Master Of Puppets

Master Of Puppets
1986. Elektra
 
A quince años de su edición y con mucha agua bajo el río en cuanto a cambios, Metallica todavía es recordado y alabado por “Master Of Puppets”, su tercer disco de estudio y el último donde pudimos disfrutar de toda la magia en las cuatro cuerdas que derrochaba el venerado Cliff Burton.
 
Lo de Metallica en “Master Of  Puppets” fue el punto máximo de esa explosión del speed metal de la Bay Area, la culminación de un germen que fueron propagando junto a bandas como Slayer, Anthrax y Megadeth, y que en “Kill ‘Em All” y “Ride The Lightning” (sus dos primeros discos) ya forzaban hasta el extremo. Lo mejor de todo es que esas canciones rápidas y poderosas, que renovaron la forma de enfrentar el metal en el mundo, se convirtieron en la piedra angular de todas las nuevas tendencias extremas. Gracias a ese desarrollo estilístico, hoy tenemos la posibilidad de enfrentarnos a variadas fórmulas en el mercado del rock, un mercado que no deja de proliferar nuevas ideas, pero siempre conservando la actitud y la preocupación por la técnica que Metallica logró desarrollar.
 
“Master Of Puppets”, la última etapa de una trilogía sónica, es considerado por muchos como el álbum más influyente en la historia de la banda. Una muestra de la madurez de una exploración que los llevó a combinar la agresión de la guitarra distorsionada con la melodía desgarrada, letras “rompe-esquemas” y la masificación de una actitud punk que peleaba contra el sistema pero que no desamparaba las ganas de aprovechar su juventud. ¿Más cerveza?
 
Pero entremos en materia musical, explorando cada uno de los 8 cortes que conforman esta poderosa experiencia sonora. La partida con ‘Battery’ ya es espectacular. –Lashing out the action, returning the reaction… tremendo. Las guitarras de Hammet y Hetfield construyendo unas murallas pesadísimas, la batería de Ulrich rompiendo todos los esquemas y la voz de Hetfield mucho más depurada que en los discos anteriores. Desde aquí ya se nota evolución, colores distintos, texturas más densas y preparadas, una fórmula que movilizaba cada parte sensible de tu cuerpo y te energizaba a más de mil voltios.
 
‘Master Of Puppets’, la segunda canción, ya te deja estúpido y te hace preguntarte de dónde sale tanto poder... y lo mejor, poder melódico. –Where the dreams than I’ve been after...Master, Master-. Aquí Metallica se sacó los zapatos porque aparte del peso y la técnica, la parte central del tema, la parte instrumental, es demasiado notable, mostrando a un Cliff Burton inspiradísimo que innova con su bajo distorsionado.
 
 
 
Después de eso quieres más, porque ya comienzas a asumir que serás un adicto por el resto de tu vida útil. ‘The Thing That Should Not Be’ es la baja de revoluciones, más oscura y densa que la anteriores pero con una atmósfera cargada de simbolismos y pasión. El puente perfecto para la esperada canción lenta de la banda, un terreno que empezaron a experimentar con ‘Fade To Black’ en el disco anterior, y que ahora, con ‘Welcome Home (Sanitarium)’ llevaron hasta el extremo de la perfección. Un punto demasiado notable para dejar pasar, y un tema que han debido recordar durante el resto de su carrera.
 
‘Disposable Heroes’ y ‘Leper Messiah’ son las típicas canciones sub-valoradas del disco, tal vez porque no son tan recordables como las otras, o representaban menos para el concepto del disco, pero de igual forma tienen el sello pesado y melódico que a esta altura Metallica ya tenía bien ganado. De estas dos prefiero ‘Messiah’ por ser más directa, agresiva y con ese gustito a ‘garage’ que todavía se hecha de menos en la banda.
 
Después de 40 minutos ya está todo listo para ‘Orion’, uno de los instrumentales más valorados y alabados de la banda, donde de verdad te llevan por pasajes y emociones extrañas. Aquí puedes sentir desde depresión hasta adrenalina, todo recreado en un paseo exquisito y bien logrado que destaca todos los instrumentos en su conjunto y por sí solos. Ocho minutos donde te hacen volar y recrear sentimientos con notas musicales, la verdadera esencia del arte.
 
Por último, ‘Damage Inc.’ es el golpe vitamínico que baja las cortinas del disco. Potente, aterradoramente rápida y con una energía que ilumina todos sus espacios,  es la muestra perfecta de la rabia juvenil y el peso que Metallica había acumulado desde 1981. Agotadora.
 
“Master Of Puppets”, casi 60 minutos de maestría metalera. Un clásico que rompió esquemas y que elevó el speed metal a un nivel insospechado, heredándole a las siguientes generaciones una actitud de inconformismo sónico y de búsqueda personal que cerró un ciclo extraordinario. Sólo queda el recuerdo para Cliff Burton, un bajista excepcional que en este disco despuntaba para leyenda... ahora lo es.
 
Keko Peralta

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