Escupiendo tulipanes

Escupiendo tulipanes

2017. Independiente

Los Maricas es una banda de punk rock conformada hace cinco años aproximadamente. Ese lapso les ha bastado para editar abundante material con cinco EP más un slipt junto a la banda Secta Suicida. Lo anterior ha sido presentado con atractivos artes donde los colores pastel y lo macabro coinciden. “Escupiendo tulipanes” es el flamante debut del cuarteto bajo parámetros similares a los anteriormente establecidos por ellos en el underground capitalino.  

Primeramente es importante indicar que Los Maricas no es una propuesta de punk con moléculas anarquistas, líricas desidiosas y crestas que rozan los techos. Su ácido sonido entrega muchos decibeles y cólera pero también cruza pasajes melódicos, ofrece estribillos ocurrentes y se desmarca con picardía de lo establecido. Podría decirse que esta creatura nació para dulcificar a los punks de taches y botas así como para explotar los tímpanos de los hípsters mal parqueados. 

El disco tiene cortes a la vena, con riffs mugrosos y líricas que no dan lugar a meditaciones. Incluso el grupo se tira por corrientes más metaleras, en el que de un intermezzo electrónico se da una palmada en la cara en clave grindcore. Un hibrido que resultaría cargante de no ser por la autenticidad que se percibe a través de un deseo innato de mandar a la mierda cualquier preconcepción de cómo se deben hacer las cosas. 

La canción ‘34 días’ que abre el álbum es áspera y melódica, entregando a la primera una síntesis de lo que hacen Los Maricas. Por su lado ‘Libertad’ y ‘Jeffry y el mar’ resultan lacerantes. Los toques de belleza aparecen en la ganchera ‘Morenita’, mientras que ‘Presiones’ exhibe la enorme influencia de Sonic Youth en estos muchachos. 

Sosegada y sicotrópica resulta ‘Apulo’, un ejercicio armónico quizá influenciado por el ambiente del cálido municipio cundinamarqués. La segunda parte del disco da un sorbo rockabilly con ‘Ramen en Japón’ que cuenta con un sentido solo de guitarra. Más juguetona es ‘Saudade’, con el trabajo vocal compartido entre el guitarrista Jeffrey y la bajista Melissa. Atención a la densidad que pueden conseguir aquí.   

En el final encontramos piezas que redondean las intenciones en cuanto a matices, potencia y cursilería. ‘La balada de Brauni’ es un corte con mucho feeling, que se antoja a ser escuchado en uno de esos estrechos bares donde se mueven Los Maricas. La hardcore ‘Tiempo’ junto a un outro electrónico sin mucha chispa finiquitan la grabación, cercana a la media hora de duración. 

Los bogotanos estructuran un álbum insurrecto y emocional. Poco recomendado para los amantes de la virtud y la técnica; sobresaliente en cuanto a planteamiento y arrojo. 

Ricardo Suescún

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