Gargoyle

Gargoyle

2017. Heavenly Recordings

¿Se puede reinventar el blues? ¿Es posible el rock gótico sin resabio de telenovela con ropa negra y delineador? Mark Lanegan tiene un nuevo álbum y atraviesa esa clase de interrogantes y desafíos. Las respuestas se hilvanan con lírica empecinada en imágenes vívidas de paisajes lúgubres y sentimientos confusos, tormento y resignación, junto a un decorado musical a ratos soberbio. El mundo de Mark Lanegan es simplemente oscuro, retorcido e intenso. Cuando abre sus puertas siempre conviene ver qué ofrece uno de los genuinos héroes del rock verdaderamente independiente.

El puñado de canciones en "Gargoyle" continúa, en parte, la senda de electrónica que ha experimentado de manera más notoria desde "Blues Funeral" (2012) y seguida en "Phantom Radio" (2014). Seis cortes de la decena de canciones fueron compuestos con el músico británico Rob Marshall (ex Exit Calm); los restantes junto a Alain Johannes, estrecho colaborador en los dos últimos discos de canciones inéditas. Marshall es todo un descubrimiento como guitarrista, consumado en montar capas y capas hasta dar con una textura que conjuga urgencia, melancolía y espectral delicadeza.

Con Johannes el material se inclina hacia fríos sintetizadores y pulsos maquinales desde 'Blue Blue Sea', canción enviciante, especie de liturgia con esa voz de oscuro sacerdote de Lanegan encajada en una secuencia matemática de acordes arrancados de un viejo sinte. 'Sister' resuena a blues decodificado en teclados que parecen ir en reversa. 'Emperor' desentona en "Gargoyle" como un chirrido, con su formación tradicional de guitarra, bajo y batería y un up tempo que no encaja con el espíritu dominante. El nivel de la dupla se recupera rápidamente en 'First Day of Winter', pieza perfecta para el invierno próximo y letra a la altura: “No queda nada en esta ciudad, solo los fantasmas que se arrastran a mi alrededor en pena”.

El tema que arranca "Gargoyle", 'Death’s Head Tattoo', es el único compuesto entre Lanegan, Marshall y Johannes. Contiene ecos del estilo del ex New Order Peter Hook, en un bajo punzante atravesado por riffs cristalinos y duros a la vez, como explosiones en cámara lenta, mientras Lanegan persiste en una imaginería siniestra y sugerente: “Ver al hombre mecerse en la horca, ver a la criatura caminando a través de la maleza, en un jardín cultivado por semillas malditas”. Los restantes títulos donde Marshall amuralla con guitarras como 'Nocturne' (“esa humilde droga está en mis venas”), y 'Old Swan' (“y aunque mi alma no vale la pena salvar”), contienen cierta dulzura propiciando ese extraño confort que provoca la música triste.

"Gargoyle" responde afirmativamente a esas dudas iniciales. Mark Lanegan es capaz de revisitar y transformar la idea del blues y ampliar las opciones góticas. Lo hace porque en su rol de artista, a pesar de describir un mundo que colinda y traspasa la oscuridad en distintas formas, nunca ha tenido miedo.

Marcelo Contreras

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