Pylon

Pylon

2015. Spinefarm

Los himnos indies de bolsillo nunca nos advirtieron que estos días llegarían. Están ahí para mantenernos cómodos. Pero, cuando el desfile de hits se acaba y los molestos avisos comerciales nos golpean, nos las vemos solos con la realidad chocante de un mundo convulso y paranoico, casi al borde de una tercera guerra. Un panorama no muy diferente al que vio nacer a Killing Joke. Y es que “Pylon”, el disco número quince de los londinenses, es una bomba de tiempo, donde Jaz Coleman, alguna vez tildado de apocalíptico y lunático, es hoy todo un profeta con los ojos bien abiertos (‘New Cold War’).

Son cincuenta y ocho minutos de incesante apaleo, en los cuales los de Notting Hill vierten la esencia misma de su post-punk enajenado (‘Dawn of the Hive’, ‘Autonomous Zone’) con toques ensordecedores y bárbaros en ‘New Jerusalem’ y el single ‘I Am the Virus’, y de oscuridad industrial en ‘Delete’ y el glorioso cierre de ‘Into the Unknown’. La despiadada batería de Ferguson, el bajo cruel de Youth (una locura pensar que The Fireman es un proyecto suyo junto a Macca) y los gruñidos de guitarra de Geordie parecen ser casi tan fuertes hoy, luego de haberse reencontrado, que hace más de treinta años atrás, cuando todo recién comenzaba.

Encontrar una banda que sea capaz de elaborar un disco tan preciso luego de tantos años de carrera es algo difícil. Sobre todo para una que, a pesar de mantener su núcleo intacto, ha pasado por tantos cambios, de estructura y de sonido. Vinculando el punk, lo industrial y el metal, su médula ha sido masticada por bandas como Nine Inch Nails, Nirvana o Fear Factory, todas las cuales le deben la vida. Aquel que tenga alguna duda de por qué, que simplemente presione play y ponga el volumen al máximo. En un mundo donde todo parece una mala broma, a los Killing Joke hay que tomarlos muy en serio.

Nuno Veloso

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