Everything’s Beautiful

Everything’s Beautiful

2016. Blue Note/Columbia

No es primera vez que el pianista Robert Glasper juega a armar y desarmar canciones, para presentar creaciones completamente diferentes. De hecho, en su serie de discos “Black Radio”, donde comparte con músicos como Snoop Dogg, Meshell Ndgeocello y Erykah Badu, entre otros, muestra cómo es capaz de empujar los límites del jazz, en aras de actualizar el estilo con elementos del hip-hop, el soul y en general, de la denominada black music. En ese sentido, Glasper también ha sido una de las voces más fuertes en relación a los episodios de violencia racial que han acontecido en los últimos años en Estados Unidos, abrazando la causa del #BlackLivesMatter como bandera de lucha.

Todo esto, de alguna manera, tiene mucho que ver con este verdadero disco colaborativo entre Glasper y el gran genio de Miles Davis. “Si estuviese vivo, yo creo que él me llamaría para estar en su banda”, declaró al New York Times Robert Glasper, cuando habló de este “Everything’s Beautiful”, en el que, junto a varios invitados, fue deconstruyendo piezas angulares del legado de Miles, para formar composiciones totalmente nuevas, en algunos casos, piezas que ni siquiera guardan relación con las originales.

Para estos efectos, es el mismísimo Miles el que da la partida en ‘Talking Shit’ cuando le pide al baterista –Joe Chambers– que halle un beat “consistente, pero no cursi”. Así, Glasper inicia el disco con elementos que están más ligados al último periodo de Davis: el beat funk y la libertad creativa, incluso las aproximaciones al hip-hop, como muestran los temas ‘Ghetto Walkin’’, que cuenta con la voz de Bilal, y ‘They Can’t Hold Me Down’, con Illa J de invitado.

También, hay canciones que son extraídas del catálogo más clásico de Miles Davis y puestas dentro de un contexto más actual. Entre ellas, está ‘Maiysha (so long)’, en la que aparece la vital colaboración de Erykah Badu, como también la revisión más “purista” que Glasper hace de ‘Milestones’. Ni hablar de cómo el pianista respeta los principios estilísticos detrás de las composiciones de la época de un álbum fundamental como “In a Silent Way”, con el beat de ‘Silence is the Way’, que cuenta con la colaboración de Laura Mvula en las voces.

El cierre del disco –en el que además nuevamente aparece la voz de Miles Davis– está a cargo de la guitarra de John Scofield, la voz profunda de Ledisi y un beat funk demoledor. Todo, unido bajo el “wait a minute” que repite Miles de forma intermitente, para después caer en un tema algo menor en ‘Right on Brotha’, pese a que la participación de Stevie Wonder en este corte es para disfrutarla y desmenuzarla.

Con “Everything’s Beautiful” sucede que, al no ser un álbum de versiones y sí de reinterpretaciones, el trabajo Robert Glasper deambula entre extremos. Por momentos, parece ser que efectivamente, el pianista logra dar con las teclas justas para transformar el lenguaje de Miles en uno propio y así, dar vida a un nuevo tema, con otros modos e incluso, otra intencionalidad, distinta a la original. No obstante, la otra cara de la moneda aparece cuando estas lecturas quedan entre ser un correcto homenaje y un invento que casi no se relaciona con el original. No hay duda que este riesgo doble es asumido con plena conciencia por Robert Glasper. 

Orlando Matamoros B.

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