Dystopia

Dystopia

2016. Tradecraft

Megadeth cierra su nuevo disco, "Dystopia", con un cover de 'Foreign Policy' del clásico grupo de hardcore californiano Fear. No fue porque escaseara el material -de hecho, hay un par de canciones extra espolvoreadas en las otras versiones del álbum-, sino porque Dave Mustaine consideró, acertadamente, que era la mejor forma de rematar su vuelta al podio que tenía abandonado hace años. 'Foreign Policy' es un tema ajeno, sí, pero sirve para que Megadeth reclame lo que es suyo por derecho propio: los tintes punk de sus inicios y una saludable postura anti establishment.

En la revista Kerrang! de este mes, un entusiasta artículo dedicado a la actualidad de Mustaine, donde se asegura que "Dystopia" es lo mejor que ha sacado en 20 años, enfatiza que el guitarrista y cantante es el principal arquitecto del thrash metal. Fue, por un breve aunque muy decisivo momento, el ideólogo de lo que ocurría con las seis cuerdas en Metallica, y mientras tuvo a Kerry King en las filas de Megadeth, influenció su aproximación al instrumento, un cambio perceptible en "Hell Awaits", el segundo lanzamiento de Slayer, bastante más duro que "Show No Mercy", su debut. "Si el thrash metal americano tiene un padre fundador, el primer rostro en su Monte Rushmore, más que nadie, es Dave Mustaine", señala el texto. Considerando ese antecedente, "Dystopia" es un regreso en gloria y majestad al thrash del que Megadeth se había desligado.

Van a estar de fiesta los que odiaron escuchar un banjo metido en "Super Collider". Acá no encontrarán experimentos de ese tipo, sino más bien un esfuerzo consciente en avanzar sin olvidarse del pasado. Es más, a ratos da la impresión de que algunas de las nuevas canciones encajarían perfectamente en discos clásicos del grupo, como 'Post-American World', cuyas críticas al gobierno estadounidense hubiesen podido convivir con el repertorio de "Peace Sells... but Who's Buying?", o 'The Threat Is Real', que abre los fuegos rememorando un tanto a "Youthanasia".

Inciden directamente en el repunte cualitativo las nuevas adquisiciones, el batero Chris Adler de Lamb of God y el guitarrista Kiko Loureiro de Angra, que dejan a Megadeth convertido en un supergrupo todopoderoso. Con criterio de buen líder, Mustaine les da espacio suficiente para que exhiban su valía y establezcan sus credenciales: Adler es un as de los fills, Loureiro aporta su escuela power metal. Nadie con oídos sanos debería cuestionar por qué ellos ocupan ahora el territorio que los nostálgicos siempre atribuirán a Nick Menza y Marty Friedman. Pendientes de las novedades, tendemos a olvidarnos de Dave Ellefson, el otro veterano a bordo, pero ahí está su intervención en 'Fatal Illusion' para refrescar la memoria acerca del peso pesado que es.

Mustaine lidia con sus obsesiones de siempre, como la política y las teorías conspirativas ('Lying In State' es tan paranoica que no anda lejos del discurso de Donald Trump), pero se muestra distinto también. Tal vez a causa de los sinsabores de su vida reciente, como el fallecimiento de su suegra, aquejada de alzhéimer y desaparecida por dos meses antes de ser encontrada muerta, su voz denota una amargura existencial que le da mayor peso a cada palabra que pronuncia. Aun así, "Dystopia" deja un regusto dulce, victorioso, con 'Death from Within' encaramada entre lo mejor que la banda ha publicado en años y 'Poisonous Shadows' trasluciendo ambiciones sinfónicas. Por primera vez en mucho tiempo, Megadeth está a la altura de las expectativas. Esto hay que celebrarlo.

Andrés Panes

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