Lucero

Lucero

2018. NSP

“Se viene heavy el próximo disco”. Ese fue el adelanto que Nano Stern hacía en Radio Rockaxis el año pasado, luego de presentar su experimental e íntimo EP “Santiago”. Y la advertencia no era una exageración. Sabíamos que estaba trabajando con un veterano en las consolas de la primera línea del rock como Tony Platt, ingeniero en sonido y productor inglés cuyo historial suma una envidiable lista de héroes de las cuerdas: Angus y Malcolm Young (AC/DC), Buddy Guy, Gary Moore, Lemmy Kilminster (Motörhead), entre otros. Bajo su lupa, enchufó la guitarra, y le puso distorsión y efectos como nunca antes en su discografía. El resultado, “Lucero”, segundo EP que funciona como una nueva (y exitosa) exploración sonora, esta vez en formato power trío y una propuesta rockera incuestionable.

Desde los primeros segundos de ‘Demasiada información’ se escucha –con total soltura y comodidad– el sonido intenso del EP.  De alusión directa en su letra a una crítica a los vicios de la hiperconectividad con una saturación de data, comentarios y noticias (incluidas las falsas), en lo musical su composición alude desde King Crimson a Primus, incluidos detalles armónicos sacados del flamenco y el vals peruano, en un detalle que solo pone en evidencia su calidad de fuste como un compositor con mundo. Por lo mismo, y pese a que ha fomentado una amplia carrera de una década desde lo acústico y arraigado a músicas folclóricas y de fusión latinoamericana, el sonido eléctrico y más pesado del rock no le es ajeno. Es más, el ejercicio de “Lucero” podríamos entenderlo, también, como una vuelta a sus inicios, al de ese adolescente que se devoraba los vinilos de Led Zeppelin y que formó, junto a otros amigos, la hoy inquieta banda Matorral.

Si bien canciones anteriores como ‘Mal de alturas’ (“Los espejos”, 2009), ‘La raíz’ (“Las torres de sal”, 2011), o ‘Dando vueltas’ (“Mil 500 vueltas", 2015) mostraban que el rock –con sus distintos colores– corría por sus venas, es en estas nuevas canciones donde las construye en su estampa más canónica. En ‘Aquí estoy’ aparece la escuela de Jimmy Page, con riffs y solos que envuelven una letra de existencialismo borgiano; ‘Precipicio’ tiene alma funk y groove de alta intensidad y un discurso pesimista, y donde aparece la performance vocal más clásica de Nano, del cantar hablando casi en décimas; mientras que en ‘Lucero’, es la más cercana a sus canciones tradicionales, sin perder la estridencia, y que nació luego de la inspiración encontrada tras la lectura del libro “La Estrella de Chile” de Gastón Soublette, a quien está dedicado el disco. Para cerrar, otra sorpresa: un versión completamente deconstruida –pero explosiva– de ‘Sambalandó’, el inmortal himno de Inti Illimani que Nano tensiona en clave rock.

“Lucero” es parte de una búsqueda personal de Stern. Un capítulo que lo llevó a prescindir de su sutileza compositiva para dar con otras formas más descollantes, como grabar con el volumen al límite, detalles en donde se evidencia el indiscutible aporte de Platt en producción. Y aunque parezca raro o anacrónico que un compositor en exploración de sonidos se remita a una música clásica (y en el último tiempo en constante juicio por su supuesta falta de vigencia) como el hard rock, Nano tiene su radar intacto, entendiendo que no hay manera de proyectarse hacia el futuro sin entender el pasado. El de él, ligado a ese sonido que sigue desafiando oídos, y que Neil Young –otro de sus mentores– vaticinara que no morirá jamás.

César Tudela

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