La velocidad de las plantas

La velocidad de las plantas

2016. Quemasucabeza

Como nadie en su generación, Tomás Preuss, el solista detrás de Prehistöricos, conecta con la gama de sensaciones que afloran durante el romance adolescente. En el tercer disco del ex dúo, "La velocidad de las plantas", firma letras que se ajustan a la sensibilidad de un poema colegial escrito en la hoja de un cuaderno. "Yo que siempre te soñé, un día te encontré, qué dificil de creer, que esto iba a suceder", canta en 'Sueño lúcido'. La misma noción determinista del amor que desarrolla en 'Luz silenciosa' con algo más de abstracción: "Antes de que tú existieras, antes de que el mundo fuera, viví dentro de un sagrado cristal, esperando que tú nacieras".

Sintoniza con los incomprendidos. "Soy tan distinto a como me ves", dice en 'Nadar y desaparecer', una de las dos canciones en las que se aproxima al rapeo (la otra es '2 luces'). Al desadaptado por excelencia, Kurt Cobain, le dedica 'Largo viaje': "Mis manos se irán con la neblina, quiero desarmarme ahora que puedo, porque no me estoy sintiendo bien, porque no me estoy sintiendo bien".

Sobre delicadas bases de pop preciosista y de alta fragilidad, Preuss define el carácter unipersonal de Prehistöricos después del indigno quiebre que tuvo con Jessica Romo. Actor con experiencia en teatro, parece estar interpretando en la mayoría de sus canciones a un desvelado hombre ultra emotivo, potencialmente histérico, que a veces se hiperventila y llega a ser cursi. El pudor ajeno puede verse desafiado en frases tipo "no sabría qué hacer sin tus ojos".

Aun así, su trabajo posee una cualidad muy encantadora: toca con exactitud la fibra de cualquiera dispuesto a admitir que ha perdido la cabeza por alguien. Se adhiere a la lógica enrevesada del que está fuera de sus cabales y lejos de la claridad. Cuesta explicarlo, pero el estado anímico que describe en en el conmovedor coro de 'Rayo adentro' es tan real como contradictorio, tan posible como enredado: "Y aunque estoy tan perdido en todo, y pienso incluso en abandonarme, nunca me daré por vencido".

Demandante, Preuss exige plena atención o se corre el riesgo de confundir sus nuevos temas con un larguísimo suspiro cargado de anhelo. Sus canciones son engañosamente parejas, pero retribuyen la insistencia envolviendo en una acogedora atmósfera noctívaga. Toca un indie folk cebollero y detallista que a veces se torna el equivalente sonoro de un puchero amurrado o de tenderse en posición fetal.

Como de costumbre, mantiene elevado el nivel. Decora con violines el beat de 'Zumbido en la montaña' y se hace acreedor de una comparación con los fabulosos Postal Service, aunque en realidad se basó en 'We Have a Map of the Piano' de múm, que también influenciaban a Caramelitus, su proyecto con Camila Moreno. Donde mejor condensa ese regusto dosmilero es en 'Cada quien se sumerge', cercana al imaginario de grupos como Sigur Rós y Mew, otro de los aciertos de "La velocidad de las plantas", un disco que va revelando virtudes con la lentitud de su título.

Andrés Panes

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