Electric Messiah

High on Fire - Electric Messiah

2018. eOne

Nadie esperaba tener buenas nuevas de Matt Pike tan pronto. Y es que tras el gigante retorno de Sleep a principios del 2018 con “The Sciences”, el guitarrista volvió con “Electric Messiah”, octavo disco de High on Fire, que toma kilómetros de distancia con las espesas capas que factura junto a Al Cisneros y Jason Roeder en su banda primigenia para atacar a toda velocidad con una colección de canciones que es pura testosterona. Si lo de Sleep era lo más parecido a  flotar en trance por el espacio, lo de High on Fire es como una nave fuera de control a punto de colisionar violentamente mientras se quema en el proceso.

Esta veta adrenalínica de Pike siempre ha recibido las comparaciones respectivas con el legado de Motörhead, aspecto evidente en el pulso vertiginoso de ‘Spewn from the Earth’, ‘Freebooter’ o ‘Electric Messiah’, esta última concebida como un tributo explícito al eterno Lemmy Kilmister, y que toma las mejores técnicas del extinto combo inglés, como usar poderosas líneas vocales, posicionar acordes abiertos y cambiar de ritmo para encarar los solos de guitarra, todo con el fin de perpetrar el espíritu de los cultores de ‘Ace of Spades’.

Por otra parte, los cortes más extensos exploran terrenos que traspasan la velocidad desbordada que envuelve la mayor parte de la placa. ‘Sanctioned Annihilation’ o ‘Steps of the Ziggurat/House of Enlil’ suman complejidad instrumental con el gran trabajo de Des Kensel en la percusión, generando atmósferas cavernosas y claustrofóbicas en las que el doble pedal a toda máquina se combina con los explosivos golpes en los toms como si marcaran el paso hacia una procesión infernal ante el dios mesopotámico del viento Enlil. El tenaz bajo de Jeff Matz también hace lo suyo en ‘The Pallid Mask’, ‘God Of The Godless’ y ‘The Witch And The Christ’, proporcionando el soporte preciso para que oscilen entre los ritmos de un ritual primitivo y la aceleración propia del thrash lacerante mientras Pike rasga su garganta a más no poder.

El cierre con ‘Drowing Dog’ deja ver a un High On Fire mucho más enmarcado en los estándares de una banda de metal tradicional, con una profunda progresión de guitarra en la introducción que traza una línea divisoria con el resto de las canciones y se desplaza hacia una marcha mucho más pausada, quizá con el coro más melódico del disco y una bajada en la mitad que genera tensión y luego vuelve a la carga renaciendo como el fénix hasta extinguirse en el infinito.

Con Kurt Ballou por tercera vez en las perillas y casi 57 minutos de incesante brutalidad, High On Fire deja en claro que lo suyo es la consistencia justo en el año en que se cumplieron dos décadas de su formación y en el que su hombre ancla mostró lo mejor de sus dos almas. Sleep tendrá la mitología, el culto y la gracia de ser una fuerza misteriosa que aparece esporádicamente para estremecer los sentidos con su progresión hipnótica y cannábica, pero High On Fire tiene el trabajo, la intensidad, y la tozudez de seguir facturando un metal directo que golpea en la cara y quiebra la mandíbula, jugando con elementos probados para que el impacto sea aniquilador. Si de algo podemos estar seguros es que las dos encarnaciones de Matt Pike funcionan como perfectos complementarios.

Pablo Cerda

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