Age Of

Oneohtrix Point Never - Age Of

2018. Warp

Hay todo un planteamiento filosófico en “Age Of”, la última obra del creador sonoro estadounidense Oneohtrix Point Never. Su lectura del escenario actual ostenta connotaciones oscuras y confusas, como si quisiera contarnos el deslumbramiento y a la vez la amargura de esta era, a través de texturas dieléctricas, melodías programadas para la autodestrucción, discursos desoladores e inextricables percusiones. Un futuro saturado de información que los humanos agotados, igual que obsoletas computadoras, resienten como el reflujo de una excedida acumulación de imágenes superfluas, inconscientes de todo ese contenido multimedia suspendido bajo las narices, una bola de información inservible expandiendo sus dimensiones cibernéticas igual que la basura plástica va formando un continente en los mares.
 
Daniel Lopatin (OPN), productor, compositor, y además clarividente de los tiempos modernos, se revuelca en ese espesura virtual y da forma a un interesante ejercicio de configuraciones y pulsos, calibrando la justa medida entre instrumentación midi, artefactos medievales, samples, sistematizaciones, portentosos sintetizadores y, como novedad, su propia y auto-tuneada voz, bajo la atenta supervisión de James Blake en la co-producción, con claras intenciones de abrirse a un público más amplio, sin perder por ello elegancia ni traicionar su instinto explorador. 

Luego de la recomendable banda sonora que hizo para la película “Good Time” (2017), y mientras producía a gigantes como Iggy Pop o David Byrne, el experimental productor ya cocinaba los ingredientes de “Age Of”. Para concretarlo decidió confeccionar los hilos de esta compleja red aislándose de la sociedad en un refugio rodeado de naturaleza, y en la insostenible soledad de este mundo hiper-interconectado cogió algunos de los desbordantes elementos de la zona digital, efímera y amenazante, para descargar su frustración ante el desconcierto de la naturaleza de la realidad, en un collage de frescas armonías y extrañas formas. La imagen central de la portada es una reveladora propuesta del artista Jim Shaw, “The Great Whatsit”, que presenta a tres chicas setenteras observando el futuro resplendente que brota de una macbook, simbolizando quizás el espejismo del consumo tecnológico, la magia que emula sonidos emitidos por dispositivos inteligentes a través de máquinas que artificialmente damos vida, intentando estimularla como si fuera una entidad orgánica. 

OPN pretende que tal proposición no se disipe entre el vapor de una iracunda abstracción, y puede que por eso en este álbum compone y canta sus propios versos, y aunque tiendan a generar ciertas luces de pop ligero, se trata de letras que hablan de abandono y nostálgico pesimismo. Para ello cuenta con la colaboración de Anohni (Antony and the Johnsons, Hercules and Love Affair), en temas como ‘Same’, una pieza con aires de un distorsionado revival ochentero; y del artista noise, Prurient, en el vaticinio sombrío que es ‘Warning’. En ‘Babylon’ torna en un vaquero espacial que flota en una balada siniestra sobre la monstruosa urbe, y ‘Black Snow’, también calma e introspectiva, es el centro de la penumbra, el ojo del huracán, donde el demonio toca la cruenta melodía de un planeta con tristes sintomatologías desprendiendo sombras magnéticas, EVENING CHAOS, ETERNITY CHAOS, MIDNIGHT CHAOS, ETERNITY CHAOS.

“Quiero ver dentro del alienígena, quiero sentir tus órganos al revés”. ‘The Station’ es lo mejor de los trece tracks que componen el álbum. Una irresistible línea de bajo abduce en un trance de bellos arreglos confeccionados con alta precisión, algo barroco y algo moderno [el clavicordio es un instrumento recurrente en varios pasajes, otorgando una interesante sensación retrofuturista], muy bien condensados a medida que el riff nos conduce hacia el inexorable fin, donde pareciera que la nave desplaza el tiempo hacia atrás para esbozar un amague de empezar otra vez: hacia el infinito. 

Parece que Daniel disfrutó mucho de la película “Toys” (1992), pues su intención en el tema ‘Toys 2’ es crear una banda sonora para una secuela imaginaria, y el resultado es un juego de cadencias envueltas en capas aquietadas que intentan proyectar la impronta de comedia y fantasía protagonizada por Robin Williams. ‘We'll Take It’ tiene la solemnidad del preámbulo de una batalla, sus palpitaciones eléctricas son un tremendo aporte de Eli Keszler, quién contribuye con las secciones rítmicas del álbum.  

Una miríada es el conteo de cien veces cien, mas Lopatin utiliza este símbolo como una crítica social, una metáfora de la vorágine rebalsada, la cultura hambrienta y colmada de sí misma, avanzando jadeante hacia el abismo. ‘myriad.industries’ es muy representativa de toda esta idea, pues encierra el concepto que OPN lleva a cabo en sus sensoriales conciertos, incorporando esculturas abstractas, juegos efímeros, poesía esotérica y especulación de un futuro impensable, una civilización con un pie hacia el incierto porvenir y el otro enterrado en los escombros. Lopatin dice haberse inspirado en la Teoría Generacional de los autores William Strauss y Neil Howe, en el que se identifican las cuatro etapas cíclicas de un imperio: Age of Ecco, fase de pre-evolución donde la humanidad no posee expresión ni lenguaje; Age of Harvest, surge la comunicación y la necesidad de sobrevivir, generando una armonía agrícola entre la vida y la tierra; Age of Excess, la ambición industrial y la explotación indiscriminada presagian lo peor y Age of Bondage, la congestión, la tierra convertida ya por la propia humanidad en un terreno baldío. 
 
Aberturas difusas, garabatos digitales, insospechados ruidos abren paso a una estética más lúcida y fluida, a través de canciones que se desarticulan en el transcurso de su estructura, transitando por una electrónica post-industrial y a la vez barroca, como quien apuesta a musicalizar religiones extraterrestres. Aunque no alancen los niveles de elocuencia de ‘Replica’ (2011) o ‘R Plus Seven’ (2013), estas “extrañas baladitas pesadillezcas” de “Age Of” vienen a significar el compendio entre una intencionalidad de ideas más nítida y una producción cada vez más pulcra. Para los expedicionarios de la música será un goce, una escapatoria y una revelación, como lo han sido hasta ahora la mayoría de los trabajos de Oneohtrix Point Never. 

Sebastián Chávez P. 

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