violeta Parra (entrevista realizada por el periodista, poeta y folclorista peruano Nicomedes Santa Cruz algunos meses antes del fallecimiento del chileno). Es aquí donde se nota la evolución de los hermanos Esquivel y compañía, una canción que remata en pasajes progresivos y que desemboca en una cuasi “canción de cuna”, ‘Noviembre’, donde Elisa (la protagonista de la historia) se confiesa con su hija Amanda sobre el horrible destino de su padre.

La voz de Susarte está impecable como de costumbre, con ese color de voz tan particular y que no necesita de grandes registros para brillar. Hilando más fino, sólo habría sido bueno mejorar la interpretación de los personajes, pues la representación de las diferentes voces podría haber sido aún mejor trabajada, incluso creando un relato de teñiduras teatrales. Asimismo, la mezcla en el sonido no le favoreció del todo; las líneas vocales se escuchan bajas respecto al resto de los instrumentos y -personalmente- creo que se le deberían haber dado más protagonismo. Pese a los detalles, la producción es sólida, llena de matices, elementos a descubrir con el tiempo y canciones que van madurando ostensiblemente pasada tras pasada.

La historia avanza entre los paisajes aterradores de la dictadura chilena, relato desgarrador donde la música se acopla magníficamente sin la necesidad de hacerlo forzado. Muy por el contrario, la música y letras van de la mano, congeniando un álbum que -sin quererlo- va envolviendo al oyente a través de sus 14 composiciones. El despliegue de los músicos es más que correcto y mantiene ese virtuosismo que ha dado a Polimetro el pedestal de uno de los grandes del metal chileno. Sin ánimo de “spoilear”, la historia va desgranando varias escenas, donde sus personajes tendrán que sortear cada una de las dificultades que presenta un país absolutamente dividido, que tardará muchos años para “normalizar” una realidad que aún no logra ser superada.

En resumen, el regreso de Polímetro es todo lo que esperábamos. Una obra redonda, madura y muy bien concebida desde todo punto de vista. El quinteto mantiene el sonido progresivo que le dio reconocimiento a finales del milenio pasado, pero esta vez incluyen elementos compositivos dignos de músicos que ya ven la vida desde un presente que tiene suficiente pasado como para aprender de él. La historia no es una simple anécdota, lo ocurrido años atrás debe servir de aprendizaje para lo que viene… y Polímetro lo tiene claro. Esta no sólo es una retrospectiva, sino que es una mirada al pasado en miras de un futuro que -pese a los tropiezos- aún sigue siendo prometedor.

Rodrigo Bravo Bustos

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