Musik der 135. Aktion, Kuba

Musik der 135. Aktion, Kuba Hermann Nitsch

2018. Trost Records

Apenas concluida la Segunda Guerra Mundial, un inusitado y efusivo renacer económico proliferó esencialmente en Estados Unidos. Un sustancial acontecimiento que consolidó un sistema mercantil en el que la exacerbación del consumo de bienes se impuso como forma principal de vida. Un diseño social que crea en el consumidor la idea de distinción y dominio frente al otro, logrando, con ello, una extraña ilusión de éxito y felicidad. No fue extraño que, como oblicua respuesta, apareciera el denominado Pop-Art, una manifestación artística que imitaba parcialmente esa naciente conducta de lujo y hedonismo, ni tampoco que proliferara la poesía salvaje y contestataria de la Beat Generation, cuyos integrantes apelaron por un cambio de los valores consumistas establecidos, y cuya contracultural ideología sería sustento intelectual a lo que se denominó posteriormente como Movimiento Hippie o Revolución de las Flores, postura inicialmente política que se extendió en mayor o menor medida por todo el mundo.

El arte, en su acepción como método de creación y oposición que ubica al hombre más cerca del ser que del tener, intenta zafarse de esa poderosa realidad capitalista y la enfrenta a través de la renovación de los lenguajes plásticos. El revolucionario objetivo que se impuso fue el de superar la idea de la obra de arte como objeto de consumo, de mercadería coleccionable, e intentar reemplazarla por una concepción o naturaleza fugaz, de suceso que nace y se desvanece inmediatamente, para finalmente, y en forma consecuente, disolver su materialidad y otorgarle una identidad no adquirible. Nace así un nuevo tipo de expresión, la del arte de acción, cuyas manifestaciones o hechos artísticos se expresan en formas tan diversas como la instalación, la performance o el happening. El arte deja de ser un objeto y se transforma en un devenir, en un evento que ahoga la pulsión de consumo material sobre la obra de arte.

El artista austriaco Hermann Nitsch, nacido en 1938 en plena invasión del ejército nazi en Viena, suscribió expresamente a los revolucionarios postulados antes descritos, aunque de una perspectiva profundamente radical. Junto a otros artistas como Günter Brus, Otto Mühl o Rudolf Schwarzklogler se le incluyó en aquello denominado como Accionismo Vienés, un movimiento que se caracterizó por ser una vertiente performativa en extremo provocativa, de expresiones drásticamente violentas y viscerales, que además de sobrepasar los criterios de la confección del objeto artístico, trasgredió los distintos tabúes sociales a través del uso de materiales que van más allá de las categorías aceptadas por la estética tradicional, e incluso, a través de la destrucción de las cosas o de la mutilación del cuerpo del mismo artista buscó la indignación del siempre arbitrario canon moral.

En 1957, Hermann Nitsch comienza a configurar la idea del “Orgien Mysterien Theater”, una acción global que se basa en la visión de la obra de arte como una escenificación teatral. Una -en apariencia- cruenta fantasía que es desarrollada por un cambiante número de actores que ejecutan un evento de fuerte carga simbólica y religiosa. Utilizando conceptos como la desnudez, la crucifixión o los sacrificios, y manipulando materiales como frutas, entrañas, cuerpos de animales y sangre, busca dar un desenlace inconsciente pero catártico a las grandes interrogantes de la vida y de la muerte. Este concepto artístico lo desarrolló a través de distintas acciones numeradas cronológicamente, las llamadas Aktion, de las que se destacan la realizada en la “Dokumenta 7” en la Alemania de 1982 o la realizada dos años después en Prinzendorf, Suiza. Es en ese contexto que nace la presente Aktion, la número 135, desarrollada en el año 2012 en Cuba durante la XI Bienal de La Habana.

Hermann Nitsch, además de ser el autor intelectual de las distintas Aktion, es el compositor de la música que sirve de acompañamiento de todas las salvajes performances, y por tanto, también del sonido de la presente orgía artística, introduciéndose en aquello que el decimonónico compositor Richard Wagner denominaba como “Gesamtkunstwerk”, o la búsqueda de la obra de arte total. Es el trabajo de los ciento cincuenta músicos de la cubana Orquesta Sinfónica de la “Universidad ISA” el que queda registrado en el álbum publicado por el sello austriaco Trost Records, una edición que no es más que un ejercicio inmenso de amor por el arte, la cultura y el sonido como elemento extramusical o incidental, una publicación que ya representa la tercera divulgación del sello relacionado con Hermann Nitsch, ya que antes había editado la música de la Aktion número 25 y las cuatro partes de la pieza para órgano “Orgelkonzert Jesuitenkirche 20.11.2013”. 

El álbum está dividido en dos discos que arrojan más de ciento veinte minutos de extensión, divididos en trece extensas pistas, todas impregnadas de una música de tono constante e ininterrumpido -drone acústico, si se quiere-, enormes bloques de sonido de timbre crepitante que arroja una ambivalente sensación, la que es idéntica a la que emana de la presentación plástica que se realiza. Por una parte, arroja un efecto mortuorio, de ritual violentamente fúnebre, pero a su vez, goza de una épica de resurrección, de eterno retorno o de reencarnación. La linealidad musical y la feroz liturgia son el símbolo del trance existente entre la vida y la muerte, de la celebración dionisiaca de ese estado intermedio. Son flautas de timbres infinitos, percusiones de vértigo y estupor, cuerdas unidimensionales y vientos celestiales que imitan a la serpiente que engulle su propia cola, mímica donde la sangre aparece como definición de infinitud, de elemento carmesí que se encuentra en ese empecinado círculo que conecta muerte y vida, esa forma que no tiene comienzo ni fin.

Carlos Navarro A.