Wish You Were Here

Wish You Were Here

1975. EMI

Cuesta enfrentarse a un disco de Pink Floyd de estas características tratando de ser lo más objetivo posible, tomando en cuenta que en cada uno de sus trabajos, la genial agrupación rozó el cielo, sobre todo en los que realizó durante la década 70. Más aún cuando se trata de uno de los álbumes más importantes, significativos y emblemáticos de su trayectoria, resulta un ejercicio más complejo. Y por último, si tomamos en cuenta el impresionante recital que nos regalara el maestro Roger Waters hace algunos días, el desafío es mayor. Sin embargo, es necesario comentar una placa tan maravillosa y que llega al alma de una manera única como lo es “Wish You Were Here”

Nada se entendería sin un poco de historia: recordemos que la placa que antecede este disco es el majestuoso “Dark Side Of The Moon”, que para muchos, dentro de los cuales me incluyo, es lo mejor que ha hecho Floyd en toda su trayectoria. Incluso iría un poco más allá, ya que personalmente, pienso que es el mejor disco de rock que se ha creado en toda la historia de la música. Un desarrollo instrumental, poético y conceptual sin precedentes, de una perfección única.

En este escenario la cosa se volvía complicada para los muchachos en el sentido de la continuación del legado. Pero, qué duda cabe, “Wish You Were Here” superó con creces cualquier expectativa de los fanáticos y de ellos mismos. Un disco redondo de principio a fin, de gran éxito, y en cuyo interior encontramos joyas del cancionero floydiano.

El tema central de esta obra es un homenaje a Syd Barrett, el amigo que había partido hacía muchos años de la agrupación, dejando un camino y un legado tremendo para el rock. Incluso la leyenda cuenta que Barrett estuvo presente en los estudios Abbey Road durante la grabación de la placa, entre Enero y Julio de 1975. La historia se resume en que el gran Syd observó el trabajo de sus compañeros, para luego retirarse sin decir palabra alguna, presumiblemente habiendo quedado disconforme por los resultados. Obviamente esta premisa resulta atractiva para cualquier fanático, y tomando en cuenta el excepcional arte gráfico, por cuenta de Hipgnosis y que muestra a dos hombres saludándose mientras uno de ellos se incendia, es inevitable entrar con altas expectativas a esta experiencia que nos ofrecen Waters, Gilmour, Wright y Mason.

Desde el comienzo, uno ya se siente totalmente impresionado y cautivo por el disco. Porque el inicio no podía ser más fenomenal: “Shine On You Crazy Diamond”. Tantas cosas se podrían decir de algo como esto. Trataré de referirme entonces: una suite sorprendente, llena de matices y sonoridades propias de Pink Floyd. Comienza con Richard Wright como protagonista, con ese teclado omnipresente, ejecutado con suavidad y precisión, y donde posteriormente hace su triunfal aparición el maestro David Gilmour, con ese sonido Fender tan característico de su ejecución, al igual como esas formas de comunicar que sólo él puede sacar a su guitarra. Esta parte del tema lleva a otro mundo, onírico, pero a la vez con una conciencia y expectativa constante sobre lo que vendrá posteriormente. Y es así como el señor Gilmour da paso a la triunfal aparición de la banda en pleno, Waters con un dominio excelente del bajo y Mason, con solidez en las baquetas, otorgando un gran aporte con cambios constantes y los platillos que deja sonar a destiempo en ocasiones. Posteriormente, un nuevo solo de Gilmour, soberbio, fuera de serie y por qué no decirlo, lleno de sentimiento también. Wright después aparece nuevamente con su interpretación clásica de sintetizador, acompañada por los ritmos sincopados de los demás ejecutantes, y cuando ya pensamos que está todo dicho para el abordaje total, es decir, entrar de lleno a la letra, David irrumpe nuevamente con otra parte de guitarra, que a mi parecer, es el camino perfecto para la posteridad, aún cuando en las versiones en vivo lo han eliminado. Después, Waters, el genio, entra con voz suave que se va haciendo cada vez más potente. La letra es cuento aparte: “Remember when you were young, you shone like the sun. Shine on you crazy diamond, Now there's a look in your eyes, like black holes in the sky, Shine on you crazy diamond, You were caught on the crossfire of childhood and stardom, blown on the steel breeze, Come on you target for faraway laughter, come on you stranger, you legend, you martyr, and shine!”

Hacer una metáfora de estas características sitúa a Waters en un espectro superior a muchos. Muestra un cariño predominante al hablar de su amigo, tratarlo como un diamante, loco tal vez, pero que brilla, a pesar de los “hoyos negros en el cielo” que connotan sus ojos. Se dice que los ojos son el espejo del alma, y en el caso de Barrett mostraban los malos momentos por lo que estaba pasando, todo esto bajo la visión de Roger. Cada uno que saque sus conclusiones.

Por otra parte, el saxo de Dick Parry entrega un nuevo matiz a la composición, un extenso desarrollo instrumental, otro atractivo, algo impresionante de quien se había convertido en la época en casi un miembro estable de la banda, luego de haber dejado para la historia el solo de saxo en “Money”. En resumen, “Shine On You Crazy Diamond” es una obra para la vida, que emociona y llega hasta lo más profundo, y que sintetiza el concepto del disco de manera total.

El segundo track es otro clásico. “Welcome To The Machine”, una particular visión del mundo la sociedad en que ese está inmerso. “Bienvenido hijo, bienvenido a la máquina, dónde has estado? Es bueno que sepamos dónde estuviste”. Algo así como una vuelta a la realidad luego de haber pasado por diversos estados y soñado muchas cosas. Este es el mundo real, y hay que asumirlo. En cuanto a lo netamente musical, los sonidos de sintetizadores predominan en toda la canción, como también el notable tratamiento de Gilmour sobre las guitarras acústicas. Las voces suenan melancólicas, pero a la vez con mucha fuerza, de manera de lograr que el mensaje se capte en su totalidad.

El lado B del vinilo comienza con una canción rockera, con mucho power, con un ritmo muy bien definido y nuevamente, esos sonidos Floyd tan característicos. Quien canta el tema es el reconocido artista inglés Roy Harper, un músico de folk ampliamente admirado por el mundo del rock inglés (no olvidemos la canción de Led Zeppelín “Hats Off To Roy Harper”). Su voz suena llena de magia y de potencia, y me parece una excelente iniciativa de Floyd, una forma de mostrar su música en otro espectro. Como punto adicional puedo mencionar que en el concierto de Roger Waters la versión sonó increíble, e hizo que todos nos conmoviéramos y nos sintiéramos atrapados por el tema. Al fin y al cabo, así es el rock.

Y llegamos al tema que da título al álbum, un clásico tremendo, porque si hablamos de que “Smoke On The Water” de Deep Purple es el riff que todo el mundo reconoce, me atrevo a preguntar, quien no ha escuchado “Wish You Were Here”. Una pieza tremenda, puro sentimiento, que muestra el deseo del grupo porque el “diamante loco” estuviera presente y junto a ellos. Aún así, se presta para otros significados, podemos verlo bajo el prisma e una canción de amor, melancólica, ya que todos hemos deseado que alguna persona esté aquí, a pesar de la distancia y de otros conflictos. Dentro de los detalles del tema, al inicio y justo antes de empezar el solo de guitarra acústica se puede escuchar un bostezo, así como también al final hace su aparición el gran violinista francés Stephane Grappelli, quien ejecuta su instrumento muy despacio, detalle al cual hay que poner mucha atención para notarlo. “Wish You Were Here” es la canción más reconocible de Pink Floyd, indispensable en los conciertos….un clásico de la vida.

Y cuando ya se piensa que está todo dicho, entre los sonidos de viento irrumpe un bajo, que da inicio a la segunda parte de “Shine On You Crazy Diamond”, esta vez mucho más enfocada en lo instrumental, en mostrar lo grandiosos que son los músicos. Waters tocando con fuerza el bajo, Wright con los acordes y sonoridades precisas, Mason con un ritmo ágil, dominado por el ride, y Gilmour con su guitarra slide, sacándole chispas a las cuerdas, para luego pasar una nueva estrofa, tan emocionante como lo que se ha escuchado en un principio. Posteriormente viene la etapa más rítmica, me atrevería a catalogarla como funky, con protagonismo de Wright en los teclados, sobre todo el clavinet. Una maravilla. Y para concluir este análisis, una melancólica melodía, triste, repleta de bellos acordes y notas, que por un momento transporta a la época de placas como “Meddle” y “Atom Heart Mother”. Qué impresionante manera de terminar algo así; no se podría esperar otra cosa.

Entonces, ¿qué conclusiones se pueden sacar de “Wish You Were Here”? Creo que es una obra maestra, un disco donde encontramos todos los elementos que hacen ser fanáticos de la obra floydiana y apreciar las cualidades instrumentales y líricas de la agrupación. Además sitúa a Roger Waters como el líder indiscutido, un hombre con una capacidad magnífica de crear letras que lleguen al alma de millones de personas en todo el mundo, y una forma única de decir las cosas. También nos muestra la perfecta cohesión que existía entre los integrantes del conjunto en aquel entonces, y pavimenta un camino sólido para los posteriores trabajos como “Animals” y The Wall”.

Por último, este es el disco que yo recomendaría para entrar de forma inicial pero definitiva al mundo de Pink Floyd. Digo definitiva porque Pink Floyd es una banda capaz de tocar una fibra emocional e intelectual como ninguna otra agrupación en cualquier lugar del mundo. Si alguien opina lo contrario, que haga la corrección al respecto.

Emilio Garrido Riquelme.-

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