The New Order

The New Order
1988. Megaforce/Atlantic

Para muchos 1988 fue año de consolidación. Metallica llegaba a la cima con "...And Justice For All", Slayer estaba en el medio de una magnífica trilogía con "South Of Heaven" y Ántrax reforzaba su nombre -aunque no con buenas críticas- con "State Of Euphoria". Sin embargo, para otros, como Testament, ese fue año de despegue, la confirmación de una propuesta extrema y directa, con mucha de la base de los anteriormente nombrados, pero con una preocupación por la técnica tan exquisita como sorprendente.

"The New Order" es el segundo disco de la banda liderada por Chuck Billy (voz), y continúa el legado de "The Legacy" (valga la redundancia), el disco debut de 1987. Desde el primer corte, titulado 'Eerie Inhabitants', aparece ese sonido distintivo que perduraría en su carrera. La dualidad guitarrera en manos de Eric Peterson y Alex Skolnick, los sorpresivos quiebres, los riffs amurallados y los solos majestuosos, son algo que pocas bandas de thrash metal consiguieron en su época, reconociendo que cada una de ellas tenía un virtuosismo musical perdido en nuestros tiempos.

Testament va generando una onda movediza, que invoca la energía vital para crear. Es mucha potencia, pero también groove, no es solo peso desmedido, sino melodías cabalgantes que te guían por donde las voces de Billy mandan. El resto de la alineación de este álbum está compuesta por el baterista formador, Louie Clemente (un maestro del doble bombo gatillado y la velocidad) y el bajista Greg Christian.

Este fue el disco que abrió el mercado mundial para Testament, llegando a tocar en los más importantes festivales europeos y en el mítico Mosters Of Rock. Ya la cosa estaba cambiando, la calidad de cada entrega iba mejorando y se iban consolidando dentro de la elite del metal mundial. Por eso no extraña que luego de 20 años de carrera, en cada compilación de Grandes Éxitos aparezcan los clásicos de este disco, como 'Into The Pit', 'The New Order', 'Trial By Fire' y 'Disciples Of The Watch', todos himnos que pasaron las generaciones y se quedaron para siempre en la memoria de un estilo tan productivo e intenso que muchos lo viven como si fuera el presente.

No quiero entrar en el análisis de cada tema, prefiero concentrarme en las emociones que me producen la magia instrumental de 'Hypnosis', la semi-oscuridad eléctrica de las partes introductorias de 'Disciples Of The Watch' o el poder de las guitarras en las complejas estructuras que le siguen. Tal vez lo único que todavía no me convencía tanto era la voz de Chuck Billy. Estaba la materia prima, el diamante en bruto con una característica excepcional, pero faltaba progresión en el manejo de su registro y en la conveniencia de las melodías. Algo que en "Practice What You Preach" terminó por aprender definitivamente.

"The New Order" es, sin duda, un disco clásico. Tal vez no es lo mejor en la trayectoria de la banda, pero sí la semilla de una banda grande, gigante, que nunca jugó con su identidad para atraer mercados. Músicos de sangre, honestos y muy, pero muy virtuosos.
 
Keko Peralta C.
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