Majestic

Majestic

2005. Sanctuary/Metal-Is

Es cosa de ver el título que eligieron. “Majestic” nos empuja a recordar lo que Gamma Ray había hecho en “Land Of The Free” (1995), álbum reconocido por sus canciones más épicas y sonido más... majestuoso. Pero ¿alcanza a esa obra maestra? Aquí no tenemos sorpresas como la vuelta de Kai Hansen a las voces ni la participación del siempre echado de menos Michael Kiske, pero otra vez hay asomos de ese Power Metal agresivo, poderoso, melódico y dramático que nunca ha fallado cuando se han propuesto hacerlo.

El nuevo álbum supera largamente al anterior “No World Order!” cuyos intentos de darle una estampa más rockera al grupo resultaron en temas blandos y en calcos de Judas Priest. Hansen comprendió que estaba tratando de distanciarse de su propia identidad y lo corrigió con “Majestic”, pero ¿le alcanza para ser el mejor de la formación Hansen-Richter-Schlächter-Zimmermann? Sería mucho decir, ya que han pasado cuatro álbumes por los brazos de la misma alineación, lo que no deja de ser curioso si consideramos que Kai Hansen, una vez fuera Helloween, pretendía armar un proyecto solista para sacar discos y evitar las giras sin importar con quiénes. ¿Quién lo iba a culpar?, quería recuperar todo el control que había perdido en la segunda entrega de los Keeper. Ahora Gamma Ray es una banda hecha y derecha y más estable que la de la calabaza. 

Aunque digamos que no es mejor que “Land Of The Free” y que tampoco se levanta claramente como lo más grande del grupo actual, de todas maneras hay varios hechos que merecen la pena ser destacados. Primero, que Gamma Ray vuelve a tocar la música que su líder había creado, sin tomar “prestados” elementos ajenos con tanto descaro. Si a alguien no le sorprendió que ‘Solid’ fuera una fotocopia de ‘Rapid Fire’, o tampoco el que algunos pasajes de ‘New World Order’ fueran tan idénticos al coro de ‘Hell Bent For Leather”, fue porque no conocía a Judas Priest. Así de obvio. Qué necesidad tenía Kai Hansen en hacer eso... aún no me lo explico.

Esta vez Hansen trajo una porción de las canciones épicas que sostienen como pilares la base del disco y la que más destaca de ellas es ‘Blood Religion’. Desde ‘Rebellion In Dreamland’ y ‘Abyss Of The Void’ que no escuchaba el feeling que abrazaban comienzos acústicos como los de aquellos cortes, los que susurraban la venida de marchas épicas, grandes coros y fantasía aunque las letras trataran de cualquier otra cosa. Y ésta hace más que el honor. Había perdido las esperanzas después de ‘Anywhere In The Galaxy’, pero las sorpresas nunca se acaban. Que bueno es encontrar hoy un tema que pueda presentárselo a cualquiera que quiera conocer a Gamma Ray ya que en ‘Blood Religion’ está la esencia de toda su fuerza y su gloria. 

‘Hell Is Thy Home’, mientras tanto, recuerda al Helloween más duro que se escuchó en el primer EP, cuando Hansen y Weikath buscaban que la música sonara como si se estuviera compitiendo en algún deporte de resistencia o velocidad, como se le habrá caído el cassette a Andi Deris. Riff cortos y acelerados, afiladas armonías clavadas al doble bombo, coros melódicos... todo lo que hace a Hansen el icono metalero que es, un buen ejemplo de cómo se puede seguir trayendo composiciones excitantes utilizando las antiguas fórmulas que dieron forma a los clásicos de cada grupo, algo en lo que algunos, como Demons & Wizards, no han podido prevalecer. 

‘Strange World’ y ‘How Long’ demuestran que Gamma Ray aún puede hacer temas con altas cuotas de sorpresa. Los matices de rock ochentero salen inspirados y frescos junto con ingredientes intrínsecamente powermetaleros, los que se dividen en turnos con toda espontaneidad y que se complementan bien en sus extremos.

Pero recordemos que igual hablamos del Gamma Ray versión XXI. Esto, porque da la sensación de que en la primera patada del disco, ‘My Temple’, corrigieron varios aspectos que fallaron en la entrega del 2001. Tiene esa energía frontal que pretendían sin éxito varias del “No World Order!”. Un paso adelante... para dar dos hacia atrás... El baterista Dan Zimmermann cometió los mismos errores en sus canciones ’Condemned To Hell’ y ’Spiritual Dictator’, las que coinciden ser los puntos más bajos de “Majestic”. Predecibles en todo segundo, son las típicas muestras de cómo la estructura y melodía forzadas pueden apagar la potencia de los temas. Además, están alejadas del espíritu del álbum, como si las hubiera metido sin permiso o por la fuerza. No entiendo sus inclusiones y, dicho sea de paso, tampoco el criterio que usa Zimmermann para decidir qué temas suyos terminarán en Freedom Call y cuáles en Gamma Ray. 

El que sí asistió a la reunión de pauta fue Henjo Richter, quien clavó dos temas, ‘Fight’ y ‘Revelation’. Están dentro de lo mejor del álbum y se alinean perfectamente con el objetivo de “Majestic”. La primera contrasta los segundos más rápidos y los compases mid tempo más exquisitamente melódicos del LP, a lo ‘Send Me A Sign’, acompañado de un potente coro y presentado por unos arreglos de cellos que dan todo el dramatismo al track. Es una canción de la estampa Henjo Richter, pero adosada con toda la majestuosidad –les dije que se fijaran en el título– que está impregnada en la mayoría del disco. 

‘Revelation’ cierra el álbum de la manera que “Somewhere Out In Space” y “Powerplant” lo habían hecho con números extensos, intensos, variados y acrobáticos. Henjo no se había aventurado claramente en canciones así pero pone la suya a la altura de ‘Shine On’ de Schlächter y ‘Armageddon’ de Hansen. El guitarrista está en su mejor forma, luego de haber escrito cosas tan livianas en NWO! como ‘Hunting High And...’, perdón, ‘Follow Me’, y confirmó que se ha apartado del estilo de solos que saturó en sus dos primeros discos con Gamma Ray y en Avantasia. Todo un punto que se anota a su favor.

Lo más importante es que Gamma Ray se mantiene al frente del movimiento no sólo por lo que ha significado Kai Hansen en el circuito metalero, sino también por la calidad de esta entrega que repartieron. Sólo había que volver un poco a las raíces porque nunca han fallado a la hora de repuntar con sus propios inventos. Si se tuvo que aguantar cuatro años para que Gamma Ray sacara un buen álbum, entonces la espera sirvió.

Jorge Ciudad
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