Salen otras diez

Las Chaquetas Amarillas - Salen otras diez

2018. Autoedición

En la página de Facebook del grupo, aparece “mantengámoslo simple” en la descripción de la banda. Esa frase –suerte de mantra– domina por completo la nueva entrega de Las Chaquetas Amarillas, “Salen otras diez”, sucesor de “Diez primeras canciones”. Así, el grupo de Cristóbal Briceño, Héctor Muñoz, Daniel de la Fuente y Hugo San Juan marca desde el nombre una continuidad entre un disco y otro. Asimismo, también en la cantidad de canciones: 10 para cada entrega, separadas por casi cinco exactos años (5 años y unos días, si queremos ser quisquillosos).

Estos datos numéricos, sin embargo, dicen poco de las diferencias entre los dos trabajos. Si hace un lustro, la agrupación presentaba temas como ‘La limpieza’, en esta ocasión el grupo tiene en su paleta ‘Métele ganas’, ‘Hostil’ o ‘Ministra de la comunión’. Y sí, se mantienen simples las composiciones –quizás más que en su primera entrega– lo que sin dudas, favorece el esfuerzo. El paso marcado por ‘Ministra de la comunión’ es el que sigue el disco, en el que destacan las guitarras que, sin dudas, van acompañando el relato de Briceño –autor de todos los temas– y entregándole dinamismo al relato. En ese aspecto, es fundamental el tándem conformado por de la Fuente y San Juan, que con su pulso acelerado dan vitalidad a la carta de presentación de “Salen otras diez”. “La compilación / Dejó afuera la mejor canción”, canta Cristóbal Briceño en ‘Afuera la mejor’, que puede considerarse como una canción bisagra para ‘Traición’, en el que la banda saca a relucir toda su menú de influencias y colores a la hora de armar este corte.

Quizás el punto de inflexión de “Salen otras diez” sea ‘Hostil’, canción influenciada fuertemente por el soul (algo que el grupo va preparando en ‘Uno al fin’) y que explota tanto las capacidades histriónicas de su vocalista como el gran sentido musical y el fiato alcanzado por Las Chaquetas Amarillas, aún con cinco años de distancia entre un disco y otro.

La segunda mitad de “Salen otras diez” está marcada por lo que se muestra en ‘Hostil’. Con una influencia fuerte de la musicalidad de David Bowie, el grupo va presentando, desde ‘La cagué’ hasta ‘Auto de mi calle’, una sucesión de composiciones cada una superior a la otra, ahondando en la economía de recursos y en el buen gusto de los arreglos pero sin afectar al resultado final: grandes canciones, de esas de antaño, las que quedan en el oído por mucho tiempo.

Mención aparte merece la adaptación de ‘Hay un lugar’ que escuchamos. Se trata de una adaptación a la que logran dar su propio lenguaje, lo que con un tema de The Beatles ('There's a Place'), es mucho decir –más aún, tratándose del tema que versionaron– y de esta forma, además de rendir homenaje a una de las claras influencias del grupo (es conocido el fanatismo de Héctor Muñoz por los de Liverpool), el conjunto da prueba una vez de su musicalidad y su facilidad para hacer propias canciones ajenas (ejercicio probado en Fother Muckers o en Ases Falsos).

Felipe Kraljevich M.

Contenido Relacionado