Cárdeno

Nosotros la miseria

2018, Cachalote Recs

Más melódicos de lo que estábamos acostumbrados a oír en pasajes de sus discos “El silencio de los pájaros” (2012) y “Contrabando de ideas muertas” (2016), la banda de posthardcore Nosotros, La Miseria traen esta nueva experiencia musical grabada por Juan José Sánchez (Asamblea Internacional del Fuego, Tenemos Explosivos) y producida por Roberto Muñoz (Cachalote Recs). “Cárdeno” fue publicado en mayo pasado y los resultados son tan variados como sorprendentes.

El componente más profundo, y que marca a fuego todos los trabajos de la banda, tiene que ver con su discurso: melancolía, infortunio, crítica sensible a la modernidad. Es este mismo elemento el que entrega el sello insigne del disco. Un trabajo que hace gala de lo melódico, que coquetea con el post-rock, y que se entrega a una fuerte relación con el shoegaze.

Pero lo que más llama la atención es el cambio estrepitoso desde las voces desgarradas, más propias del screamo noventero y de bandas como Funeral Diner, hacia sonidos más indie y experimentales que presenta esta nueva producción. Es una fórmula que ya otras bandas nacionales han probado: Caminos, en “Anhedonia” (2014), se atrevió con arreglos más armoniosos y sintéticos; además de un tratamiento de voces más surrealistas, difuminadas y a veces poco descifrables. De manera similar, el sonido alcanzado por Nosotros, La Miseria en “Cárdeno” toma elementos de corrientes musicales alternativas, similares a los argentinos de La Suma de Todos los Tiempos, sin dejar de lado la tensión y oscuridad propia que evoca cada trabajo de la banda. ‘Fauna’ es el track que inicia este viaje de nostalgia, y sienta los cimientos que sostienen el disco por completo. Es el tema encargado de presentarnos lo que se viene, pero dejando la puerta abierta a las posibilidades sonoras que asoman a la vuelta de la siguiente canción: ritmos más poperos, otros más screamo e incluso canciones semi acústicas. Esta puede ser una de las canciones más rápidas en su musicalidad, donde cada palabra cantada de manera limpia aparece por detrás de guitarras audaces y de ese bajo punzante que toma el protagonismo cuando las seis cuerdas descansan de las distorsiones.

El disco avanza sobre musicalidades oscuras, letras cargadas de sensibilidad, y ambientes sonoros oníricos. ‘Cárdeno’, ubicado en el corazón del disco, se levanta como una canción palpitante y acotada. “Siempre estás rodeado de una nube negra / Y mentirás diciendo que estás bien / Y no habrá nada más que pueda hacerte respirar como cuando empiezas a recordar”. Es esta sucesión de frases el esqueleto de una canción, que nos entrega en poco más de cinco minutos, la razón final del concepto del disco: la lucha constante contra nuestros propios fantasmas, contra el peso de oportunidades negadas que se alzan como una carga sobre los hombros, y, por sobre todo, contra las ganas de desistir a mitad del camino. “Atrapado hundiéndote en la soledad/ Mutilando cada oportunidad de amar” es la sentencia del discurso, que anuncia también el final de los latidos de ese corazón. Hacia el final, aparece ‘Acuario’, la canción más sensible, acaso dolorosa, del disco. Es aquí donde la voz de Ángelo Saavedra alcanza tonos ínfimos, casi irreconocibles, cediéndole el protagonismo a la saturación de las guitarras y al ambiente de decadencia que aportan las trompetas de Gino Carvallo. Por su parte, ‘Más’, la última canción, se presenta con la tonalidad propia del último tema: nostálgico y resignado. “Más, dame más/ de lo que puedo aguantar” reza finalmente la canción. Y con ello, cierra la obra proponiendo que nunca es suficiente, que aún se puede aguantar un poco más.

En suma, “Cárdeno” es la propuesta más atrevida de la banda en lo que va de su trayectoria, incursionando en nuevas sonoridades, explorando una manera distinta de hacer las cosas, dejando de lado las voces más agresivas, pero aún así manteniendo la temática de lo político-personal como un sello distintivo. Esta vez, la nueva receta funcionó.

Jimena Conejeros

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