Bad Witch

Nine Inch Nails - Bad Witch

2018. The Null Corporation

Hace un par de días, Nine Inch Nails se presentó en el Royal Albert Hall, una sala mítica de Londres, Inglaterra. Durante el concierto, Trent Reznor se refirió a su nuevo disco, al que considera más veloz en comparación al material anterior del proyecto. Y claro que "Bad Witch" tiene pasajes acelerados, como la apertura con 'Shit Mirror', cuyo coro habla con una mezcla de sensatez e ironía sobre el actual panorama planetario. "Nuevo mundo, nuevos tiempos, la mutación se siente bien", canta el único miembro estable de Nine Inch Nails. También se mueve con premura 'Ahead of Ourselves', agitada, agresiva, urgente. Hay suficiente saña en ella como para pegarla con una de Sleaford Mods, así como también hay saña en las últimas entrevistas de Reznor. Una pregunta que se hizo en voz alta, conversando con el Guardian: "¿Quién soy yo en este mundo, en el que se siente que todos los días cambian de lugar los muebles mientras duermo?". Quizás de ahí viene tanta velocidad.

Elucubraciones aparte, lo cierto es que "Bad Witch" no solamente propone rapidez. Un tema inquietante como 'Play the Goddamned Part', abrasivo, construye tensión dramática hasta culminar como si fuese una versión extendida del final de 'The National Anthem' de Radiohead. El saxo que toca Reznor, entre jazzy y no wave, es un claro homenaje al sonido de David Bowie, uno de sus maestros y colaboradores, en el crepuscular "Blackstar". La fascinación que ejerce la entrega final del Duque Blanco sobre Nine Inch Nails no podría estar más clara: durante el último año, esporádicamente, han estado tocando un cover de 'I Can't Give Everything Away' en sus shows. El dejo breakbeat de "Bad Witch" recuerda a otro álbum de Bowie: "Earthling" de 1997, muy influenciado por Roni Size, Goldie y, en general, la explosión del drum and bass.

Volviendo al tema de la rapidez, con treinta minutos y seis canciones, "Bad Witch" es el más corto de los discos de NIN. Originalmente, sería el tercer EP de la saga que integran "Not the Actual Events" (2016) y "Add Violence" (2017), pero su cohesión conceptual hizo que Reznor lo ascendiera de categoría. Después de todo, si Kanye West puede, ¿por qué no él? Sumando y restando, este registro propone, pese a su brevedad, una amplia paleta estilística que, si bien no está agrupada en el tracklist, puede dividirse en dos: las canciones más directas que NIN ha publicado en muchos años y las canciones más interesantes que NIN ha publicado en años. Un costado accesible y otro experimental, un esquema que recuerda, guardando las proporciones y dada las referencias explícitas a Bowie, al comienzo de la Trilogía de Berlín con "Low". Lo cierto es que Reznor no sonaba tan vital desde "With Teeth" y eso es suficiente motivo para celebrar este regreso que se pasa volando.

Andrés Panes