The Wings Of War

Overkill disco 2019

2019. Nuclear Blast

Tras su brutal paso reciente por el Teatro Teletón, el quinteto de Nueva Jersey comandado por los históricos Bobby ‘Blitz’ Ellsworth y Carlos ‘DD’ Verni, está de vuelta con los que mejor saben hacer: triturar huesos con su inconfundible y siempre agresivo y punzante thrash metal de la vieja escuela, por la sencilla razón que ELLOS son la vieja escuela.

Con la friolera de 19 discos de estudio sobre sus espaldas, la energía, la potencia, la rabia y las ganas de destruirlo todo a su paso, sigue siendo el principal hándicap de la banda y “The Wings Of War” no se mueve un ápice de aquello. Una cibernética introducción marcial da paso a un vendaval de lacerantes riffs, donde la presentación de su nueva y letal arma de destrucción masiva no se hace esperar: el baterista Jason Bittner (Shadows Fall, Flotsam And Jetsam) que hace su debut oficial en un disco de la banda. El doble bombo no da tregua y la voz de ‘Blitz’ suena tan afilada como siempre, en un arranque durísimo y demoledor que va directo a la yugular del oyente. ‘Believe In The Fight’ rebaja la velocidad más no la intensidad, y los riff de Dave Linsk y Derek ‘The Skull’ Tailer se sienten como navajas sobre la piel. ‘Head Of Pin’ tiene mucho de Black Sabbath en sus acordes introductorios antes de que nuevamente se desate la marcha de la destrucción, en un tema más de heavy metal. Porque para thrash purista tenemos a la enorme y brutal ‘Batshitcrazy’ un homenaje encubierto a “Chaly” la mascota alada del grupo, mitad calavera, mitad murciélago, donde está genial la sección antes de los solos que tiene un fragmento de canción de cuna de terror, para luego dar paso a las guitarras friccionadas y humeantes a más no poder.

‘Distortion’ inicia con un bello interludio de bajo y guitarra en plan balada épica, para luego de un minuto, presentar un gran tema de heavy metal con resabios de Maiden en sus dobles armonías de guitarra, mientras que en ‘A Mother’s Prayer’ la descarga recuerda a unos primigenios Metallica, acelerados y rabiosos. ‘Welcome To The Garden State’ es un homenaje original a The Ramones y el costado punk de Overkill, debido a que ambas bandas recorrieron los mismos barrios; grupos callejeros que lograron conectar con esos inadaptados que necesitan alguien que los acoja, y el metal siempre ha sido un gran hogar donde llenar las carencias afectivas. Por eso ocurre que el adolescente que descubre el metal nunca más lo abandona. El bajo de Carlos Verni atruena en la oscura ‘Where Few Dare To Walk’ un poderoso medio tiempo lleno de virulencia lírica, mientras que en la rítmica y groovera ‘Out On The Road-Kill’ destaca como en todo el disco, la batería termo nuclear de Bittner quien aporrea los parches y bombos como un maníaco. ‘Hole In My Soul’ cierra el disco con la misma brutalidad con la que empezó, también sería un gran tema de apertura, pero en este caso es un cierre demoledor y titánico para una banda que, como pudimos comprobar recientemente en vivo, no muestra fisuras un su andamiaje sónico y que prometen seguir activos por mucho tiempo más hasta morir con las botas puestas.

Siendo un gran y aniquilador disco, el único reproche que se le puede hacer a la placa es que la producción está un poco saturada y distorsionada en sus niveles de espectro sonoro. Como es un disco auto-producido, faltó un oído experto externo que les indicara a los muchachos el no sobre pasarse, recordemos que discos notables como ‘Under The Influence’ (1989) y ‘Horroscope” (1991) que fueron producidos por Terry Date (Pantera, Deftones, White Zombie, Metal Church), suenan perfectos sin perder un ápice de agresión, brutalidad y peso; da la sensación que por querer sonar más contundentes y rabiosos al grupo se le pasó un poco la mano con los niveles y las consecuencias saltan al oído, pero de todas formas el nivel de las canciones está por sobre este no menor detalle, haciendo de “The Wings Of War” una bomba de mortero a punto de estallar, listo para repartir sus esquirlas a mansalva.

Cristián Pavez

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